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Santiago Caputo vuelve a confrontar con el periodismo tras el operativo de Estados Unidos en Venezuela

  • Santiago Caputo cuestionó a periodistas argentinos tras el operativo de Estados Unidos en Venezuela.
  • Comparó la cobertura local con la de medios estadounidenses, a los que elogió por no publicar información filtrada.
  • Acusó a la prensa argentina de falta de seriedad y de no chequear adecuadamente sus fuentes.
  • No es el primer cruce del asesor presidencial con periodistas desde que asumió un rol público.
  • FOPEA calificó como intimidatoria una conducta previa de Caputo hacia un reportero gráfico.
  • El episodio reaviva el debate sobre la relación entre el Gobierno, la prensa y la libertad de expresión.

El asesor presidencial Santiago Caputo volvió a quedar en el centro de la polémica tras utilizar el operativo militar de Estados Unidos en Venezuela como argumento para cuestionar con dureza a los periodistas argentinos. A través de redes sociales, el dirigente cercano al presidente Javier Milei comparó la cobertura de medios estadounidenses con el trabajo de la prensa local y sugirió que en la Argentina falta “seriedad” y “responsabilidad” en el ejercicio del periodismo.

La intervención de Caputo se produjo luego de que trascendiera que medios de Estados Unidos habían tenido conocimiento previo de la acción militar sobre Nicolás Maduro, pero optaron por no publicar la información hasta que el operativo concluyera. Según el asesor presidencial, esa decisión respondió a la necesidad de preservar la seguridad de las tropas involucradas y fue una muestra de profesionalismo periodístico.

“Los medios americanos sabían de la operación porque se había filtrado, pero retuvieron la noticia hasta finalizada la misión para proteger la vida de las tropas”, escribió Caputo. A partir de esa afirmación, cargó contra periodistas argentinos al sostener que “no tienen ni la decencia de chequear sus ‘historias’ con más de una fuente verificada” cuando exigen responsabilidad a las autoridades locales. El mensaje fue publicado al citar un comentario que destacaba que dos medios estadounidenses habían seguido “las antiguas tradiciones periodísticas” y no pusieron en riesgo el operativo realizado en la madrugada del 3 de enero.

Las declaraciones reavivaron un debate sensible sobre la relación entre el Gobierno y la prensa, en un contexto de creciente confrontación discursiva. Desde sectores periodísticos se interpretó el mensaje como una generalización que descalifica el trabajo de la prensa argentina y que refuerza un clima de hostilidad hacia los medios críticos.

No se trata, además, de un episodio aislado. Caputo ya había protagonizado cruces directos con periodistas desde que asumió un rol formal en el entorno presidencial. Uno de los antecedentes más resonantes ocurrió cuando se enfrentó con un reportero gráfico que lo fotografiaba en un evento público. En esa ocasión, el asesor reaccionó de manera inmediata: se acercó al fotógrafo, tomó imágenes de su credencial y de su persona, y se retiró con una actitud que fue interpretada como intimidatoria.

Ese episodio motivó un pronunciamiento del Foro de Periodismo Argentino (FOPEA), que calificó la conducta de Caputo como “intimidatoria” y advirtió que este tipo de acciones “alientan el clima de hostigamiento contra la prensa”. Desde la entidad remarcaron que no existen argumentos válidos para impedir que periodistas y reporteros gráficos registren imágenes de funcionarios en el contexto de actividades públicas, y subrayaron que el derecho a informar es un pilar básico del sistema democrático.

La reiteración de estos cruces refuerza la percepción de una relación tensa entre el oficialismo y los medios de comunicación. Desde el entorno del Gobierno, las críticas suelen justificarse en la necesidad de cuestionar prácticas periodísticas que consideran irresponsables o sesgadas. Del otro lado, organizaciones del sector advierten que el señalamiento constante y la deslegitimación pública de periodistas pueden derivar en un escenario de presión y autocensura.

El uso del operativo en Venezuela como ejemplo agrega, además, una dimensión geopolítica al debate. Mientras Caputo pone el foco en la decisión de los medios estadounidenses de priorizar la seguridad militar por sobre la primicia informativa, distintos analistas recuerdan que la relación entre prensa, poder político y fuerzas armadas tiene tradiciones y marcos legales distintos en cada país. Trasladar mecánicamente ese criterio al contexto argentino abre interrogantes sobre los límites entre el interés público, la libertad de expresión y la seguridad.

En ese marco, las declaraciones del asesor presidencial no solo reavivan la discusión sobre el rol del periodismo, sino que también exponen una concepción del vínculo entre información y poder que genera resistencia en amplios sectores del ámbito comunicacional. La controversia, lejos de cerrarse, parece inscribirse en una dinámica más amplia de confrontación entre el Gobierno y la prensa, con impacto directo en el clima institucional.