Viotti se abraza a los Odesur para maquillar una gestión que hace agua
El intendente presentó el “legado” de los Juegos Suramericanos como si fuera la carta de presentación de su gestión. El problema es que casi $50 mil millones de esas obras corresponden a una inversión del Gobierno de Santa Fe. Mientras tanto, los problemas cotidianos de Rafaela siguen esperando respuestas.
Leonardo Viotti encontró en los Juegos Suramericanos Odesur 2026 el salvavidas político perfecto. Cuando una gestión tiene dificultades para mostrar resultados propios, nada mejor que apropiarse del relato de una obra monumental financiada, fundamentalmente, por otro nivel del Estado.
Eso es exactamente lo que ocurrió con la presentación del denominado “legado de los Juegos Suramericanos”. Viotti encabezó el acto y habló de una transformación histórica de Rafaela, de infraestructura pensada para las próximas décadas y de una ciudad que quedará con un patrimonio deportivo extraordinario.
Las obras, efectivamente, son importantes. El tema no es discutir su calidad o utilidad. El tema es quién las financió y quién intenta capitalizar políticamente ese esfuerzo.
Según los propios datos presentados por el Municipio, la inversión del Gobierno de Santa Fe en Rafaela vinculada a los Juegos alcanza los $49.289.887.536,59.
Entonces, llamemos a las cosas por su nombre: esto no es el resultado exclusivo de la gestión Viotti. Es, en buena medida, el resultado de una inversión provincial extraordinaria que encontró a Rafaela como una de las sedes de una competencia internacional.
El “legado” que llegó desde Santa Fe
Viotti habló de cuatro grandes ejes: las obras complementarias, el Microestadio, la Villa Suramericana y el complejo del Velódromo, BMX y skate.
El Velódromo supera los $10.900 millones entre pista y estructura. El Microestadio ronda los $14 mil millones. Las pistas de BMX y skate superan los $4.349 millones.
A eso se suman pavimento, ciclovías, veredas, desagües, redes de agua y cloacas, iluminación y otras intervenciones.
Todo eso quedará en Rafaela y nadie debería negarlo. Es una buena noticia para la ciudad.
Pero una cosa es reconocer el beneficio y otra muy diferente es transformar una inversión provincial en un certificado de excelencia de la gestión municipal.
La propia Provincia dejó claro que el programa Odesur contempla una inversión aproximada de USD 90 millones para infraestructura deportiva, habitacional y urbanística.
Es decir: el gran salvavidas de Viotti no salió de las arcas municipales.
Mientras tanto, la Rafaela cotidiana sigue esperando
Porque existe otra Rafaela. La que no aparece en las presentaciones con renders, cifras millonarias y discursos sobre las próximas décadas.
Es la Rafaela de los baches, las calles deterioradas, la iluminación deficiente en determinados sectores, los problemas de seguridad, el tránsito caótico y las dificultades cotidianas de los vecinos.
No se trata solamente de una percepción periodística. En abril, concejales del PJ cuestionaron la falta de respuestas municipales ante problemas de seguridad, aguas servidas, falta de iluminación y mantenimiento en distintos barrios. El deterioro de las calles afecta la seguridad vial y puede incrementar el riesgo de accidentes y daños en vehículos.
Por supuesto que el Municipio puede mostrar obras. Nadie dice que no existan.
Pero una gestión no se evalúa solamente por las obras extraordinarias que recibe de la Provincia. Se evalúa también por cómo administra los recursos que recauda, cómo mantiene la ciudad y cómo responde a los problemas que aparecen todos los días.
Viotti puede mostrar el velódromo, pero no puede esconder los baches
El intendente también destacó las nuevas luminarias, las 243 cuadras de pavimento y otros programas municipales. Su propia comunicación oficial sostiene que la ciudad avanza hacia una cobertura total de iluminación LED y que la gestión ejecuta planes de pavimentación.
Esos datos deben ser considerados.
Pero tampoco pueden convertirse en una coartada para negar aquello que cualquier vecino puede comprobar simplemente recorriendo Rafaela.
Una ciudad no se gobierna desde una conferencia de prensa. Se gobierna desde la calle.
Y allí es donde el relato empieza a mostrar grietas.
Porque mientras Viotti habla de una infraestructura preparada para las próximas décadas, hay vecinos que siguen reclamando por problemas bastante más inmediatos: una calle transitable, una luminaria que funcione, seguridad, limpieza y mantenimiento.
El contraste es evidente.
El verdadero desafío empieza cuando termine Odesur
El punto más importante, además, no es lo que ocurre durante los Juegos.
Es lo que sucederá después.
El propio Viotti dice que el evento será “un momento” y que el verdadero legado será la infraestructura que permanecerá durante décadas.
Perfecto.
Entonces habrá que esperar y controlar cuánto cuesta mantenerla, quién la administra, cuánto dinero demandará y qué utilización efectiva tendrá.
Porque construir es una cosa.
Mantener es otra.
Y administrar correctamente el patrimonio público es una responsabilidad todavía mayor.
El desafío será evitar que algunas de esas obras terminen convertidas en enormes estructuras de alto costo operativo y baja utilización una vez que desaparezcan las delegaciones, las cámaras y la competencia internacional.
La política del relato
Viotti tiene todo el derecho a defender su gestión. También tiene derecho a celebrar los Juegos y las obras.
Lo que no puede pretender es que los rafaelinos confundan gestionar la llegada de una inversión provincial con haber financiado y ejecutado personalmente semejante transformación.
La Provincia puso los recursos. Las empresas construyeron. Los equipos técnicos trabajaron. Y el Municipio participó en la articulación y en distintas instancias.
Pero la cuenta de casi $50 mil millones de inversión provincial tiene un origen muy concreto.
Y eso también forma parte del relato.
Porque si Viotti quiere hablar de legado, habrá que hablar de todo el legado: lo que queda de los Odesur, pero también lo que quedó pendiente durante casi tres años de administración municipal.
No alcanza con mostrar el velódromo para tapar los baches.
No alcanza con mostrar un microestadio para explicar la inseguridad.
No alcanza con hablar de infraestructura para que desaparezcan los problemas de limpieza.
Y no alcanza con repetir cientos de veces que Rafaela está cambiando para que la realidad cotidiana cambie por decreto.
Los Odesur son una oportunidad extraordinaria para Rafaela. Sería absurdo negarlo. Pero también sería un error político y periodístico permitir que se conviertan en el salvavidas de una gestión que todavía tiene demasiadas cuentas pendientes.
Viotti puede hacer presentaciones, construir relatos y adjudicarse el “legado”.
Pero cuando se apaguen las luces del evento y los atletas se vayan, quedará la pregunta verdaderamente incómoda:
¿qué parte de esa transformación fue realmente producto de la gestión municipal y qué parte fue posible gracias a los recursos extraordinarios que llegaron desde la Provincia?
Ahí empieza la discusión que el relato oficial intenta evitar.