Alerta en Rosario por el riesgo de inundaciones: denuncian demoras en las obras clave del arroyo Ludueña
Osvaldo “Lalín” Ortolani, histórico referente de la Vecinal Empalme Graneros, reclamó respuestas al Gobierno provincial y aseguró que esperan una audiencia con Maximiliano Pullaro desde diciembre de 2023. Advirtió que las transformaciones de la cuenca aumentaron los riesgos y pidió priorizar las obras de prevención ante la posibilidad de lluvias intensas.
La preocupación por una posible emergencia hídrica volvió a encender las alarmas en el noroeste de Rosario. Osvaldo “Lalín” Ortolani, referente histórico de la Vecinal Empalme Graneros, cuestionó la falta de avances en las obras estructurales que considera necesarias para reducir el riesgo de inundaciones en la cuenca del arroyo Ludueña.
Durante una entrevista en el programa Democráticamente, conducido por Juan Francisco en AGOFA TV, el dirigente repasó décadas de reclamos vecinales y apuntó contra la falta de respuestas concretas de las autoridades. “Hasta ahora no empezaron nada”, afirmó al referirse a las intervenciones que, según sostuvo, deberían realizarse para prevenir nuevas emergencias.
Ortolani también aseguró que la vecinal solicita una reunión con el gobernador Maximiliano Pullaro desde el 11 de diciembre de 2023, pero que hasta el momento no logró concretar una audiencia con el mandatario.
El reclamo se produce en un contexto de preocupación por las condiciones meteorológicas y el posible impacto del fenómeno de El Niño. Las lluvias intensas mantienen bajo observación a sectores históricamente vulnerables de Rosario, especialmente aquellos ubicados en el entorno del arroyo Ludueña.
Cuatro décadas de reclamos y una cuenca cada vez más vulnerable
Empalme Graneros arrastra una extensa historia de inundaciones. Según los registros mencionados por Ortolani, el barrio sufrió 17 episodios de este tipo durante el siglo pasado, una experiencia que impulsó la organización de los vecinos para exigir obras hidráulicas.
A lo largo de los años se concretaron distintas intervenciones, entre ellas aliviadores y una presa retardadora, que contribuyeron a disminuir el riesgo. Sin embargo, el dirigente considera que las condiciones actuales son diferentes de aquellas que existían cuando se proyectaron varias de esas estructuras.
La cuenca del Ludueña abarca aproximadamente 80.000 hectáreas y comprende sectores de distintas localidades y barrios. De acuerdo con las estimaciones planteadas por Ortolani, entre 120.000 y 140.000 personas podrían verse afectadas ante un escenario hídrico extremo.
Uno de los principales problemas, explicó, es la velocidad con la que el agua llega actualmente a las zonas urbanas.
Como ejemplo, comparó la inundación de 1986, cuando el pico de la crecida habría tardado unos cuatro días y medio en llegar, con el episodio de 2012, en el que ese proceso se habría producido en aproximadamente 23 horas.
Para el vecinalista, el crecimiento urbano, los cambios en el uso del suelo y la construcción de loteos sobre terrenos bajos alteraron el comportamiento de la cuenca y redujeron algunos de los espacios naturales que permitían retener el agua.
El reclamo por las obras que todavía faltan
El principal cuestionamiento de Ortolani apunta a la necesidad de avanzar con intervenciones de mayor alcance, destinadas a controlar el escurrimiento de toda la cuenca y no solamente a resolver problemas puntuales dentro de los barrios.
El dirigente sostuvo que existen antecedentes técnicos y estudios acumulados durante años, por lo que reclamó que se establezcan plazos concretos para comenzar los trabajos pendientes.
“Empiecen la obra, pónganle fecha”, pidió durante la entrevista.
No obstante, en Empalme Graneros también se desarrollan intervenciones de infraestructura. La Municipalidad informó en septiembre sobre trabajos conjuntos con el Gobierno provincial que incluyen pavimentación, nuevos conductos, cámaras, sumideros y tareas de saneamiento hídrico, con una inversión anunciada superior a los 45.800 millones de pesos.
La diferencia está en el alcance de las obras. Mientras esas intervenciones buscan mejorar el drenaje y las condiciones urbanas en sectores específicos, Ortolani reclama soluciones estructurales que permitan administrar el agua que circula por toda la cuenca antes de que alcance las zonas más vulnerables.
Entre las alternativas mencionó la posibilidad de construir conductos para interceptar parte del caudal y otras intervenciones complementarias que permitan reducir la presión sobre los sectores bajos.
Urbanizaciones bajo la lupa
Otro de los puntos centrales de su planteo es el avance de los desarrollos inmobiliarios sobre terrenos que históricamente funcionaban como reservorios naturales.
Según explicó, cuando esos espacios se rellenan o se urbanizan, el agua pierde lugares donde acumularse y termina desplazándose hacia otras áreas. El resultado puede ser un incremento del caudal que llega a barrios ya expuestos a inundaciones.
Ortolani remarcó que se trata de un proceso que atraviesa distintas administraciones y que no debe reducirse a una disputa partidaria.
Su posición, aseguró, es acompañar a cualquier gobierno que impulse las obras necesarias y cuestionar a quienes no avancen con las soluciones. El problema, insistió, excede los límites de Rosario y requiere coordinación entre los municipios y las autoridades provinciales.
Una audiencia pendiente con Pullaro
El referente barrial también apuntó directamente contra la gestión provincial por la falta de una reunión con el gobernador.
De acuerdo con su relato, la vecinal presentó el pedido de audiencia en diciembre de 2023 para exponer la situación de la cuenca y reclamar medidas preventivas. Desde entonces, aseguró, no consiguió ser recibida personalmente por Pullaro.
Ortolani indicó que sí mantuvieron un encuentro con el ministro de Obras Públicas, Lisandro Enrico, aunque manifestó su disconformidad con algunos aspectos de la respuesta obtenida y con el conocimiento de los antecedentes históricos de la problemática.
Más allá de las diferencias con funcionarios puntuales, el dirigente insistió en que la prioridad debe ser alcanzar acuerdos y poner en marcha las intervenciones necesarias antes de que se produzca una nueva emergencia.
Prevenir antes que responder a la emergencia
Ortolani también cuestionó el énfasis puesto en los protocolos para actuar frente a una inundación. Si bien reconoció la importancia de contar con centros operativos, pluviómetros, sistemas de alerta y mecanismos de evacuación, advirtió que esas herramientas no reemplazan las obras hidráulicas.
Para el referente vecinal, prepararse para responder ante una emergencia es necesario, pero la prioridad debe ser reducir las probabilidades de que ocurra y limitar sus consecuencias.
En ese sentido, expresó dudas sobre la ubicación de algunos dispositivos previstos para atender una eventual inundación y sostuvo que las autoridades deben considerar los escenarios más adversos al momento de planificar la respuesta.
Su planteo refleja una preocupación compartida por vecinos que vivieron reiterados episodios de anegamientos y que conocen las dificultades que aparecen cuando el agua ingresa en las viviendas.
Las consecuencias que quedan después del agua
El impacto de las inundaciones no se limita a los daños materiales. Durante la entrevista, Ortolani hizo especial hincapié en las consecuencias que sufren las personas mayores y las familias que pierden bienes acumulados durante toda una vida.
La destrucción de muebles, electrodomésticos y viviendas puede representar un golpe del que muchas personas no logran recuperarse por completo, tanto por razones económicas como por el desgaste emocional que implica atravesar una nueva inundación.
Esa experiencia explica la angustia que se instala cada vez que se pronostican lluvias intensas en el barrio. Para quienes ya sufrieron las consecuencias del agua, la incertidumbre se convierte en parte de la vida cotidiana.
El reclamo también llegó al Concejo Municipal, donde Ortolani pidió que la problemática tenga mayor visibilidad y no quede limitada a reuniones técnicas entre funcionarios y especialistas.
“Es un problema de todos”, sostuvo al defender la necesidad de que las autoridades políticas asuman un compromiso conjunto.
Un pedido que atraviesa a toda la dirigencia
Después de décadas de reclamos, el mensaje de Empalme Graneros apunta a una misma dirección: avanzar con las obras necesarias para reducir el riesgo hídrico en el noroeste rosarino.
Ortolani no desconoce las intervenciones realizadas en el pasado ni los trabajos que actualmente se desarrollan en el barrio. Su preocupación se centra en determinar si esas medidas serán suficientes frente a una cuenca que cambió y que puede responder de manera diferente ante lluvias intensas.
El dirigente pidió que concejales, legisladores y funcionarios de distintos espacios políticos coordinen esfuerzos para encontrar soluciones y acelerar los proyectos pendientes.
Para los vecinos, la discusión no pasa por quién se adjudica el mérito de una obra, sino por evitar que las inundaciones vuelvan a destruir sus hogares.
La advertencia vuelve a poner sobre la mesa una cuestión clave para Rosario: la prevención hídrica requiere planificación, coordinación entre jurisdicciones y obras estructurales que permitan reducir los riesgos antes de que llegue la próxima emergencia.