La economía pierde impulso y suma presión sobre el Gobierno de Milei de cara a 2027
- El FMI redujo su proyección de crecimiento argentino para 2026 al 2,1% y para 2027 al 3,5%.
- La actividad económica cayó un 1,7% interanual en agosto, con retrocesos en la industria manufacturera y el comercio.
- La economía muestra un desempeño desigual entre los sectores exportadores y energéticos y las actividades orientadas al mercado interno.
- El salario real formal acumuló una caída del 2,8% en los últimos doce meses, según los datos citados por el Banco Provincia.
- El Presupuesto 2027 establece una meta de superávit primario del 1,3% del PBI, mientras se reduce el margen para nuevos recortes del gasto.
- La recuperación del consumo, el empleo y los ingresos será determinante para que la estabilización económica tenga impacto social antes de las elecciones de 2027.
La desaceleración de la actividad económica se convirtió en uno de los principales desafíos para el gobierno de Javier Milei a un año de las elecciones presidenciales. Con las proyecciones de crecimiento revisadas a la baja, el consumo debilitado y sectores importantes de la producción todavía en retroceso, el escenario plantea interrogantes sobre la posibilidad de una recuperación sostenida y sus consecuencias sobre el humor social. La estrategia oficial mantiene como prioridades el equilibrio fiscal y la estabilización macroeconómica, aunque sus efectos contractivos continúan condicionando la actividad.
Las estimaciones disponibles reflejan un panorama menos favorable que el previsto meses atrás. El Fondo Monetario Internacional redujo su proyección de crecimiento para la Argentina en 2026 del 3,5% al 2,1%, mientras que para 2027 recortó la previsión del 4% al 3,5%. El relevamiento de expectativas de mercado del Banco Central, en cambio, anticipó una expansión de apenas el 1,5% para 2026 y del 2,5% para el año siguiente.
La debilidad de los indicadores recientes alimenta el debate sobre una posible recesión técnica entre el segundo y el tercer trimestre. En agosto, el Estimador Mensual de Actividad Económica registró una caída interanual del 1,7%, la mayor del año hasta ese momento. La industria manufacturera retrocedió un 3,2% y el comercio, un 3,5%, en un contexto en el que tampoco se consolidó el rebote esperado después de la contracción de julio.
El economista jefe de EcoAnalytics, Santiago Casas, advirtió que la evolución de la actividad apunta a una posible recesión técnica. También señaló que la debilidad de la demanda interna, las elevadas tasas de interés y las restricciones al crédito dificultan la recuperación del consumo y de los sectores vinculados al mercado doméstico.
La situación refleja una economía que avanza a dos velocidades. Mientras la energía, la minería, el agro y algunas actividades financieras muestran mayor dinamismo, la industria, la construcción y el comercio continúan rezagados. El desempeño de Vaca Muerta y de las actividades vinculadas con la refinación y la petroquímica contribuye a amortiguar la caída general, pero todavía no alcanza para compensar la debilidad de los rubros más dependientes del mercado interno.
El poder adquisitivo constituye otro factor central. Según los datos citados por el Banco Provincia, el salario real formal acumuló una caída del 1% durante los primeros siete meses del año y del 2,8% en los últimos doce meses. Como el consumo privado representa más del 70% del producto bruto interno, la evolución de los ingresos y del empleo resulta determinante para cualquier recuperación.
A las dificultades del consumo se suma el encarecimiento de los costos empresariales, las restricciones financieras y la incertidumbre electoral. La estabilidad cambiaria continúa siendo uno de los pilares del programa económico, pero la demanda de dólares suele intensificarse en períodos electorales y puede introducir nuevas tensiones. Al mismo tiempo, la inflación interanual pasó del 31,8% en septiembre de 2025 al 33,4% en septiembre de 2026, según las cifras consignadas en el análisis.
El panorama también presenta desafíos para las cuentas públicas. El proyecto de Presupuesto 2027 establece una meta de superávit primario equivalente al 1,3% del PBI y un resultado financiero positivo del 0,2%. Sin embargo, el margen para profundizar el ajuste se estrecha después de las reducciones del gasto discrecional realizadas durante los últimos años.
Un informe del IERAL de la Fundación Mediterránea señaló que el gasto discrecional cayó un 37% en 2024 y un 12% en 2025, y proyectó una nueva reducción del 6% en 2026. Ante el menor espacio para recortar partidas, el organismo planteó la necesidad de avanzar en reformas previsionales y mejorar la eficiencia de la recaudación para facilitar futuras reducciones de impuestos distorsivos.
La inflación también mantiene efectos desiguales sobre los hogares. Julián Neufeld, economista de la Fundación Libertad y Progreso, advirtió que algunos productos de mayor peso en las canastas de los sectores de menores ingresos aumentan por encima del índice general, deteriorando la capacidad de compra y condicionando la evolución de la pobreza.
El Gobierno enfrenta así una disyuntiva entre sostener el programa de estabilización y generar condiciones para una recuperación más amplia. Las inversiones de largo plazo y el crecimiento exportador aparecen como posibles motores, pero su impacto sobre el empleo, los salarios y el consumo todavía debe consolidarse. De cara a 2027, la evolución de esas variables será clave para determinar si la mejora macroeconómica logra traducirse en una recuperación perceptible para la mayoría de la población.