POLÍTICA Por Juan Palos

La foto que no fue y los gestos que Santa Fe espera

Por Juan Palos

En política, muchas veces lo más importante no es la foto que se saca, sino la que se posterga. La imagen ausente entre Maximiliano Pullaro y la Casa Rosada dice más que cualquier comunicado oficial. No hubo postal, pero sí hay diálogo. Y en la Argentina de Javier Milei, dialogar ya es una forma de resistencia institucional.

Detrás del telón, Pullaro y Diego Santilli hablan. Hablan seguido. Buscan puentes. Intentan que la Casa Gris no quede aislada de la Casa Rosada. No es amor, es necesidad. No es afinidad ideológica, es supervivencia política. El gobernador radical sabe que con Milei no se negocia con gestos simbólicos: se negocia con hechos concretos.

Y hay uno que pesa como una montaña: la deuda previsional. Más de mil millones de dólares. Dos billones de pesos. Una cifra que asusta, que incomoda y que la Nación prefiere mirar de reojo. Santa Fe no pide favores, reclama lo suyo. Pero en tiempos libertarios, cobrar una deuda parece un acto revolucionario.

Pullaro no pide milagros. Pide señales. Dos, para empezar: que se destraben las viviendas del Procrear paralizadas desde hace una década y que la Nación transfiera edificios ociosos dentro del territorio santafesino. Migajas si se las compara con la deuda real, pero suficientes para mostrar que la relación no está rota.

Porque en la política del ajuste, el gesto vale más que el monto. Y el gobernador lo sabe. No quiere quedar atrapado en la lógica del trueque obsceno: “yo te voto leyes y vos me das fondos”. Quiere evitar la foto del toma y daca. Quiere una foto con contenido. Un mimo institucional, aunque sea mínimo.

Mientras tanto, Pullaro juega otro partido en paralelo: Provincias Unidas. Un armado que piensa para 2026, cuando la espuma libertaria baje y las provincias vuelvan a reclamar protagonismo. La visita a Córdoba, el abrazo con Llaryora en Cosquín, la escena federal antes que la sumisión porteña. Nada es casual. Todo es mensaje.

La política argentina se mueve hoy entre dos tensiones: el centralismo de Milei y la paciencia estratégica de los gobernadores. Santa Fe no quiere confrontar, pero tampoco rendirse. No quiere una guerra, pero tampoco ser invisible.

La foto no fue. Todavía.
Tal vez llegue cuando la Nación empiece a pagar lo que debe.
Tal vez llegue cuando el federalismo deje de ser una palabra linda y vuelva a ser una práctica real.

Hasta entonces, Pullaro juega a dos bandas: diálogo con la Rosada y construcción con las provincias. En silencio, sin selfies, pero con agenda. Porque en este tiempo extraño, la política volvió a ser eso: esperar gestos en un país que ya no regala nada.

Y la foto, cuando llegue, no será un acto de amistad. Será un acto de conveniencia. Como casi todo en la Argentina.