Murió Chiche Gelblung: se va un periodista que nunca pidió permiso para incomodar

Resumen

  • Chiche Gelblung murió a los 82 años, después de atravesar durante 2026 distintos problemas de salud.
  • Había sido internado nuevamente en el Sanatorio Mater Dei por un cuadro respiratorio.
  • Fue uno de los periodistas más reconocibles, polémicos y longevos de los medios argentinos.
  • Trabajó en revistas, radio, televisión y medios digitales cuando cada uno de esos mundos parecía pertenecer a épocas diferentes.
  • Nunca construyó su carrera desde la corrección política ni desde la búsqueda de agradar.
  • Su muerte marca el final de una generación de periodistas que hicieron de la personalidad una parte inseparable de la profesión.

Hay periodistas que pasan por los medios. Hay otros que, con el paso del tiempo, terminan formando parte de la historia de los medios.

Chiche Gelblung fue de esos.

Su muerte, a los 82 años, pone punto final a una trayectoria extraordinariamente extensa, marcada por el periodismo gráfico, la radio, la televisión, la fotografía, las entrevistas, las investigaciones, las polémicas y, fundamentalmente, por una personalidad que resultaba imposible confundir con cualquier otra.

Gelblung había vuelto a ser internado en el Sanatorio Mater Dei el martes 8 de septiembre, después de presentar un cuadro respiratorio. La nueva hospitalización había generado preocupación porque se producía después de otros episodios de salud que lo habían obligado a permanecer internado durante largos períodos.

Pero hablar de Chiche solamente desde su última internación sería quedarse con una parte demasiado pequeña de su historia.

Porque Chiche fue mucho más que un conductor de televisión.

Un periodista que atravesó todas las épocas

Gelblung nació el 7 de febrero de 1944 y comenzó su carrera periodística en la década del 60. Pasó por el periodismo gráfico y llegó a dirigir publicaciones de enorme influencia como Gente y La Semana.

Después llegó la radio.

Después la televisión.

Después Internet.

Y Chiche estuvo allí.

Esa capacidad de atravesar generaciones y formatos explica buena parte de su permanencia. Mientras otros periodistas quedaban identificados con una determinada época, Gelblung conseguía reinventarse y volver a aparecer en el lugar menos esperado.

Fue conductor, entrevistador, director, fotógrafo y hasta corresponsal de guerra.

No necesitaba que el medio le construyera una personalidad.

La personalidad era él.

El Chiche que generaba amores y rechazos

También sería absurdo escribir sobre Gelblung como si hubiera sido un periodista políticamente correcto, siempre prudente y preocupado por no incomodar.

No.

Chiche incomodaba.

Y muchas veces lo hacía deliberadamente.

Podía ser provocador, irreverente, exagerado, incómodo y políticamente incorrecto. Podía hacer una pregunta que otro periodista no se animaba a formular. Podía llevar una entrevista hacia un lugar inesperado. Y podía conseguir que al día siguiente todo el mundo estuviera hablando de lo que había dicho.

Eso también tuvo costos.

A lo largo de su carrera recibió críticas y quedó involucrado en distintas controversias. Hubo declaraciones, coberturas y decisiones profesionales que fueron cuestionadas y que forman parte de su historia tanto como sus éxitos.

No corresponde borrar las polémicas para construir un homenaje edulcorado.

Pero tampoco corresponde utilizar las polémicas para negar su enorme importancia profesional.

Las dos cosas pueden convivir.

Una época que se termina

Quizás lo más importante de la muerte de Chiche no sea solamente la desaparición física de un periodista famoso.

Es que se va otra figura de una generación que entendía el oficio de una manera diferente.

Una generación en la que el periodista tenía una voz propia.

Una firma.

Una personalidad.

Una manera de preguntar.

Una manera de mirar la realidad.

Hoy el periodismo está mucho más atravesado por las redes sociales, las métricas, los algoritmos, las tendencias y la necesidad permanente de captar atención.

Chiche también supo jugar ese juego.

Pero llegó de otra época.

De cuando una revista podía cambiar una conversación nacional. De cuando una entrevista podía convertirse en un acontecimiento. De cuando un conductor podía construir una identidad que sobreviviera a los canales, las radios y los diarios.

Y eso es algo que no abunda.

Trabajar hasta el final

Hay otro dato que define bastante bien al personaje.

Después de atravesar una internación muy complicada durante este año, Gelblung volvió a trabajar.

No parecía dispuesto a retirarse.

Para Chiche, trabajar era una forma de mantenerse vivo.

Había construido una carrera demasiado larga como para imaginarla desde el retiro.

Y quizás allí haya otra explicación de su permanencia: nunca terminó de aceptar que una persona de determinada edad debía necesariamente correrse de escena.

Siguió preguntando.

Siguió opinando.

Siguió entrevistando.

Siguió generando polémicas.

Siguió siendo Chiche.

El legado

¿Fue un periodista perfecto?

Por supuesto que no.

¿Fue siempre acertado?

Tampoco.

¿Fue polémico?

Permanentemente.

Pero hay algo que resulta mucho más difícil de discutir: Chiche Gelblung tuvo una identidad periodística propia.

Y eso, en una profesión donde abundan las voces parecidas, vale muchísimo.

No necesitaba que alguien explicara quién estaba detrás del micrófono o frente a una cámara.

Se reconocía inmediatamente.

Esa es probablemente su mayor herencia.

La de haber conseguido que su nombre se transformara en una marca periodística.

Chiche Gelblung fue un hombre de medios, pero también fue un personaje de los medios. Y ambas cosas convivieron durante décadas.

Con sus aciertos.

Con sus errores.

Con sus excesos.

Con sus polémicas.

Con sus éxitos.

Con sus contradicciones.

Pero siempre con algo que hoy parece cada vez más difícil de encontrar: una voz propia y el coraje suficiente para usarla.

Se va Chiche.

Y con él se va, quizás, uno de los últimos representantes de una manera de hacer periodismo que entendía que incomodar también era parte del oficio.

El periodismo argentino seguirá adelante, naturalmente.

Pero desde ahora tendrá una voz menos.

Y una voz como la de Chiche no se reemplaza fácilmente.