Arroyo Salgado, once años después: la vida, la Justicia y una convicción intacta
- Arroyo Salgado sostiene, sin matices, que la muerte de Nisman fue un asesinato ligado a su trabajo como fiscal.
- El aniversario la encuentra en un tono de aceptación personal, tras priorizar durante años la contención de sus hijas.
- La jueza afirma que la experiencia transformó su mirada sobre la Justicia y el rol de las víctimas.
- Se muestra conforme con el avance actual de la investigación judicial, aunque reconoce sus límites.
- Atribuye el crimen a la intervención de servicios de inteligencia locales, por la complejidad de las maniobras detectadas.
- Destaca como hecho inédito el reconocimiento presidencial del asesinato en el décimo aniversario del caso.
A once años de la muerte violenta del fiscal Alberto Nisman, Sandra Arroyo Salgado vuelve a ocupar el centro de la escena pública, no solo por su vínculo personal con el caso, sino por la mirada que construyó desde un doble rol: el de ex esposa y madre de sus hijas, y el de jueza federal con casi dos décadas de trayectoria. Su testimonio ofrece una síntesis poco habitual entre lo íntimo y lo institucional, atravesada por una certeza que no se modificó con el paso del tiempo: Nisman fue asesinado.
El nuevo aniversario encuentra a Arroyo Salgado en un registro distinto al de otros años. Habla de paz y aceptación, sin negar el dolor ni los recuerdos que aún la conmueven. Desde aquel 18 de enero de 2015, su prioridad fue sostener a Iara y Kala, entonces adolescentes, y evitar que la tragedia las quebrara. “Mi misión fue que crecieran sanas, íntegras, con valores”, sostuvo. Hoy, con sus hijas ya adultas, describe ese camino como un proceso arduo, sostenido por la familia, la educación pública, el deporte y el acompañamiento profesional.
La experiencia personal, reconoce, modificó su forma de ejercer la magistratura. A punto de cumplir 20 años como jueza, Arroyo Salgado afirma que hoy pone el foco en la víctima, una figura que, según advierte, suele quedar relegada en los procesos judiciales. Esa transformación no es teórica: nace del contacto directo con el dolor, la espera y la falta de respuestas que atraviesan quienes quedan del lado más vulnerable del sistema.
En el plano judicial, la jueza se mostró conforme con el rumbo actual de la investigación que llevan adelante el juez Julián Ercolini y el fiscal Eduardo Taiano. Destacó que distintas instancias confirmaron que la muerte de Nisman fue un homicidio directamente vinculado a su trabajo como fiscal, y valoró que la prueba haya sido analizada de manera integral. Esa confirmación fue clave para que, en 2018, decidiera dejar sin efecto la querella y concentrarse en la reconstrucción personal y familiar.
Arroyo Salgado nunca dudó de la hipótesis del asesinato. Desde el primer momento, explica, la presencia de un arma y la sucesión de irregularidades previas al ingreso al departamento descartaron cualquier otra posibilidad. Su convicción se reforzó con el análisis posterior de las pruebas: maniobras de borrado de información, alteración de registros informáticos y movimientos telefónicos que, a su entender, solo pudieron ser realizados por personas entrenadas. Para ella, sin la intervención de sectores de los servicios de inteligencia locales, el crimen no hubiera sido posible.
El paso del tiempo no disipó, sin embargo, las limitaciones de la causa. La magistrada se muestra realista sobre las dificultades para identificar a todos los responsables, especialmente por los errores y omisiones en los primeros momentos de la investigación. Aun así, considera que el expediente está bien orientado y que se intenta profundizar en las responsabilidades de quienes estuvieron activos ese fin de semana.
El testimonio también refleja una lectura política del caso, siempre desde su perspectiva personal. Arroyo Salgado recordó el intento frustrado de un encuentro con Cristina Kirchner tras la muerte de Nisman y explicó por qué lo rechazó. En contraste, destacó el comunicado oficial emitido al cumplirse diez años del hecho, ya bajo el gobierno de Javier Milei, como el primer pronunciamiento presidencial que habló explícitamente de asesinato y se alineó con lo establecido por la Justicia.
Once años después, Arroyo Salgado aparece como una figura atravesada por la tragedia, pero también fortalecida por ella. Madre, jueza y testigo central de uno de los casos más sensibles de la democracia argentina, sostiene que el legado de Nisman es el de no ceder ante el miedo y afirmar que todos son iguales ante la ley, incluso quienes ejercen el máximo poder del Estado.