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Un debut diplomático con tropiezos y sarcasmo: el primer día de Fernando Iglesias en Bélgica

  • Fernando Iglesias tuvo un inicio de gestión accidentado como embajador en Bélgica.
  • El propio funcionario relató una serie de errores por desconocer rutinas diplomáticas.
  • Quedó momentáneamente fuera de la embajada sin llaves ni teléfono.
  • El relato generó burlas y críticas en redes sociales.
  • Iglesias respondió con ironía y confrontación política.
  • Su debut reabrió el debate sobre designaciones políticas en cargos diplomáticos.

El inicio de la gestión de Fernando Iglesias como embajador argentino en Bélgica no pasó inadvertido. Lejos de un desembarco protocolar y silencioso, el exdiputado protagonizó una serie de situaciones inesperadas que él mismo se encargó de relatar públicamente, combinando anécdotas, ironía y una dosis de confrontación política. El episodio, rápidamente amplificado en redes sociales, derivó en burlas, críticas y respuestas del propio funcionario.

Recién llegado a Bruselas y antes de que su familia se instalara en el país, Iglesias decidió presentarse un domingo en la sede diplomática para comenzar con sus tareas. La jornada, que pretendía ser una muestra de compromiso y dedicación, se transformó en una sucesión de contratiempos que expusieron su falta de familiaridad con la dinámica cotidiana de una embajada.

Según contó, apenas ingresó al edificio activó sin querer el sistema de alarma. Tras algunos minutos de tensión, logró desactivarlo antes de que interviniera la policía local. Sin embargo, el problema no terminó allí. Más tarde, al ingresar al baño, se encontró con una situación tan inesperada como incómoda: no sabía que para salir necesitaba una tarjeta de seguridad. Sin esa credencial, se vio obligado a abandonar el sector por una escalera de emergencia, lo que lo dejó fuera del edificio.

La escena continuó en el exterior, donde el flamante embajador quedó en la calle, con ropa liviana, a baja temperatura y sin acceso a sus pertenencias. Sin teléfono, sin llaves y sin posibilidad de volver a ingresar a la sede ni a su vivienda, tuvo que recurrir a la ayuda de terceros. Iglesias relató que logró comunicarse con la cónsul argentina gracias al teléfono que le prestaron empleadas de una panadería cercana, quienes se convirtieron en improvisadas aliadas en medio del desconcierto.

El propio funcionario narró el episodio con tono burlón y se refirió a su experiencia como un “extraordinario debut”, apelando al sarcasmo para relativizar los errores cometidos. La publicación no tardó en viralizarse y generó una catarata de reacciones. Mientras algunos usuarios tomaron la historia como una anécdota simpática, otros cuestionaron con dureza la falta de conocimiento sobre los protocolos básicos de una representación diplomática.

Las críticas no se limitaron a los aspectos operativos. En redes sociales, varios comentarios apuntaron a su perfil político y a su designación como embajador, poniendo en duda su idoneidad para el cargo. Lejos de optar por el silencio, Iglesias decidió responder. Contestó mensajes individuales y luego publicó un descargo general, fiel a su estilo confrontativo.

En ese mensaje, volvió a utilizar la ironía para cargar contra sus detractores, a quienes identificó como opositores políticos. Con un tono provocador, sugirió que quienes lo criticaban se presentaban como expertos en cuestiones técnicas y administrativas, al tiempo que atribuía sus frustraciones personales al rumbo político actual del país. El texto reavivó la polémica y profundizó la discusión en el plano ideológico, desplazando el foco de la anécdota inicial hacia una disputa política más amplia.

El episodio dejó al descubierto las tensiones que suelen rodear a las designaciones diplomáticas de perfil político y la exposición permanente que implican las redes sociales para los funcionarios públicos. También mostró la decisión del nuevo embajador de asumir su rol sin modificar el estilo que lo caracterizó durante su etapa legislativa, combinando humor, provocación y confrontación directa.

Más allá del tono anecdótico, el comienzo de la gestión de Iglesias en Bélgica plantea interrogantes sobre cómo será su desempeño en un ámbito que exige manejo institucional, discreción y conocimiento del protocolo diplomático. Por ahora, su llegada quedó marcada por un debut tan accidentado como ruidoso, que lo puso en el centro de la escena desde el primer día.