Jorge “Roña” Castro: del éxito en el boxeo a su compromiso con la ayuda social
Jorge “Roña” Castro falleció este miércoles a los 59 años. El exboxeador dejó una huella imborrable en el deporte argentino, especialmente por su consagración como campeón mundial de los medianos de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB) en 1994, cuando derrotó al estadounidense Reggie Johnson en Buenos Aires. Sin embargo, durante los últimos años de su vida, también se destacó por una faceta alejada del ring: su compromiso con la asistencia social y la ayuda a familias en situación de vulnerabilidad del conurbano bonaerense.
De una olla popular a una red de asistencia comunitaria
La labor solidaria de Castro tomó impulso durante la pandemia de COVID-19, en 2020. Frente a la crisis económica y la interrupción de las actividades deportivas, el exdeportista decidió organizar una olla popular en su gimnasio de la zona sur del Gran Buenos Aires.
La iniciativa había comenzado con el objetivo de ayudar a sus colegas del boxeo, pero rápidamente se extendió a sus familias y a otros vecinos que se acercaban en busca de comida. Con el aumento de la demanda, aquella primera acción se transformó en una red de asistencia que llegó a contar con más de veinte comedores y merenderos.
El trabajo alcanzó distintos puntos del conurbano, entre ellos Villa Fiorito, Temperley, Lomas de Zamora y Morón. Además, Castro colaboró con otros espacios comunitarios y recibió pedidos de ayuda de localidades como Almirante Brown y Ezeiza.
La preocupación por el aumento de la demanda de alimentos
A partir de su tarea cotidiana, el exboxeador pudo observar de cerca cómo cambiaban las necesidades de los vecinos. En sus últimas apariciones públicas, manifestó su preocupación por la creciente presencia de adultos mayores entre quienes acudían a los comedores.
Según había contado en una entrevista con AM 750, al principio la asistencia estaba destinada principalmente a niños y madres jóvenes, pero con el tiempo comenzaron a acercarse jubilados y personas que anteriormente podían sostener sus gastos.
“Ahora no vienen los pibes, viene la gente grande, personas de 70 años que se ponen a llorar porque se jubilaron y no le alcanza la plata. Antes me iba gente que no podía; ahora va gente que era pudiente y ahora no puede”, había expresado.
El crecimiento de la demanda también se reflejó en la cantidad de alimentos que distribuía. De entregar unos 80 bolsones de mercadería por semana, pasó a superar los 100 en los períodos de mayor actividad.
Entre los productos que integraban los bolsones se encontraban arroz, polenta, aceite, yerba, azúcar, fideos y conservas, destinados a cubrir parte de las necesidades alimentarias de las familias.
La organización de la ayuda y sus críticas a la dirigencia política
Para sostener el funcionamiento de los espacios comunitarios, Castro impulsó distintas iniciativas a través de la Fundación Locomotora Castro y la Asociación Civil El Roña Castro. La asistencia se financiaba mediante una combinación de recursos propios, aportes privados y ayuda del Ministerio de Desarrollo Social de la provincia de Buenos Aires.
También construyó una red de colaboración con productores, empresas y vecinos. Recibía alimentos de provincias como Santa Fe y Tucumán, además de donaciones de fábricas de Quilmes y de particulares.
Entre sus proyectos más recientes se encontraba la apertura de un centro comunitario en Morón, con el objetivo de distribuir más de 500 viandas diarias.
Su trabajo social también estuvo acompañado de cuestionamientos a la dirigencia política por las dificultades para garantizar la asistencia alimentaria. En particular, mantuvo cruces públicos con autoridades nacionales por la distribución de alimentos destinados a comedores.
En una de sus declaraciones, Castro cuestionó al presidente Javier Milei y afirmó: “Este león que está hoy en día dice que sacó 11 millones de la pobreza y yo tengo cada vez más gente en los comedores”.
Una infancia difícil que marcó su compromiso social
La vocación solidaria de Castro estaba vinculada con sus propias experiencias de vida. El exboxeador había contado en distintas oportunidades las dificultades económicas que atravesó durante su infancia, marcada por las privaciones, el hambre y el frío.
Esos recuerdos influyeron en su decisión de ayudar a quienes atravesaban situaciones similares. Desde su perspectiva, conocer esas necesidades de primera mano era una razón para involucrarse directamente y colaborar con quienes más lo necesitaban.
“A mí no me lo puede contar ningún político, yo hago lo que deberían hacer ellos. Mientras que podamos ayudar, ayudamos; un plato de comida no se le niega a nadie”, había afirmado.
Castro construyó una carrera deportiva que lo llevó a conquistar un título mundial y a convertirse en una figura reconocida del boxeo argentino. Pero, con el paso de los años, también dejó una marca a través de su trabajo comunitario, con iniciativas que buscaron acompañar a familias vulnerables y garantizar el acceso a un plato de comida.