ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior

Pobreza e informalidad profundizan la presión sobre el mercado laboral

  • El empleo formal volvió a retroceder mientras aumentó la informalidad laboral.
  • Los principales centros urbanos industriales concentran las mayores subas del desempleo.
  • Las plataformas digitales continúan absorbiendo trabajadores que buscan sostener sus ingresos.
  • La actividad industrial santafesina mostró nuevas caídas en producción y empleo.
  • La pobreza habría aumentado durante el primer semestre de 2026 según estimaciones privadas.
  • La brecha entre los sectores que crecen y los que retroceden alcanzó niveles muy superiores a los de los años noventa.

El mercado laboral volvió a exhibir señales de deterioro que reabren interrogantes sobre la evolución de la economía y su impacto social. Aunque en el último año se incorporaron 250.000 ocupados, el dato convive con otro indicador de mayor peso: la desaparición de 100.000 empleos formales y la incorporación de 350.000 trabajadores informales. Al mismo tiempo, la desocupación pasó del 7,6% al 7,9%, con un deterioro especialmente marcado en los principales centros urbanos de perfil industrial.

Las cifras muestran que la informalidad continúa avanzando como principal refugio frente a la pérdida de puestos registrados. En apenas un año, la tasa de empleo informal pasó del 43,2% al 45%, impulsada principalmente por el crecimiento del trabajo por cuenta propia. Según explicó el investigador del Instituto de Estudios y Formación de la CTA, Luis Campos, uno de cada seis ocupados ya trabaja bajo esa modalidad sin registración formal.

Las regiones con mayor tradición industrial aparecen entre las más afectadas por este proceso. Gran Rosario encabezó el ranking de desempleo con un 11,5%, tras un incremento de 3,8 puntos porcentuales en un año. Detrás quedaron Gran Córdoba, con una tasa del 10,5%, y Mar del Plata, con un 9,9%, reflejando que las economías urbanas continúan soportando el mayor peso del retroceso laboral.

El panorama productivo de Santa Fe acompaña esa tendencia. La Federación Industrial de la provincia informó que la actividad manufacturera registró en julio una caída interanual del 2,9%, mientras que el acumulado anual retrocedió 3,5%. Dos tercios de las ramas industriales mostraron descensos, con especial impacto sobre la maquinaria agrícola, la industria automotriz y el sector metalúrgico, actividades estrechamente vinculadas al entramado productivo rosarino.

Frente a la escasez de empleo formal, las plataformas digitales siguen absorbiendo parte de la demanda laboral. Una de las aplicaciones de transporte informó que desde 2024 registra un crecimiento anual del 25% en la cantidad de conductores y que ya reúne alrededor de 500.000 personas trabajando mediante ese sistema. La expansión ya no se limita a las grandes capitales provinciales, sino que alcanza ciudades del interior, donde cada vez más personas recurren a autos, motos o bicicletas para generar ingresos o complementar salarios que resultan insuficientes.

La necesidad de sumar fuentes de ingreso aparece como una constante entre los trabajadores. Un relevamiento de la consultora Sentimientos Públicos indicó que cuatro de cada diez ocupados combinan su empleo principal con changas, aplicaciones o un segundo trabajo. Más del 70% manifestó que preferiría contar con un empleo registrado, mientras las preocupaciones vinculadas al trabajo ganan centralidad entre las inquietudes de la población.

El deterioro del mercado laboral también comienza a ser observado por el mundo empresario y financiero. Algunos analistas sostienen que, una vez consolidada la expectativa de disciplina fiscal, la atención empezó a desplazarse hacia la marcha de la actividad económica y el empleo, variables consideradas determinantes para el clima social.

A ese escenario se suma la expectativa por nuevos datos sociales. Un informe de la consultora ExQuanti estimó que durante el primer semestre de 2026 la pobreza habría alcanzado a unas 15,1 millones de personas, unos 1,7 millones más que en el semestre anterior, atribuyendo ese incremento al deterioro del empleo formal, el avance de la informalidad y una recuperación de ingresos que perdió dinamismo.

Las dificultades también alcanzan al consumo y a la recaudación tributaria. Con una baja acumulada del 3,8% en los ingresos fiscales y una caída del 0,6% de la actividad durante el segundo trimestre, distintos especialistas describen la existencia de un círculo vicioso donde la menor demanda reduce la recaudación, impulsa nuevos ajustes y vuelve a afectar la economía.

Las diferencias entre los sectores que logran crecer y aquellos que retroceden también se ampliaron. Según Jorge Vasconcelos, economista jefe del IERAL de la Fundación Mediterránea, la brecha entre ganadores y perdedores alcanza el 13,4%, una distancia casi siete veces superior a la registrada durante la década de 1990. Mientras las actividades ligadas a los recursos naturales muestran mayor dinamismo, las intensivas en mano de obra continúan perdiendo terreno, un fenómeno que incluso comienza a sentirse en rubros considerados tradicionalmente estables, como las casas velatorias y los crematorios, afectados por la caída de ingresos y el retiro de ayudas provenientes de obras sociales.