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La UCR recompone filas en el Senado y busca dejar atrás meses de fracturas internas

  • La UCR mostró mayor cohesión interna en el Senado tras meses de fuertes tensiones.
  • El bloque radical cerró las sesiones extraordinarias con asistencia completa y menos conflictos.
  • Hubo autocríticas por estrategias individuales y disputas internas en un año electoral.
  • Se destacó el rol mediador de Patricia Bullrich en la relación entre el Congreso y el Ejecutivo.
  • La reforma laboral será la próxima prueba de unidad para el radicalismo.
  • El oficialismo necesita a la UCR para alcanzar el quórum y avanzar con su agenda legislativa.

Después de más de un año signado por tensiones, desorden interno y derrotas electorales en varios distritos, la Unión Cívica Radical (UCR) comenzó a mostrar señales de recomposición, al menos en el Senado. Tras una etapa que en el propio partido comparan con “una montaña rusa que no se apagaba nunca”, la bancada radical logró cerrar las últimas sesiones extraordinarias con asistencia completa, coordinación interna y definiciones compartidas que, por primera vez en mucho tiempo, no derivaron en escándalos públicos ni rupturas expuestas.

El cambio de clima se percibió con claridad durante el tratamiento del Presupuesto 2026, donde el bloque que conduce el correntino Eduardo Vischi actuó con mayor cohesión, más allá de algunas diferencias puntuales en la votación en particular. Para varios senadores, el dato más relevante no fue el resultado legislativo sino la recuperación de una dinámica colectiva que había quedado erosionada por disputas personales, posicionamientos individuales y estrategias paralelas.

“Fue muy complejo. Algunos quisieron ser más opositores que el propio kirchnerismo”, resumió un experimentado legislador radical. En esa línea, admitió que la cercanía de un año electoral y la expectativa de un rápido desgaste del Gobierno confundieron a parte de la bancada. “El perfume de que al Gobierno le iba a ir muy mal y la conveniencia política llevaron a decisiones equivocadas”, evaluó.

Otro senador se mostró directamente “aliviado” por el tono que adoptó el bloque desde el 10 de diciembre. “Las jugadas paralelas siempre son feas. Encima vinieron de colegas que se llenan la boca hablando de consenso y después son los más intolerantes cuando hay que acercar posiciones”, señaló, con críticas que también alcanzaron a una comunicación interna fragmentada y, en algunos tramos de 2025, calificada como “tóxica” dentro del propio radicalismo.

La percepción de un cambio de aire fue compartida por otros referentes del espacio. “Que no haya tanto extremo ayudó. Volvimos a sentir que estábamos juntos, algo clave cuando el partido perdió representación”, afirmó otro alfil de la bancada. En ese diagnóstico también hubo autocrítica por la falta de respaldo a dirigentes jóvenes y perfiles con proyección, que quedaron expuestos en medio de disputas que, según admiten, se olvidan rápido pero dejan secuelas duraderas.

En este proceso, varios senadores radicales destacaron el rol de la presidenta del bloque oficialista, Patricia Bullrich, como mediadora ante conflictos o disidencias durante las sesiones extraordinarias. Su papel como interlocutora directa con la Casa Rosada fue valorado como un factor de descompresión. “Facilitó mucho el ida y vuelta entre el Congreso y el Ejecutivo. Incluso, quienes firmaron dictámenes lo hicieron con mayor tranquilidad, algo que antes no pasaba”, explicó un senador del interior.

De cara a febrero, el clima interno de la UCR será puesto nuevamente a prueba. El Ejecutivo prepara una nueva convocatoria al Congreso y todas las miradas están puestas en la reforma laboral, uno de los proyectos más sensibles de la agenda oficial. En el radicalismo reconocen que, hasta antes de los cruces generados por el Presupuesto 2026 en Diputados, los votos para avanzar estaban. “Habrá que ver cómo se pule el dictamen y qué modificaciones se introducen. También depende mucho del contexto: a veces el momento justo se pasa y el capital político se evapora”, advirtió un legislador.

Durante el breve período comprendido entre el 10 y el 26 de diciembre, el oficialismo logró un avance significativo: dictámenes en Diputados, aprobación en el recinto y acompañamiento en el Senado para el Presupuesto 2026 y la ley de inocencia fiscal. Se trató del primer plan de gastos anual sancionado por el Congreso durante la gestión de Javier Milei, luego de dos prórrogas consecutivas del presupuesto de 2023, y de una iniciativa orientada a incentivar la exteriorización de dólares no declarados.

Quedaron pendientes, en cambio, la reforma laboral y las modificaciones a la ley de glaciares. Allí el oficialismo cuenta con un interbloque de 21 senadores, lejos de los 37 necesarios para el quórum. La matemática obliga a buscar apoyos en la UCR, el PRO y bloques provinciales de comportamiento imprevisible. En ese escenario, la recomposición radical aparece como una pieza clave, aunque nadie en el Senado se anima a dar por asegurado un camino sin sobresaltos.