Grietas sindicales ante la reforma laboral: la CATT se despega del paro impulsado por la UOM y apuesta a la estrategia de la CGT
- La UOM impulsa un paro sin el aval formal de la CGT
- La CATT rechaza la iniciativa y prioriza una estrategia orgánica
- El foco del conflicto es la reglamentación del derecho de huelga
- El proyecto fija servicios mínimos del 75% y 50% según la actividad
- Dentro de la CATT conviven posturas moderadas y más confrontativas
- El debate sindical se intensifica a medida que avanza la reforma en el Senado
La ofensiva sindical contra la reforma laboral del Gobierno sumó un nuevo capítulo marcado por tensiones internas y estrategias contrapuestas. Sin el aval de la CGT, el secretario general de la UOM, Abel Furlán, convocó para este miércoles a distintos gremios con el objetivo de definir un paro con movilización contra el proyecto oficial. Sin embargo, la iniciativa no contará con el respaldo de la Confederación de Trabajadores del Transporte (CATT), uno de los espacios más poderosos del sindicalismo, que cuestiona el carácter “inorgánico” de la propuesta y prefiere, al menos por ahora, encolumnarse detrás de la central obrera.
La decisión de la CATT no implica un alineamiento con el Gobierno, sino una diferencia táctica respecto de los tiempos y las formas de la protesta. Los líderes de la confederación, que agrupa a los principales gremios del transporte terrestre, aéreo, marítimo y portuario, resolvieron convocarse a principios de febrero para analizar cómo frenar la reforma laboral. La prioridad será acompañar la estrategia de la CGT y evaluar el resultado de las negociaciones que la central retomará esta semana con el oficialismo, en momentos en que el proyecto ya se encuentra en el Senado.
Al frente de la CATT se encuentra Juan Carlos Schmid, dirigente histórico del sector y referente del ala más dura del sindicalismo. Desde su entorno dejaron en claro que la confederación mantendrá reuniones con gobernadores, legisladores y otros actores políticos, replicando el esquema de presión institucional que impulsa la CGT. “Actuaremos siempre dentro de la CGT porque, más allá de las diferencias que podamos tener, hoy tenemos que estar todos juntos contra la reforma laboral”, sintetizó un dirigente del espacio.
El eje central de la preocupación de la CATT es el artículo del proyecto que reglamenta el derecho de huelga en actividades consideradas esenciales o de “importancia trascendental”, con un impacto directo sobre el transporte. Ese punto, que retoma disposiciones incluidas en el DNU 70 y en el decreto 340 —ambos frenados por la Justicia—, introduce cambios sustanciales sobre la Ley 25.877, vigente desde 2004. En concreto, fija que en los servicios esenciales no podrá negociarse una cobertura menor al 75% de la prestación normal, mientras que en las actividades de importancia trascendental el piso será del 50%.
El listado de servicios esenciales abarca desde la salud y la educación hasta la energía, las telecomunicaciones, la aeronáutica comercial, los servicios portuarios, aduaneros y migratorios, el transporte marítimo y fluvial y la recolección de residuos. En tanto, entre las actividades consideradas de importancia trascendental figuran el transporte terrestre y subterráneo, los medios de comunicación, la industria pesada, la cadena alimenticia, la minería, la logística, los servicios bancarios y financieros, el comercio electrónico y la producción destinada a exportaciones.
Para la CATT, este esquema implica una restricción severa del derecho de huelga y sienta un precedente que podría vaciar de contenido una de las principales herramientas de presión sindical. Por eso, aunque hoy prioriza la vía orgánica de la CGT, no descarta avanzar con medidas propias si el artículo no es eliminado o modificado. “Si ese punto no se toca, vamos a defender nuestra postura con todos los recursos que tengamos a mano”, advirtieron desde la confederación.
La posición de Schmid es compartida por otros dirigentes de peso dentro de la CATT, como Omar Pérez, de Camioneros, y Juan Pablo Brey, de los aeronavegantes. Sin embargo, puertas adentro conviven miradas más confrontativas. Referentes como Pablo Biró, de los pilotos; Edgardo Llano, de la Asociación del Personal Aeronáutico; Paola Barrita, de ATEPSA; Néstor Segovia, de los metrodelegados, y Graciela Aleñá, de los viales, evalúan sumarse a la iniciativa de Furlán y avanzar con un paro general cuando el Senado comience a debatir la reforma.
Biró ya expresó públicamente su impaciencia frente a una estrategia que considere demasiado gradual. Según planteó, las bases sindicales reclaman respuestas concretas y medidas de fuerza. Sin cuestionar la conducción de la CGT, el dirigente sostuvo que solo un plan de lucha sostenido, con paros nacionales, puede modificar la correlación de fuerzas frente al Gobierno.
Así, mientras el oficialismo acelera su agenda legislativa, el movimiento sindical exhibe una postal de unidad discursiva contra la reforma laboral, pero con fisuras crecientes en torno a la táctica. La pulseada no solo se juega en el Congreso, sino también en la capacidad de los gremios de coordinar una respuesta común frente a un proyecto que amenaza con redefinir las reglas del conflicto laboral.