Viotti, las multas y el caos del tránsito: hacerse el duro en las redes no alcanza
Resumen
Comparto la decisión del intendente Leonardo Viotti de aplicar multas severas a quienes utilizan escapes libres y provocan ruidos molestos.
Sin embargo, una medida aislada no puede disimular el verdadero problema: Rafaela tiene un tránsito descontrolado.
Los accidentes se repiten diariamente y las motocicletas aparecen como protagonistas de una problemática que no encuentra respuestas.
No se respetan las sendas peatonales, no se controlan adecuadamente las velocidades y el estado de las calles también contribuye a los siniestros.
Viotti necesita una política seria de seguridad vial, funcionarios preparados y resultados concretos. Las fotografías, los anuncios y las multas efectistas no reemplazan la gestión.
Hay decisiones que merecen ser acompañadas, pero también hay decisiones que necesitan ser puestas en contexto. La determinación del intendente Leonardo Viotti de aplicar multas severas a quienes circulan con escapes libres me parece correcta. Nadie tiene derecho a convertir la calle en un escenario de contaminación sonora, alterar la tranquilidad de los vecinos y hacer de la falta de respeto una forma de convivencia.
Ahora bien, una cosa es estar de acuerdo con una medida y otra muy distinta es comprar el discurso de una gestión que pretende mostrar autoridad en un tema puntual mientras mantiene enormes deudas en materia de tránsito y seguridad vial.
Y aquí está el problema de fondo: Viotti parece más preocupado por producir un golpe de efecto que por resolver el verdadero desastre del tránsito en Rafaela.
Porque si el intendente quiere hablar de orden, controles, sanciones y rigurosidad, debería empezar por mirar lo que sucede todos los días en las calles de la ciudad.
El tránsito es un verdadero caos. Los accidentes se suceden prácticamente a diario y las motocicletas tienen una presencia preocupante en buena parte de esos episodios. No hace falta ser especialista para advertir que algo está fallando. Basta con recorrer Rafaela, observar el comportamiento de los conductores y comprobar que las normas de tránsito, en muchos casos, parecen haberse convertido en simples recomendaciones.
Las sendas peatonales no se respetan. Hay conductores que avanzan sin importarles si una persona está cruzando la calle. Los límites de velocidad no parecen tener un control sistemático y efectivo. Las infracciones se cometen a la vista de todos y el ciudadano que pretende circular respetando las normas termina muchas veces expuesto a la irresponsabilidad de quienes hacen lo que quieren.
¿Dónde están los controles? ¿Dónde está la política de prevención? ¿Dónde están las campañas permanentes de educación vial? ¿Dónde están las sanciones para quienes ponen en riesgo la vida de los demás?
Y hay otro capítulo que la Municipalidad tampoco puede ignorar: el estado de las calles de Rafaela. El deterioro de numerosas arterias, los pozos, las irregularidades y la falta de mantenimiento constituyen factores que pueden contribuir a los accidentes. No todo se soluciona persiguiendo al motociclista que lleva un escape libre. También hay que hacerse cargo de las responsabilidades municipales.
Tampoco es un dato menor quiénes tienen a su cargo la conducción de un área tan delicada. La seguridad vial no puede quedar en manos de improvisados ni de personas cuya preparación y experiencia específica no estén a la altura de las responsabilidades que deben asumir. No alcanza con ocupar un escritorio, tener un cargo o mostrarse dispuesto a ejecutar órdenes. Se necesita conocimiento, planificación, autoridad y capacidad de gestión.
Rafaela necesita funcionarios que sepan de tránsito, que conozcan la problemática, que recorran las calles y que puedan diseñar una política integral. No necesita audaces que crean que gobernar consiste en anunciar multas, publicar fotografías y buscar aplausos en las redes sociales.
Porque, convengamos, hacerse el duro en Instagram o Facebook no es gobernar.
Viotti parece haber encontrado en las sanciones severas una herramienta para transmitir una imagen de firmeza. Pero la autoridad de un intendente no se mide por el monto de una multa ni por el tono de sus declaraciones. Se mide por los resultados de su gestión.
Y los resultados, en materia de tránsito, están a la vista de cualquier vecino.
No se puede pretender que la sociedad respete las normas cuando el propio Estado no demuestra una política consistente, permanente y coherente. No se puede exigir responsabilidad a los conductores si no existe un sistema de controles que funcione todos los días. No se puede hablar de seguridad vial mientras las calles presentan condiciones que también ponen en riesgo a quienes circulan.
La seguridad vial no es una campaña publicitaria. Es una responsabilidad del Estado municipal.
Por supuesto que hay que sancionar a quienes utilizan escapes libres. Por supuesto que hay que terminar con los ruidos molestos. Pero también hay que controlar las velocidades, fiscalizar los cruces peatonales, ordenar el estacionamiento, exigir el cumplimiento de las normas y mejorar las calles. Y, fundamentalmente, hay que trabajar sobre la prevención.
El intendente tiene que entender que no se gobierna para conseguir un comentario favorable en las redes ni para sumar un voto con cada anuncio de mano dura. Se gobierna para todos los días, incluso cuando no hay cámaras, cuando no hay fotografías y cuando ninguna decisión genera aplausos inmediatos.
Viotti puede multar a todos los escapes libres que quiera, pero si no cambia la política municipal de tránsito, Rafaela seguirá teniendo el mismo problema.
Y entonces la pregunta es inevitable: ¿estamos frente a una verdadera política de seguridad vial o simplemente frente a otra operación de marketing político?
Porque Rafaela no necesita un intendente que se haga el implacable para las redes sociales. Necesita un intendente que ponga orden en las calles, que tenga funcionarios preparados y que se haga cargo de los problemas reales de la ciudad.
Menos marketing, menos fotografías y menos discursos de autoridad. Más gestión, más controles y más seguridad para los rafaelinos.
El tránsito de Rafaela no se arregla con una multa por escapes libres. Se arregla gobernando.