RAFAELA Por Carlos Zimerman

Mientras Rafaela espera soluciones, el Concejo reparte homenajes

Carlos Zimerman

RESUMEN

  • Calles destruidas, veredas peligrosas, suciedad, tránsito caótico e inseguridad: los problemas siguen esperando.
  • Las aves hacen sus necesidades donde quieren y las veredas del centro se convierten en una pista de patinaje cuando llueve.
  • Los accidentes continúan mientras las autoridades siguen hablando de estadísticas y anuncios.
  • Los vecinos reclaman seguridad, limpieza y soluciones concretas.
  • El Concejo Municipal parece tener otras prioridades: homenajear, entregar diplomas y sacarse fotos.
  • Mientras la ciudad espera respuestas, los concejales deberían empezar por justificar los sueldos que cobran.

Hay algo que Rafaela puede estar tranquila de saber: podrá tener pozos, inseguridad, tránsito descontrolado, veredas peligrosas, problemas de higiene y una interminable lista de cuestiones sin resolver, pero hay algo que nunca faltará.

Los homenajes del Concejo Municipal.

Podrán faltar soluciones, pero homenajes sobran.

Podrá faltar mantenimiento, pero para entregar diplomas siempre hay tiempo.

Podrán faltar respuestas para los vecinos, pero aparentemente nunca falta una foto institucional, un aplauso y alguna frase solemne para destacar la trayectoria de alguien.

Y así estamos.

Mientras Rafaela se cae a pedazos en algunos sectores, el Concejo parece vivir en una Rafaela paralela, una ciudad maravillosa donde todo funciona, las calles están impecables, nadie tiene miedo de salir de noche y el único problema importante parece ser decidir a quién homenajeamos esta semana.

Bienvenidos a la pista de patinaje del centro

Las nuevas veredas del centro son un buen ejemplo de esa curiosa manera de administrar las prioridades.

Cuando llueve o hay mucha humedad, determinadas superficies pueden transformarse en una auténtica pista de patinaje cortesía de las aves.

Porque las aves hacen lo que hacen las aves. El problema es que alguien debería encargarse de solucionar las consecuencias.

El excremento se acumula, las superficies se vuelven resbaladizas y caminar puede convertirse en una verdadera osadía.

Pero aparentemente no es un problema suficientemente importante como para merecer una solución seria.

Quizás haya que esperar que un vecino se caiga, se fracture y entonces descubramos, con gran sorpresa, que las veredas eran peligrosas.

Ahí seguramente habrá una reunión, un comunicado, una foto y, si tenemos suerte, algún anuncio.

Los pozos también tienen derechos

Las calles merecen un capítulo aparte.

Hay pozos que ya deberían tener nombre y apellido.

Algunos llevan tanto tiempo allí que prácticamente forman parte del patrimonio urbano.

Los vecinos esquivan baches, rompen autos, hacen maniobras peligrosas y se acostumbran a circular como si estuvieran participando de una competencia de rally.

Pero no hay que preocuparse.

Seguramente en algún momento aparecerá un anuncio de obras, una conferencia de prensa o alguna explicación sobre la planificación.

Mientras tanto, el vecino sigue pagando.

El tránsito: una película que nunca termina

El tránsito tampoco parece encontrar solución.

Los accidentes se suceden y la siniestralidad continúa siendo una preocupación concreta.

Pero tenemos estadísticas.

¡Qué tranquilidad!

Porque aparentemente si conseguimos presentar un número prolijamente armado, el problema deja de ser un problema.

El vecino, sin embargo, sigue viendo los accidentes en la calle.

Y cuando alguien termina herido, poco consuelo ofrece una estadística.

Hace falta prevención, controles, educación vial y decisiones concretas.

No alcanza con campañas, reuniones y funcionarios explicando que se está trabajando.

Si después de años seguimos teniendo los mismos problemas, quizás haya llegado el momento de preguntarse si realmente se está trabajando bien.

La inseguridad tampoco lee los comunicados oficiales

Con la inseguridad ocurre algo parecido.

Los robos y atracos siguen formando parte de la preocupación cotidiana de muchos rafaelinos.

El vecino mira hacia atrás cuando camina.

El comerciante baja la persiana con preocupación.

Muchos sienten que necesitan más prevención.

Pero seguramente todo está mejor de acuerdo con alguna planilla.

Qué alivio.

Porque si la planilla dice que estamos mejor, habrá que explicárselo a quienes fueron víctimas de un robo.

La realidad tiene esa mala costumbre de ser bastante más incómoda que las estadísticas.

Y mientras tanto, el Concejo homenajea

Y llegamos al verdadero motivo de esta columna.

El Concejo Municipal.

Ese lugar donde los representantes de los vecinos deberían discutir los grandes problemas de la ciudad.

Y donde, por supuesto, hay tiempo para homenajear a kinesiólogos, farmacéuticos, abogados, médicos y a toda persona o institución que merezca reconocimiento.

Insisto: reconocer a quienes hacen cosas valiosas por la comunidad no está mal.

Lo que resulta llamativo es que mientras Rafaela acumula problemas, el Concejo parezca encontrar una cantidad extraordinaria de tiempo para este tipo de actividades.

Porque para eso sí parece haber consenso.

No importa si son oficialistas u opositores.

Para homenajear, todos parecen llevarse bastante bien.

Para sacarse fotos, también.

Ahora bien, cuando hay que discutir seriamente cómo mejorar la seguridad, cómo reducir los accidentes, cómo resolver el problema de las calles, cómo mejorar la higiene urbana o cómo controlar la gestión municipal, aparentemente la cosa se complica un poquito más.

Qué casualidad.

Menos aplausos y más trabajo

Los concejales no fueron elegidos para convertirse en una suerte de comisión permanente de homenajes.

Fueron elegidos para representar a los vecinos, legislar y controlar al Ejecutivo.

Y eso implica trabajar.

Mucho más que entregar una distinción.

Mucho más que posar para una fotografía.

Mucho más que pronunciar un discurso políticamente correcto.

Porque los vecinos pagan impuestos para que la ciudad funcione.

Y también pagan, directa o indirectamente, los salarios de quienes ocupan cargos públicos.

Por eso sería bueno que algunos representantes entendieran que un sueldo alto también exige una responsabilidad alta.

No alcanza con ser simpático.

No alcanza con quedar bien.

No alcanza con aplaudir.

Y mucho menos alcanza con jugar a ser buenos.

La política no es un concurso de popularidad ni el Concejo es una fábrica de diplomas.

Rafaela necesita concejales que se peleen por las soluciones, que controlen, que investiguen, que cuestionen y que tengan el coraje de decirle al Ejecutivo lo que corresponde decirle cuando las cosas no funcionan.

Porque para aplaudir siempre aparece alguien.

Para entregar un diploma también.

Lo difícil es gobernar, controlar y solucionar.

Y eso es precisamente lo que los vecinos están esperando.

Señores concejales, pónganse a trabajar

Y entonces, señores concejales, pónganse a trabajar en serio.

Dejen de homenajear al primero que pasa por la puerta del Concejo. Está muy bien reconocer a quienes hacen méritos, pero Rafaela no necesita una fábrica de diplomas: necesita soluciones.

Los vecinos tienen problemas reales y urgentes. Hay calles destruidas, inseguridad, accidentes, problemas de higiene, veredas peligrosas y una larga lista de cuestiones que esperan respuestas.

Por eso, menos homenajes, menos fotos y menos aplausos.

Justifiquen los altísimos sueldos que perciben.

Fueron elegidos para trabajar por los vecinos, no para jugar a ser buenos.

Señores concejales: basta de homenajes. Es hora de trabajar en serio.