RAFAELA R24N

Leonardo Viotti se aferra al pasado y reivindica un modelo político que llevó a la Argentina a la decadencia

Resumen

  • Leonardo Viotti sostuvo que la Argentina sería diferente si el resto del país se pareciera a la Región Centro, durante el cierre de la Muestra Industrial Argentina realizada en Rafaela.

  • Su afirmación abre un interrogante político: ¿está destacando la capacidad productiva de sus habitantes o reivindicando indirectamente a los dirigentes que gobiernan esas provincias desde hace décadas?

  • Santa Fe, Córdoba y Entre Ríos han sido administradas durante largos períodos por expresiones de la política tradicional, cuyos dirigentes no pueden considerarse ajenos a la decadencia argentina.

  • El intendente parece aferrarse a un discurso del pasado, sin distinguir entre el esfuerzo de quienes producen y las responsabilidades de quienes gobiernan.

  • Mientras Javier Milei impulsa un cambio profundo del modelo económico y político, Viotti continúa utilizando conceptos y fórmulas que recuerdan a la Argentina que los ciudadanos votaron por dejar atrás.

La primera Muestra Industrial Argentina, realizada en la Sociedad Rural de Rafaela, dejó resultados que merecen ser destacados. Más de 2.000 visitantes, 53 empresas expositoras y 462 reuniones de negocios constituyen una demostración de la capacidad emprendedora de una región que históricamente se ha caracterizado por el trabajo, la producción y la innovación. Rafaela volvió a demostrar que tiene empresarios, industriales, trabajadores e instituciones capaces de generar oportunidades y proyectarse hacia el futuro.

Sin embargo, el intendente Leonardo Viotti parece haber confundido el reconocimiento que merecen quienes producen con una reivindicación política de quienes gobiernan. Durante el cierre de la muestra pronunció una frase que, lejos de pasar inadvertida, merece un análisis mucho más profundo del que probablemente imaginó cuando la expresó.

“Cuanto más se parezca el resto del país a la Región Centro y a nuestras ciudades, vamos a tener un país diferente”, afirmó el mandatario municipal.

La expresión podría parecer inocente, incluso simpática, si se la analiza superficialmente. Pero cuando quien la pronuncia es un dirigente político, y especialmente un intendente que representa a una de las ciudades más importantes del entramado productivo santafesino, las palabras adquieren una dimensión diferente. Porque la Región Centro no solamente está integrada por empresarios, trabajadores y ciudadanos que se esfuerzan todos los días. También está gobernada por dirigentes políticos que forman parte de estructuras que administran el poder desde hace décadas.

Y allí aparece la primera contradicción del discurso de Viotti.

¿De qué Región Centro está hablando? ¿De la que construyeron los industriales, los productores agropecuarios, los comerciantes y los trabajadores con su esfuerzo cotidiano, muchas veces a pesar de los gobiernos? ¿O de la Región Centro que administran dirigentes pertenecientes a las mismas estructuras políticas que durante décadas participaron del poder y que difícilmente puedan desentenderse de la responsabilidad que les corresponde en el deterioro argentino?

No es lo mismo reivindicar a quienes trabajan y producen que ponderar un modelo político que ha demostrado enormes dificultades para resolver los problemas estructurales del país. Y esa distinción, que debería resultar elemental para cualquier dirigente con aspiraciones de representar una renovación política, parece haberse perdido en el discurso del intendente.

Santa Fe, Córdoba y Entre Ríos tienen una enorme tradición productiva, nadie podría discutirlo. Pero también tienen una extensa historia de administraciones provinciales vinculadas a los partidos tradicionales. El peronismo cordobés, las distintas expresiones del justicialismo santafesino, el socialismo, el radicalismo y las coaliciones que han gobernado estas provincias forman parte de una historia política que no puede separarse completamente de los resultados obtenidos por la Argentina durante las últimas décadas.

Sería injusto atribuirles a los gobiernos provinciales toda la responsabilidad de la decadencia nacional, pero también sería intelectualmente deshonesto presentarlos como si hubieran sido simples espectadores de un proceso del que sus dirigentes participaron activamente.

Y es precisamente allí donde el discurso de Leonardo Viotti comienza a hacer agua.

El intendente sostiene que el interior tiene soluciones para ofrecer y no solamente reclamos. En eso podemos coincidir. La Argentina productiva tiene muchísimo para aportar. Pero las soluciones difícilmente puedan surgir de la repetición de las mismas recetas políticas que durante años no consiguieron transformar estructuralmente al país. La Argentina no necesita que se reivindique a los administradores del pasado; necesita que se libere definitivamente el potencial de quienes trabajan, invierten, arriesgan y producen.

La llegada de Javier Milei a la Presidencia de la Nación representó, precisamente, una ruptura con buena parte de aquella lógica política. Millones de argentinos votaron por un cambio profundo, cansados de promesas incumplidas, estructuras burocráticas, privilegios políticos y un Estado que durante demasiado tiempo gastó más de lo que podía sostener.

Se podrá estar de acuerdo o no con las decisiones del Presidente, discutir sus métodos e incluso cuestionar algunas de sus políticas. Pero resulta difícil negar que su triunfo expresó un rechazo contundente a una forma de administrar el país que había perdido credibilidad ante una parte considerable de la sociedad.

Mientras Milei intenta modificar las reglas de juego de la economía argentina, Viotti parece seguir buscando respuestas en el mismo universo político del que los argentinos decidieron alejarse.

Por eso cabe preguntarse si el intendente realmente comprende el alcance de sus propias afirmaciones o si simplemente repite ese repertorio de frases que los políticos utilizan en cada acto institucional, casi como si existiera un casete preparado para cada ocasión.

Hablar del interior productivo, de la necesidad de consensos, de la innovación, de la educación y del agregado de valor siempre queda bien. Son expresiones políticamente correctas, difíciles de cuestionar y suficientemente amplias como para que cualquiera pueda identificarse con ellas. El problema aparece cuando detrás de esas palabras no existe una definición clara sobre qué debe cambiar y, fundamentalmente, sobre quiénes son responsables de que esos cambios no se hayan producido antes.

Viotti debería comprender que Rafaela es una ciudad productiva por la capacidad de su gente, no porque la política haya descubierto una fórmula extraordinaria de desarrollo. Buena parte de su fortaleza económica se construyó a partir de generaciones de emprendedores que invirtieron, asumieron riesgos, generaron empleo y compitieron en mercados cada vez más exigentes, incluso soportando crisis económicas, presión impositiva e incertidumbre.

Esa es la Rafaela que merece ser reconocida. La de sus industrias, sus comercios, sus trabajadores, sus universidades y sus instituciones. No necesariamente la de los discursos oficiales ni la de los dirigentes que pretenden apropiarse de los méritos de una sociedad que muchas veces avanzó a pesar de las dificultades generadas por la política.

Y aquí aparece una segunda cuestión, quizá todavía más preocupante: ¿Leonardo Viotti pretende representar una nueva generación de dirigentes o simplemente reproducir las mismas prácticas discursivas de quienes lo precedieron?

Porque no alcanza con ser joven para representar lo nuevo. La renovación política no es una cuestión de edad, de estética ni de pertenencia partidaria. Es, fundamentalmente, una manera diferente de comprender el poder, asumir responsabilidades y reconocer los errores del pasado.

Si Viotti considera que la Región Centro constituye un modelo para el país, sería interesante que explicara concretamente cuáles son las políticas públicas que deberían imitarse, qué resultados las respaldan y de qué manera se diferencian de aquellas que contribuyeron a los problemas que hoy enfrentamos. Esa sería una discusión seria, constructiva y verdaderamente útil.

Lo que no parece razonable es transformar una celebración de la capacidad industrial de Rafaela en una exaltación genérica de una región sin distinguir entre sus virtudes productivas y las responsabilidades de su dirigencia política.

El éxito de los empresarios no absuelve los errores de los gobernantes. Y el esfuerzo de los trabajadores no puede utilizarse como argumento para reivindicar automáticamente a quienes administran el poder.

Tal vez Viotti no haya querido decir todo lo que su frase permite interpretar. Tal vez solamente haya recurrido a una de esas expresiones que se pronuncian en los actos públicos para recibir aplausos y evitar incomodidades. Pero también existe otra posibilidad: que el intendente se sienta mucho más identificado con el viejo sistema político de lo que sus discursos de renovación pretenden mostrar.

Y si ese fuera el caso, sería bueno que lo dijera con claridad.

La Argentina atraviesa un proceso de transformación que exige definiciones. Los dirigentes pueden acompañarlo, cuestionarlo o proponer alternativas, pero deberían abandonar la comodidad de las frases vacías que permiten quedar bien con todos sin comprometerse con nada.

Rafaela no necesita que su intendente se aferre al pasado. Necesita una conducción que comprenda el presente, interprete los cambios que reclama la sociedad y tenga la audacia de mirar hacia adelante.

La Muestra Industrial Argentina fue una excelente oportunidad para exhibir el enorme potencial de nuestra ciudad y de toda la región. Los empresarios y las instituciones cumplieron con su parte. Mostraron trabajo, inversiones, innovación y capacidad de generar oportunidades.

Lamentablemente, el discurso político de cierre dejó la sensación de que, mientras el sector productivo piensa en el futuro, algunos dirigentes continúan mirando por el espejo retrovisor.

Porque, en definitiva, la pregunta que debería responder Leonardo Viotti es bastante sencilla: ¿quiere una Argentina verdaderamente diferente o extraña aquella Argentina decadente que existía antes de Javier Milei?

Y no se trata de una cuestión menor. El futuro no se construye reivindicando indiscriminadamente a los protagonistas del pasado, sino teniendo el coraje de reconocer sus errores y evitar repetirlos.