OPINIÓN José ZIMERMAN

Hamás crece en intención de voto en Palestina, y Abbas prohíbe su participación en las elecciones

El presidente de la Autoridad Palestina (AP), Mahmud Abbas y el líder del grupo terrorista Hamás, Khaled Mashal

El presidente de la Autoridad Palestina (AP), Mahmud Abbas, se encuentra en una encrucijada histórica. En un intento por consolidar una futura gobernanza para los territorios palestinos y lograr el apoyo internacional necesario para consolidarse como país independiente, Abbas ha intensificado sus esfuerzos para impedir que Hamás participe en cualquier proceso electoral venidero.

El veterano líder, de 89 años, ha firmado una enmienda electoral en la que exige que cualquier partido que aspire a formar parte del gobierno debe adherirse a los compromisos internacionales, reconocer al Estado de Israel y renunciar al terrorismo, una condición diseñada específicamente para excluir al grupo terrorista del tablero político.

¿El problema?: la intención de voto entre los palestinos a favor del grupo terrorista ronda el 60%.

El trauma de 2006 y la sombra de la guerra civil

Las últimas elecciones nacionales, celebradas en enero de 2006, resultaron en una victoria aplastante para Hamás, que obtuvo 74 de los 132 escaños del Consejo Legislativo, superando al partido oficialista Fatah. Lo que comenzó como un ejercicio democrático derivó rápidamente en el caos.

La comunidad internacional cortó la ayuda financiera tras el triunfo del grupo terrorista, y las tensiones internas estallaron en una guerra civil fratricida en 2007. El conflicto culminó con la expulsión violenta de las fuerzas de Fatah de la Franja de Gaza, dejando al pueblo palestino dividido bajo dos administraciones paralelas: Abbas en Cisjordania y Hamás en Gaza. Desde entonces, Abbas ha pospuesto o cancelado sistemáticamente los llamados a las urnas para evitar que la historia se repita y Hamás vuelva a triunfar en las urnas.

El dilema democrático: Un pueblo que apoya el terrorismo y la guerra

El mayor obstáculo para los planes de Abbas es la alarmante desconexión entre su administración y el sentimiento popular. Según las encuestas más recientes del Centro Palestino de Investigación de Políticas y Encuestas (PCPSR) —la fuente más respetada en la región—, el apoyo a Hamás ha experimentado un crecimiento notable, especialmente tras la masacre del 7 de octubre.

Los sondeos de finales de 2025 indican que la satisfacción con el desempeño de Hamás ronda el 60%, mientras que la aprobación de Abbas ha caído a niveles mínimos del 21%.

En Cisjordania, más del 90% de los encuestados ha solicitado la dimisión de Abbas en diversos periodos, evidenciando un vacío de legitimidad que el presidente intenta llenar mediante decretos y mecanismos de sucesión unilateral.

Cuando se le preguntó al público encuestado si apoyaba o se oponía al desarme de Hamas en la Franja de Gaza para poner fin de forma permanente a la guerra en la Franja de Gaza, una abrumadora mayoría del 69% (87% en Cisjordania y 55% en la Franja de Gaza) dijo que se oponía a ello; sólo el 29% lo apoyaba.

Video que muestra el secuestro de Yarden Bibas, padre israelí-argentino de los niños Bibas, por parte de civiles palestinos.

Un estado sin "extremismo"

En sus recientes intervenciones ante la Asamblea General de la ONU, Abbas ha sido enfático: el futuro Estado palestino debe ser "moderno, civil y sin armas ni extremismo". Al exigir que todas las facciones entreguen sus armas a la AP, busca neutralizar la capacidad operativa de Hamás antes de cualquier votación.

Sin embargo, para muchos palestinos, Hamás representa la "resistencia armada" frente a una Autoridad Palestina percibida como ineficiente y colaboracionista. Mientras Abbas intenta legislar la exclusión del grupo, las encuestas sugieren que, si las elecciones fueran hoy, Hamás volvería a dominar el panorama legislativo.

El desafío de Abbas es monumental: ¿cómo convocar a la democracia en un escenario donde el electorado parece inclinarse por la opción que él intenta proscribir?

De momento el clamor popular del pueblo palestino choca con la visión de Abbas de un país moderno y democrático.