La Argentina respaldó en la ONU la captura de Maduro y exigió la liberación del gendarme Nahuel Gallo
- La Argentina respaldó en el Consejo de Seguridad la operación de Estados Unidos que permitió capturar a Nicolás Maduro.
- El embajador Francisco Tropepi definió al régimen venezolano como una narcodictadura vinculada al narcotráfico y al terrorismo.
- Buenos Aires sostuvo que el poder en Venezuela combinó autoritarismo y estructuras criminales desde 1999.
- Se destacó la coherencia de la política exterior argentina desde la asunción de Javier Milei.
- La intervención incluyó un reclamo expreso por la liberación inmediata del gendarme Nahuel Gallo.
- La Argentina planteó que la transición venezolana debe comenzar con gestos concretos y verificables.
La posición del Gobierno argentino frente a la detención de Nicolás Maduro quedó expuesta de manera explícita en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Durante una sesión convocada para analizar la situación en Venezuela tras la captura del exmandatario, el embajador argentino ante la ONU, Francisco Tropepi, respaldó la operación militar llevada adelante por Estados Unidos y reclamó de forma directa la inmediata liberación de Nahuel Gallo, el gendarme argentino secuestrado desde diciembre de 2024 en territorio venezolano.
La reunión del Consejo de Seguridad, uno de los órganos centrales del sistema de Naciones Unidas junto con la Asamblea General, estuvo dedicada a evaluar el nuevo escenario político, institucional y de seguridad regional abierto luego de la detención de Maduro, quien ya fue trasladado a Estados Unidos y compareció ante la Justicia federal de ese país. En ese contexto, la intervención argentina marcó un alineamiento claro con la decisión adoptada por Washington y una definición política sin matices respecto del régimen venezolano.
Desde el inicio de su exposición, Tropepi dejó en claro el encuadre oficial. En un pasaje central, afirmó que el Gobierno argentino valora la determinación demostrada por el presidente estadounidense y su administración en las acciones que derivaron en la captura de Maduro, a quien definió como líder del denominado Cartel de los Soles, organización que la Argentina declaró terrorista en 2025, junto con el Tren de Aragua. Esa caracterización condensó el enfoque argentino: la detención no fue presentada como un hecho aislado, sino como parte de la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo transnacional.
El embajador inscribió la situación actual en una lectura histórica del poder en Venezuela. Recordó que el país se encuentra bajo un régimen autoritario desde 1999, iniciado por Hugo Chávez y continuado por Maduro tras su muerte. Según sostuvo, durante más de veinticinco años se consolidó una estructura de poder que combinó el control autoritario del Estado con redes criminales dedicadas al narcotráfico y al financiamiento ilícito, utilizando recursos públicos e instituciones estatales para garantizar impunidad y expansión regional.
En ese marco, Tropepi definió a Maduro como el líder operativo de una organización criminal con proyección internacional. La mención al Cartel de los Soles y al Tren de Aragua apuntó a subrayar la articulación entre el poder político venezolano y estructuras delictivas que, según la postura argentina, excedieron largamente las fronteras nacionales y afectaron la seguridad de otros Estados de la región.
El diagnóstico incluyó una referencia directa a las consecuencias humanitarias del chavismo. El embajador señaló que la combinación de autoritarismo, corrupción y criminalidad derivó en la destrucción de las instituciones democráticas, la apropiación de los recursos nacionales y el empobrecimiento masivo de la población. El éxodo de millones de venezolanos fue presentado como un indicador concreto del colapso institucional y social provocado por el régimen.
Tropepi también destacó la continuidad de la política exterior argentina desde la asunción del presidente Javier Milei. En ese sentido, recordó que la Argentina denunció de manera consistente las violaciones a los derechos humanos en Venezuela y participó activamente en los esfuerzos internacionales orientados al retorno de la democracia. Entre las decisiones concretas, mencionó el asilo diplomático otorgado en marzo de 2024 a seis dirigentes opositores venezolanos y el posterior desconocimiento de las elecciones de julio de ese año, consideradas fraudulentas por el Gobierno argentino.
Ese posicionamiento tuvo consecuencias diplomáticas. Tras reconocer a Edmundo González Urrutia como presidente electo, la Argentina fue expulsada de Venezuela y su embajada en Caracas quedó sometida a un asedio permanente, incluso mientras albergaba a los asilados. Pese a ese escenario, Buenos Aires mantuvo su línea de denuncia en los foros internacionales.
Con la detención de Maduro ya consumada, el embajador hizo referencia al proceso judicial en curso en Estados Unidos, donde el exmandatario compareció ante un tribunal federal, designó defensa y se declaró inocente. Esa mención buscó contrastar la existencia de garantías procesales con las prácticas sistemáticas de violaciones a los derechos humanos atribuidas al régimen venezolano.
El tramo final de la intervención estuvo dedicado al reclamo por Nahuel Gallo. Tropepi recordó que el gendarme argentino se encuentra en situación de desaparición forzada desde el 8 de diciembre de 2024, tras haber sido secuestrado y trasladado a un centro clandestino de detención. Ante el Consejo de Seguridad, la Argentina exigió su liberación inmediata y su retorno seguro al país, inscribiendo el reclamo como una obligación ineludible para cualquier autoridad que administre la transición venezolana.
La sesión dejó una señal política clara. Para la Argentina, el nuevo escenario abierto tras la captura de Maduro no solo exige responsabilidades judiciales, sino también decisiones concretas que marquen una ruptura con más de dos décadas de autoritarismo. Entre ellas, la liberación de un ciudadano argentino detenido de manera ilegal fue presentada como una prueba inmediata y verificable de ese cambio.