RAFAELA R24N

Una ciudad no se gobierna con palabras

A una ciudad no se la gobierna con discursos. Se la gobierna con hechos. Con planificación. Con presencia. Con decisiones. Rafaela hoy es la prueba viva de lo que ocurre cuando se confunde comunicar con gobernar y anunciar con gestionar.

No es cuestión de hablar, es cuestión de hacer. Los problemas reales de la gente —la seguridad, la limpieza, el tránsito— no se resuelven con conferencias ni con slogans. Se resuelven con una gestión ordenada, coherente y con un plan concreto. Y ese plan, en Rafaela, no aparece.

El principal problema de la actual administración municipal es la ausencia de un proyecto claro de gobierno. No hay rumbo. No hay prioridades visibles. No hay una estrategia integral para enfrentar los desafíos cotidianos de la ciudad. Por eso la gestión deja tanto que desear.

Rafaela está sucia.
Rafaela está descuidada en sus barrios.
Rafaela es insegura.
Y en Rafaela no se respetan las normas de tránsito.

No por casualidad, sino por falta de políticas públicas serias y sostenidas. Por falta de interés en generarlas y, sobre todo, por falta de capacidad para hacerlo.

Gobernar no es ocupar cargos, es ejercerlos con idoneidad. Los puestos públicos deben ser ocupados por personas capacitadas, no por amigos ni por compromisos políticos. La ciudad necesita funcionarios que sepan lo que hacen, no administradores del silencio. Sin embargo, en Rafaela parece regir otra premisa: primero la conveniencia política, después las necesidades de los vecinos.

Desde el gobierno municipal nada se dice.
Desde la gestión nada se explica.
Y, lo que es peor, nada se resuelve.

Hay una decisión implícita de evitar el conflicto, de no incomodar, de no reclamar, de no asumir costos políticos. Es más importante quedar bien que hacer bien. Es más importante sostener equilibrios políticos que defender a los vecinos.

Así no se gobierna una ciudad.
Se la abandona.