El accesorio veraniego que puede costar una multa

En una de las islas más exclusivas del Mediterráneo, famosa por su glamour, sus paisajes y su turismo de lujo, caminar también tiene reglas. Y no cualquier regla: allí, usar sandalias ruidosas puede ser motivo de sanción.

La normativa, que sorprende a miles de turistas cada año, busca preservar la tranquilidad del lugar y proteger a sus residentes del ruido constante que genera el turismo masivo. Las sandalias con suelas duras, especialmente aquellas que golpean fuerte contra el suelo, fueron señaladas como una fuente inesperada —pero persistente— de contaminación sonora.

El espíritu de la norma no apunta a la moda, sino al sonido. En calles angostas y empedradas, el eco de pasos repetidos durante todo el día puede volverse molesto, especialmente en horarios de descanso. Por eso, las autoridades locales decidieron intervenir con una regulación tan específica como llamativa.

Aunque no se trata de una ley aplicada de forma estricta o permanente, existen ordenanzas municipales que habilitan advertencias e incluso multas en casos de ruidos reiterados. Más que castigar, la intención es generar conciencia y mantener la imagen de un destino exclusivo, elegante y tranquilo.

La medida suele aparecer en rankings de leyes insólitas del mundo y provoca reacciones divididas: algunos la consideran una exageración absurda; otros la ven como una forma creativa de proteger la convivencia.

Lo cierto es que, en esta isla italiana, el lujo no solo se ve: también se escucha… o mejor dicho, se intenta no escuchar. Y a veces, el silencio vale más que cualquier sandalia de moda.