Energía y previsibilidad: el acuerdo Mercosur–UE impulsa al GNL y abre la puerta al hidrógeno verde
- El acuerdo Mercosur–UE brinda seguridad jurídica clave para inversiones energéticas
- Europa busca en el GNL argentino una alternativa estratégica al gas ruso
- Vaca Muerta se consolida como eje de exportaciones por más de u$s15.000 millones
- La firma del tratado acelerará proyectos de GNL desde 2027
- El pacto abre oportunidades decisivas para el hidrógeno verde y las renovables
- La integración con la UE actúa como sello de calidad para la energía argentina
La aprobación por mayoría calificada del Consejo de la Unión Europea del acuerdo comercial con el Mercosur marca un punto de inflexión tras 25 años de negociaciones. Lo que durante décadas fue un objetivo diplomático intermitente se transforma ahora en un marco legal estable, con efectos concretos sobre sectores estratégicos de la economía argentina. Entre ellos, el energético aparece como uno de los principales beneficiarios, al ofrecer la seguridad jurídica que los capitales europeos exigían para avanzar en proyectos de largo plazo.
El interés de la Unión Europea por el Gas Natural Licuado (GNL) argentino no responde solo a una oportunidad comercial, sino a una necesidad geopolítica. Desde la invasión rusa a Ucrania y las sanciones aplicadas a Moscú, Europa se vio obligada a redefinir su matriz de abastecimiento energético. La diversificación de proveedores se convirtió en una prioridad de supervivencia, y en ese esquema la Argentina emerge como un socio confiable, con recursos abundantes y un horizonte de estabilidad reforzado por el acuerdo birregional.
La firma formal del tratado, prevista para el próximo 17 de enero en Asunción, funcionará como una señal definitiva para las empresas energéticas europeas. Muchos planes de inversión ya estaban diseñados, pero aguardaban una definición política que redujera riesgos regulatorios y comerciales. Con el nuevo marco, esos proyectos comienzan a acelerar sus tiempos.
En este contexto, Vaca Muerta se consolida como una pieza central. El acuerdo facilita la eliminación de barreras técnicas y arancelarias, permitiendo que el gas argentino compita en condiciones preferenciales en los puertos de regasificación europeos. Allí, el GNL se convirtió en un sustituto clave del gas por gasoducto que Rusia suministraba de manera masiva antes del conflicto bélico.
Actualmente, la Argentina avanza con al menos tres proyectos consolidados de producción de GNL mediante barcazas licuefactoras. Las primeras exportaciones están previstas para el último trimestre de 2027 y, a partir de allí, durante el resto de la década. Según estimaciones de la industria, hacia fines de los años treinta las exportaciones podrían superar los 15.000 millones de dólares anuales.
El proyecto Southern Energy, integrado por PAE, Golar LNG e YPF, es el más avanzado en términos de plazos. Tendrá una capacidad estimada de 2,4 millones de toneladas anuales, con ingresos proyectados de entre 2.000 y 2.500 millones de dólares por año. En paralelo, el proyecto Argentina LNG, liderado por YPF, apunta a escalar la producción de Vaca Muerta a niveles globales, con una capacidad inicial de 12 millones de toneladas anuales hacia 2030 y el potencial de alcanzar 30 millones entre 2032 y 2035. A plena capacidad, este desarrollo podría aportar hasta 10.000 millones de dólares anuales a la balanza comercial, cifra que se elevaría a 15.000 millones con la incorporación de un nuevo socio internacional.
Más allá del sudeste asiático, tradicional destino del GNL, Europa aparece ahora como una demanda segura y creciente, al considerar al gas como combustible de transición hacia fuentes renovables. De hecho, a comienzos de diciembre se firmó un acuerdo marco entre el consorcio Southern Energy y la empresa alemana SEFE para exportar dos millones de toneladas anuales de GNL durante ocho años, desde fines de 2027. Se trata de la mayor operación de este tipo realizada por la Argentina hasta la fecha.
El impacto del acuerdo no se limita a los hidrocarburos. La integración con la Unión Europea abre también una ventana estratégica para el desarrollo de energías renovables y, en particular, del hidrógeno verde. Europa definió a este vector energético como pilar de su matriz futura e identificó a la Patagonia argentina como una de las regiones con mayor potencial productivo a nivel mundial.
El tratado incluye capítulos de cooperación tecnológica y estándares ambientales que permitirán al hidrógeno producido en el país cumplir con las exigencias del mercado europeo. La estrategia nacional proyecta, hacia 2050, una producción de al menos cinco millones de toneladas anuales, con inversiones estimadas en 90.000 millones de dólares y la creación de más de 80.000 empleos calificados.
En este escenario, el acuerdo Mercosur–UE funciona como un sello de calidad para la industria energética argentina. La convergencia regulatoria y la previsibilidad de largo plazo posicionan al país como un actor central en la transición energética global, con capacidad de generar divisas, empleo y desarrollo industrial sostenido.