Cruce político por Palantir: acusaciones de espionaje y una respuesta directa desde el entorno presidencial
- La oposición denunció una supuesta contratación de Palantir y pidió informes al Ejecutivo
- El peronismo asocia a la empresa con tareas de inteligencia y riesgos para los derechos civiles
- Santiago Caputo negó que Palantir opere en la Argentina o que exista un contrato vigente
- El Gobierno afirma que se trata de software de análisis de datos, no de espionaje
- El cruce se dio en redes sociales y elevó el tono de la discusión política
- El debate reabre la discusión sobre tecnología, seguridad y control democrático
Una nueva polémica se abrió en el escenario político luego de que sectores del peronismo denunciaran que el Gobierno nacional habría contratado a una empresa vinculada a tareas de espionaje, una acusación que fue rechazada de plano desde el círculo más cercano al presidente Javier Milei. El eje de la controversia es Palantir, una compañía tecnológica de origen estadounidense, cuya supuesta participación en tareas de inteligencia encendió alarmas en la oposición y derivó en un pedido formal de informes al Poder Ejecutivo.
El planteo fue impulsado por un grupo de diputados nacionales que reclamaron precisiones sobre eventuales contratos con la firma, a la que asocian con agencias de seguridad e inteligencia de Estados Unidos. Según sostienen, Palantir mantiene vínculos con organismos como la CIA y con estructuras de seguridad utilizadas durante la presidencia de Donald Trump, lo que, a su entender, habilitaría un esquema de vigilancia incompatible con el sistema democrático argentino.
Desde la oposición, el argumento central gira en torno al perfil de la empresa y a sus antecedentes internacionales. Legisladores peronistas advirtieron que la sola incorporación de herramientas tecnológicas desarrolladas por una firma con ese historial podría derivar en un avance indebido sobre los derechos civiles. En ese marco, el diputado Hugo Yasky expresó públicamente su preocupación y presentó el tema como una amenaza potencial a las libertades individuales, al señalar que se trata de una corporación creada con apoyo de sectores ligados a la inteligencia estadounidense y utilizada, según su visión, para políticas de control migratorio polémicas.
El discurso opositor buscó así instalar la idea de un paralelismo entre la política de seguridad del actual gobierno argentino y las experiencias más controvertidas del trumpismo. En ese relato, la eventual contratación de Palantir se inscribe en una estrategia más amplia de fortalecimiento del aparato de inteligencia, potenciada —según denuncian— por decretos recientes vinculados a la reorganización de los servicios de información del Estado.
La reacción del oficialismo no tardó en llegar y fue particularmente enfática. Santiago Caputo, asesor presidencial y una de las figuras con mayor influencia en el esquema de poder libertario, salió a desmentir las acusaciones con dureza y cuestionó la veracidad de la información difundida. En un intercambio en redes sociales, negó de manera categórica que Palantir opere en la Argentina o que haya sido contratada por el Gobierno, y sostuvo que se trata de una empresa dedicada al desarrollo de software de análisis y cruce de datos, no a tareas de espionaje.
Caputo también apuntó contra la interpretación que equipara el uso de tecnología de gestión de información con actividades de inteligencia clandestina. Según su visión, el espionaje no reside en las herramientas informáticas sino en la obtención ilegal de datos en su origen, algo que —remarcó— no está habilitado por la normativa vigente. En esa línea, rechazó que el decreto vinculado a la SIDE implique la creación de una “policía secreta” y relativizó las comparaciones con organismos estadounidenses como el ICE.
El cruce expuso, una vez más, la tensión entre un Gobierno que reivindica la modernización del Estado y el uso de tecnología para mejorar la gestión, y una oposición que observa en esos movimientos un riesgo de concentración de poder y de avance sobre garantías individuales. Mientras el oficialismo insiste en que no existe contrato alguno y acusa a sus críticos de desinformar, el peronismo reclama mayor transparencia y control parlamentario sobre cualquier iniciativa vinculada a datos sensibles.
Más allá del intercambio verbal, el episodio reavivó un debate de fondo sobre los límites del uso de tecnología en la administración pública, el rol de las empresas privadas en el manejo de información estatal y la necesidad de mecanismos de supervisión claros. En un contexto de alta polarización, la discusión por Palantir se suma a una lista creciente de controversias donde seguridad, datos y política se entrelazan, y promete seguir escalando en el Congreso si el Ejecutivo no brinda las respuestas formales solicitadas.