El muro más caro de la historia
Desde estas mismas líneas hemos dicho que la recuperación de la fachada de la Recova Ripamonti nos parecía una decisión auspiciosa. Y lo sostenemos.
También hemos señalado que Leonardo Viotti, a diferencia de su antecesor Luis Castellano y de buena parte de los gobiernos peronistas que durante años pasaron por la Municipalidad de Rafaela, al menos decidió poner manos a la obra y recuperar la imagen exterior de un edificio que forma parte de la historia de la ciudad.
Hay que reconocerlo cuando corresponde.
Porque aunque la Recova Ripamonti hoy sea, en los hechos, una cáscara vacía, sin contenido y sin una utilización que justifique semejante inversión, una fachada recuperada y veredas transitables indudablemente mejoran el aspecto de ese sector de la ciudad.
Hasta ahí, estamos de acuerdo.
El problema aparece cuando llega la factura.
Y ahí es donde no estamos dispuestos a mirar para otro lado.
$650 millones por una fachada
La etapa de reparación que está llegando a su final, aquella que permitirá que la Recova tenga una fachada digna y que sus veredas puedan ser utilizadas nuevamente, tiene un costo aproximado de 650 millones de pesos.
Sí, leyó bien.
650 millones de pesos para reparar una fachada.
Por eso desde R24N decidimos bautizarla de una manera que, a nuestro entender, refleja perfectamente lo que estamos viendo:
El muro más caro de la historia.
¿Estamos exagerando?
Veamos.
Con ese dinero se podrían adquirir, a modo de referencia, cinco departamentos de dos dormitorios. O también se podrían construir aproximadamente diez viviendas sociales.
No estamos diciendo que necesariamente hubiera que hacer departamentos o viviendas. Estamos haciendo una comparación para que el vecino pueda dimensionar lo que significan 650 millones de pesos de recursos públicos.
Porque cuando se habla de millones, muchas veces el número termina perdiendo significado.
Pero cuando esos millones se transforman en viviendas, en obras concretas o en soluciones para familias, la dimensión cambia.
La historia no puede ser un cheque en blanco
Nadie discute el valor histórico de la Recova Ripamonti.
Nadie pretende que un edificio emblemático de Rafaela sea abandonado hasta convertirse en una ruina.
Pero una cosa es preservar el patrimonio y otra muy diferente es aceptar que la condición de edificio histórico se convierta en una especie de cheque en blanco para justificar cualquier presupuesto.
Y acá aparece una pregunta que ya no corresponde que formule solamente el periodismo.
¿Quién controló el costo de esta obra?
¿Cuánto costaron realmente los materiales?
¿Cuánto se pagó por la mano de obra?
¿Cuánto costó cada metro intervenido?
¿Hubo distintas ofertas?
¿Se compararon presupuestos?
¿El precio final está técnicamente justificado?
¿Existen sobreprecios?
Son preguntas elementales cuando hablamos de una suma semejante.
Y no alcanza con que desde el Ejecutivo municipal se explique que la obra era necesaria.
Que una obra sea necesaria no significa que cualquier precio sea aceptable.
Ahora les toca a los concejales
Acá es donde creemos que el Concejo Municipal tiene que dejar de ser espectador.
Porque denunciar públicamente es fácil.
Lo difícil es agarrar la documentación, analizarla, pedir los expedientes, revisar los números y, si existen elementos que generen sospechas, llevar el tema hasta las últimas consecuencias.
Para eso están los concejales.
No les tiene que temblar el pulso para denunciar ante la Justicia si encuentran indicios de una eventual malversación de fondos públicos o de sobreprecios en la obra pública municipal.
Después será la Justicia la que determine si hubo delito, irregularidades o simplemente una obra extraordinariamente cara pero correctamente ejecutada.
Pero hay que investigarlo.
No alcanza con una declaración en un medio de comunicación.
No alcanza con una denuncia política.
Los 650 millones de pesos pertenecen a los contribuyentes de Rafaela.
Y esos contribuyentes ya vienen soportando una presión tributaria que, para muchos, resulta asfixiante.
Cada aumento de tasas municipales tiene consecuencias concretas en el bolsillo de una familia, de un comerciante, de una pyme o de quien intenta llegar a fin de mes.
Por eso cada peso gastado por el Estado debe ser controlado.
Una solución definitiva: que pague el privado
Nosotros creemos que la Recova Ripamonti debería tener un futuro en manos del sector privado.
Por supuesto, con condiciones claras.
Deberá conservar su fachada, respetar su patrimonio arquitectónico y mantener las características que hicieron que ese lugar sea parte de la identidad histórica de Rafaela.
Pero el costo de recuperar, mantener y darle vida al edificio no debería recaer eternamente sobre los contribuyentes.
Si existe un privado dispuesto a invertir, explotar comercialmente el lugar y hacerse cargo de su mantenimiento bajo las condiciones que establezca la ciudad, habrá que analizarlo seriamente.
Porque una ciudad no puede convertirse en administradora permanente de inmuebles que después no sabe cómo utilizar.
Y mucho menos puede seguir poniendo millones y millones de pesos en una cáscara vacía mientras existen otras necesidades urgentes.
No alcanza con inaugurar: hay que rendir cuentas
Celebramos que la fachada de la Recova Ripamonti vuelva a verse mejor.
Lo dijimos antes y lo volvemos a decir ahora.
Es bueno recuperar el patrimonio de la ciudad.
Pero también creemos que es inadmisible naturalizar que una reparación de estas características tenga un costo cercano a los 650 millones de pesos sin una discusión pública profunda sobre cada peso invertido.
La historia merece respeto.
El patrimonio merece cuidado.
Pero el dinero de los contribuyentes merece todavía más control.
Por eso insistimos: el Concejo Municipal debe investigar.
Y si de esa investigación surge que todo está en orden, perfecto.
Pero si aparecen sobreprecios, irregularidades o cualquier otra situación que pueda constituir un delito, hay que ir a la Justicia y que sea la Justicia la que determine las responsabilidades.
Porque una fachada histórica puede ser muy valiosa.
Pero 650 millones de pesos por una fachada no dejan de ser 650 millones de pesos.
Y en una ciudad donde a los vecinos se les pide permanentemente un esfuerzo mayor para pagar impuestos, alguien tiene que explicar por qué el muro de la Recova Ripamonti terminó siendo, para nosotros, el muro más caro de la historia.