El delicado equilibrio del dólar en 2026: reservas, tasas y confianza bajo la lupa del mercado
- El nuevo esquema cambiario traslada el foco del dólar a un equilibrio diario entre reservas, tasas y flujos.
- Las bandas cambiarias ahora se ajustan por inflación, mejorando el tipo de cambio real.
- La acumulación de reservas es clave para bajar la volatilidad de tasas y sostener el esquema.
- Enero concentra tensiones por pagos de deuda, ajustes regulatorios y movimientos de liquidez.
- La escasez de pesos elevó tasas, luego moderadas por cambios en encajes.
- Brecha cambiaria y riesgo país siguen siendo señales centrales para medir la credibilidad del programa.
El arranque de 2026 encuentra al mercado financiero argentino inmerso en una transición sensible, atravesada por un nuevo esquema cambiario y monetario que todavía debe probar su solidez. Con bandas cambiarias que ahora se ajustan por inflación, un Banco Central que promete retomar la acumulación de reservas y un Tesoro enfrentando vencimientos relevantes en enero, la estabilidad dejó de apoyarse en un único precio del dólar para depender de un equilibrio diario mucho más complejo.
En este nuevo escenario, el foco del mercado no está puesto solo en el nivel del tipo de cambio, sino en la interacción permanente entre reservas, tasas de interés y flujos financieros. Cada rueda es leída como una señal: cuántos dólares puede absorber el Estado sin presionar el mercado, cuánta demanda de pesos puede tolerar el sistema sin disparar tasas extremas y qué tan consistente resulta la hoja de ruta para fortalecer el frente externo. En ese marco, la brecha cambiaria y la cercanía del dólar al techo de la banda volvieron al centro de la escena.
Enero agrega sus propios factores de tensión. Ingresos puntuales de divisas, cambios regulatorios, ajustes en encajes y pagos de deuda reordenan carteras y modifican expectativas en lapsos muy cortos. La pregunta de fondo es si, con un tipo de cambio real todavía exigente, el financiamiento disponible alcanzará para sostener la estabilidad sin resignar acumulación de reservas, una condición clave para que el programa gane credibilidad.
El cambio más visible del esquema es la actualización de las bandas cambiarias por inflación mensual con rezago. Este giro deja atrás el deslizamiento fijo previo, que había inducido una apreciación de la banda superior y limitado el rol amortiguador del tipo de cambio dentro de la flotación administrada. Con la nueva mecánica, el tipo de cambio real mejora frente al escenario anterior, especialmente en la comparación con Estados Unidos, y corrige parte del atraso implícito que proyectaba el esquema previo.
Sin embargo, la recalibración no despeja todas las dudas. Por un lado, el mercado se pregunta si este ajuste es un paso inicial hacia una modificación más profunda del nivel cambiario a lo largo de 2026. Por otro, aparece el interrogante sobre el impacto en la desinflación, dado que se pierde un ancla nominal más rígida. Ambos escenarios ganan probabilidad si los flujos de capital resultan menores a lo esperado o si se materializa un shock externo que altere el contexto global.
En paralelo, las reservas volvieron a ocupar un lugar central. El programa de compras del Banco Central apunta a formalizar el giro hacia la acumulación, con una estrategia flexible: no comprar montos fijos, sino un porcentaje del volumen operado para evitar presiones puntuales sobre el tipo de cambio. La viabilidad de este esquema descansa en una recuperación de la demanda de dinero, hoy en niveles históricamente bajos, que permitiría expandir la base monetaria sin necesidad de esterilizar.
La caja del Tesoro también juega su partido en enero. Ingresos recientes de organismos internacionales, operaciones financieras que habilitan acceso a dólares vía REPO y fondos asociados a concesiones energéticas refuerzan la disponibilidad de divisas en un tramo del calendario donde cada vencimiento es observado con lupa. Esa holgura temporal es clave para atravesar el mes sin sobresaltos y sostener la calma cambiaria.
Del lado del mercado de pesos, la escasez de liquidez volvió a mostrar su impacto. En las primeras ruedas del año, las tasas overnight superaron niveles extremos, reflejando la tensión del sistema. La posterior descompresión llegó de la mano de cambios en los encajes que liberaron pesos y permitieron moderar el costo del dinero. El vínculo entre liquidez, tasas y dólar es directo: sin compras de divisas por parte del Banco Central, abastecer una mayor demanda de pesos puede transformarse en un cuello de botella.
Finalmente, la brecha cambiaria y el riesgo país siguen funcionando como termómetros. Las restricciones que limitan el arbitraje mantienen viva la brecha, que el mercado no descarta como un componente tolerable si se mantiene acotada. En paralelo, el riesgo país permanece elevado y sensible a cualquier señal sobre reservas, flujos y capacidad de atravesar enero sin que el dólar vuelva a probar el techo del esquema. En definitiva, el programa se juega en una idea básica: si sobran dólares, la calma se sostiene; si faltan, el equilibrio se vuelve frágil.