El crédito se abarata para las empresas, pero los ahorristas pierden contra la inflación y las familias siguen pagando tasas elevadas
- Las tasas de los depósitos bancarios continúan siendo negativas en términos reales y reducen el poder adquisitivo de los ahorristas.
- Las empresas acceden a financiamiento comercial más barato gracias a la desaceleración inflacionaria.
- El crédito bancario al sector privado creció un promedio mensual del 0,6% real durante el tercer trimestre.
- Los préstamos personales y las financiaciones con tarjetas siguen teniendo costos elevados y el crédito al consumo retrocedió.
- La irregularidad de la cartera crediticia se estabilizó alrededor del 7,7%, según el Banco Central.
- La carga tributaria representa casi el 30% del costo financiero total y constituye uno de los principales obstáculos para abaratar los préstamos.
La desaceleración de los precios está modificando las condiciones de financiamiento de la economía argentina, aunque sus beneficios todavía se distribuyen de manera desigual. Mientras las empresas encuentran oportunidades para acceder a préstamos más baratos en términos reales, los ahorristas continúan perdiendo poder adquisitivo con los depósitos tradicionales y las familias deben afrontar costos elevados para financiar consumos mediante tarjetas de crédito y préstamos personales.
El fenómeno quedó reflejado en el Informe de Política Monetaria (IPOM) correspondiente al tercer trimestre de 2026, elaborado por el Banco Central de la República Argentina (BCRA). La autoridad monetaria reconoció que las tasas pasivas, es decir, las que reciben los depositantes por sus ahorros, permanecen en terreno negativo frente a la inflación. Sin embargo, consideró que esta situación no representa un obstáculo para la actividad económica y permite orientar los recursos financieros hacia el crédito privado.
La estrategia oficial apunta a reducir los incentivos para mantener el dinero inmovilizado en instrumentos tradicionales y favorecer su canalización hacia la inversión y el consumo. El resultado, por ahora, es un sistema financiero que funciona a distintas velocidades, con diferencias importantes entre empresas, hogares y ahorristas.
En el segmento corporativo aparecen las señales más favorables. Las líneas destinadas al financiamiento comercial, especialmente el descuento de documentos y las herramientas para cubrir necesidades de capital de trabajo, experimentaron una reducción significativa de sus costos reales. La combinación de una inflación descendente y tasas nominales relativamente estables mejoró las condiciones para las compañías que necesitan financiar operaciones o adelantar inversiones.
El Banco Central informó que el crédito bancario al sector privado, considerando operaciones en pesos y moneda extranjera, creció durante el tercer trimestre a un promedio mensual del 0,6% real desestacionalizado. Los préstamos comerciales y aquellos respaldados por garantías reales fueron los que mostraron mejor desempeño.
La evolución fue diferente en el financiamiento destinado a los consumidores. Los préstamos personales y las financiaciones con tarjetas de crédito continúan exhibiendo tasas reales positivas, considerablemente superiores a las que enfrentan las empresas. Aunque los costos financieros disminuyeron respecto de los máximos registrados durante la etapa de mayor inflación, todavía representan una barrera para muchas familias.
Los datos del propio organismo muestran que los préstamos al consumo retrocedieron durante el tercer trimestre, incluso cuando otras modalidades de financiamiento consiguieron expandirse. La diferencia resulta significativa porque el crédito familiar constituye uno de los principales mecanismos para sostener la demanda interna, particularmente en la compra de electrodomésticos, vehículos y otros bienes durables.
Otro elemento que favoreció el escenario financiero fue la relativa estabilidad cambiaria. La menor presión sobre el dólar permitió que el Banco Central mantuviera su estrategia de tasas reales negativas sin enfrentar, al menos hasta ahora, una aceleración de la dolarización de los ahorros.
También avanzaron los préstamos en moneda extranjera. La autoridad monetaria considera que la ampliación de los destinos habilitados para el crédito bancario en dólares puede contribuir a profundizar la intermediación financiera y canalizar una mayor proporción del ahorro privado hacia actividades productivas.
El diagnóstico oficial encuentra respaldo adicional en la evolución de la actividad económica y de la confianza de los consumidores. Durante el trimestre mejoró el índice elaborado por la Universidad Torcuato Di Tella y los indicadores mensuales de actividad mostraron avances, según la evolución del Estimador Mensual de Actividad Económica.
A esto se sumó una estabilización de la irregularidad de la cartera crediticia, que permaneció alrededor del 7,7% durante los últimos tres meses analizados. Para el Banco Central, el indicador mostró señales de haber alcanzado su máximo, lo que permitiría aliviar la situación financiera de los deudores sin restringir el acceso a nuevos préstamos.
El informe también identificó un obstáculo que excede la política monetaria: la carga tributaria representa casi el 30% del costo financiero total del crédito. Por esa razón, sostuvo que eventuales modificaciones fiscales podrían resultar más efectivas para reducir las tasas activas que nuevos cambios sobre los rendimientos de los depósitos.
Entre las iniciativas en preparación figuran mecanismos para ampliar el crédito a trabajadores públicos y privados mediante códigos de descuento, facilitar la negociación de cupones de tarjetas y crear un Sistema Federal de Garantías para las empresas.
El desafío será conseguir que la mejora financiera que hoy beneficia principalmente al sector productivo llegue también a los hogares. Sin una reducción más significativa del costo del endeudamiento familiar, la recuperación del consumo podría avanzar a un ritmo menor que el esperado por el Gobierno.