Dólar en calma vigilada: las variables que sostienen —o ponen en riesgo— el equilibrio cambiario
- La estabilidad del dólar se explica por la interacción entre liquidez, reservas y tasas.
- La corrección reciente de las tasas buscó alinearlas con inflación y riesgo país.
- Se redujo el colchón de pesos que amortiguaba shocks en el mercado.
- La posición de caja del Tesoro condiciona la dinámica de corto plazo.
- La acumulación de reservas volvió a ser la principal señal exigida por el mercado.
- La calma cambiaria es transitoria si no se consolida la mejora del balance externo.
El mercado cambiario atraviesa un período de aparente tranquilidad, pero la atención ya no está puesta únicamente en el valor del dólar. La estabilidad dejó de ser leída como un dato en sí mismo y pasó a analizarse como el resultado de un delicado equilibrio entre pesos y dólares. En ese tablero, tres variables concentran hoy la mirada de los analistas: la liquidez en moneda local, la evolución de las reservas internacionales y el nivel de la tasa de interés. La consistencia —o fragilidad— de ese triángulo define si la calma puede sostenerse o si el tipo de cambio volverá a tensionarse.
La lectura dominante es que el equilibrio no depende de una sola palanca. La estabilidad puede perdurar si el programa económico muestra resultados concretos en el frente externo y si el costo del dinero en pesos se mantiene alineado con la inflación, las expectativas y el riesgo país. Cuando alguno de esos factores se desajusta, la demanda de cobertura reaparece y el dólar recupera protagonismo.
En ese marco, el “precio del peso” volvió al centro del análisis. El aumento de la inflación mensual hacia fines del año pasado y la revisión al alza de las expectativas cambiaron el contexto. Tras las elecciones, las tasas en pesos habían registrado una fuerte compresión, con la intención de estimular la actividad. Sin embargo, esa baja resultó difícil de justificar en un escenario donde la nominalidad no cedía y el riesgo país permanecía elevado. La corrección llegó por el lado de las tasas, que en las últimas semanas volvieron a niveles más compatibles con el resto de las variables financieras.
El razonamiento de los economistas parte de un principio clásico: para que no se generen presiones cambiarias, el rendimiento en pesos debe compensar tanto el riesgo de devaluación como la probabilidad de incumplimiento. Si esas expectativas no mejoran, una tasa demasiado baja se transforma en un incentivo a dolarizar portafolios. En ese sentido, el reciente rebote del rendimiento en moneda local aparece como una respuesta defensiva del sistema para preservar el equilibrio.
A la vez, la “micro” del mercado empezó a ganar peso. Una de las novedades más relevantes fue la reducción del colchón de liquidez que actuaba como amortiguador. Los pasivos remunerados del Banco Central, que habían funcionado como un gran reservorio de pesos, se redujeron de manera drástica en pocas semanas. Parte de ese drenaje se explicó por el aumento del circulante y por operaciones del propio BCRA en el mercado secundario, lo que dejó al sistema con menor margen para absorber shocks sin impacto inmediato en las tasas.
Otro dato seguido de cerca es la posición de caja del Tesoro. La caída de sus depósitos en el Banco Central limitó el espacio para administrar pagos y compras de divisas de manera gradual. Con vencimientos en dólares en el corto plazo y una posición inicial acotada, el mercado entiende que la estabilidad depende cada vez más de una gestión fina de la liquidez.
En este contexto, las reservas volvieron a ser la condición que exige el mercado. Si bien en las últimas semanas el Banco Central retomó las compras netas de dólares, el punto de partida es bajo y obliga a sostener el esfuerzo. La acumulación de reservas dejó de ser un objetivo postergable: es la señal que los inversores reclaman para seguir comprimiendo el riesgo país y extender la calma cambiaria.
La procedencia de los dólares también importa. Una parte de la oferta reciente provino del endeudamiento del sector privado y del aumento del crédito bancario en moneda extranjera. Son flujos que ayudan, pero dependen de condiciones financieras que pueden cambiar. El superávit comercial, aunque relevante, muestra una composición concentrada en el sector energético, lo que no elimina los desafíos del corto plazo.
En definitiva, el dólar permanece estable mientras el mercado perciba coherencia entre tasas, reservas y riesgo. Esa quietud no es permanente: es condicional. Si el triángulo se sostiene, la calma puede extenderse. Si alguna de sus patas cede, el equilibrio deja de ser tal y la transición se vuelve inevitable.