Cuestionamientos al INDEC: Felipe Solá pone en duda la medición de la inflación y la pobreza
- Felipe Solá cuestionó la veracidad de los datos de inflación del INDEC.
- Apuntó contra Marco Lavagna por usar una metodología de medición desactualizada.
- Sostuvo que servicios y energía están subponderados en el índice de precios.
- Afirmó que la inflación real de 2024 habría sido hasta 17 puntos más alta.
- También puso en duda la medición oficial de la pobreza y los ingresos informales.
- Acusó a Javier Milei de mentir sobre una supuesta reducción de la pobreza.
Las estadísticas oficiales volvieron a quedar en el centro de la controversia política. Esta vez, el foco estuvo puesto en los datos de inflación y pobreza difundidos por el INDEC, que fueron duramente cuestionados por el ex gobernador bonaerense y ex canciller Felipe Solá. Con críticas directas al titular del organismo, Marco Lavagna, y al presidente Javier Milei, Solá advirtió que los números oficiales no reflejan el verdadero deterioro del poder adquisitivo ni la magnitud real de la pobreza en la Argentina.
El planteo del ex funcionario se apoya en una discusión de fondo que atraviesa desde hace años al sistema estadístico argentino: la metodología utilizada para medir la inflación. Según Solá, el índice de precios al consumidor se apoya en una estructura de ponderaciones desactualizada, que no refleja el peso real que hoy tienen gastos esenciales como la energía, los servicios públicos y otros costos fijos en el presupuesto de los hogares.
En ese sentido, apuntó directamente contra Lavagna, a quien definió como “un buen economista”, pero al mismo tiempo lo acusó de actuar con tibieza frente a un problema estructural. A su entender, el modelo que utiliza el INDEC para medir la inflación responde a una canasta de consumo que quedó anclada en el pasado y que subestima rubros que en los últimos años registraron fuertes aumentos, en particular tras la corrección de tarifas y la liberalización de precios regulados.
Solá sostuvo que, de haberse ponderado correctamente estos componentes, la inflación de 2024 habría sido sensiblemente más alta que la informada oficialmente. Según su análisis, la diferencia rondaría los 17 puntos porcentuales, un desvío que, de confirmarse, tendría implicancias directas no solo en la lectura macroeconómica, sino también en indicadores sociales clave como la pobreza y la indigencia.
La crítica no se limitó al plano técnico. El ex canciller también involucró al presidente Javier Milei, a quien acusó de avalar y amplificar una narrativa basada en datos que considera incorrectos. Para Solá, existe una combinación de conveniencia política y falta de voluntad para transparentar la situación real, en un contexto donde la baja de la inflación es presentada como uno de los principales logros de la actual gestión.
El debate se profundiza cuando se traslada al terreno social. Solá también cuestionó la forma en que se mide la pobreza y rechazó las afirmaciones del Gobierno sobre una supuesta reducción significativa de ese indicador. Según su mirada, la medición parte de una inflación subestimada y se cruza con ingresos que no reflejan una mejora genuina en la situación de los sectores más vulnerables.
En particular, señaló que el cálculo del ingreso de los trabajadores informales incorporó transferencias como la Asignación Universal por Hijo o programas educativos, lo que eleva artificialmente el ingreso promedio sin que exista una mejora real en el mercado laboral o en el poder de compra. Desde esa perspectiva, la caída de la pobreza que exhibe el Ejecutivo no sería el resultado de una recuperación económica, sino de un cambio metodológico que distorsiona la comparación.
Para Solá, lejos de haber disminuido, la pobreza habría aumentado durante el último período, impulsada por la pérdida de ingresos reales, el impacto de los tarifazos y la persistencia de un consumo deprimido en amplios sectores de la población. En ese marco, calificó como falsas las afirmaciones presidenciales sobre la salida de millones de personas de la pobreza y sostuvo que el discurso oficial busca instalar una percepción optimista que no se condice con la realidad cotidiana.
Las declaraciones reabren una discusión sensible para la política y la economía argentina. La credibilidad de las estadísticas públicas es un activo central para cualquier programa económico, tanto hacia adentro como hacia los mercados y los organismos internacionales. Al mismo tiempo, el debate metodológico sobre inflación y pobreza no es nuevo y suele intensificarse en contextos de alta volatilidad y ajuste.
Más allá de las posiciones enfrentadas, el planteo de Solá vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de actualizar los sistemas de medición y de transparentar los cambios metodológicos, para evitar que los datos oficiales queden atrapados en la disputa política y pierdan capacidad de reflejar, con precisión, la situación social y económica del país.