POLÍTICA Agencia de Noticias del Interior

Cruce sin tregua entre Milani y Sáenz: el peronismo vuelve a discutir poder, lealtades y símbolos

  • El enfrentamiento se originó por críticas a la intervención del PJ de Jujuy y a sanciones internas.
  • Sáenz denunció prácticas autoritarias dentro del peronismo y defendió a dirigentes sancionados.
  • Milani cuestionó al gobernador por criticar al kirchnerismo y, a la vez, dialogar con el Gobierno nacional.
  • El cruce incluyó descalificaciones personales y una fuerte carga simbólica e histórica.
  • La discusión expuso tensiones sobre el rol de las provincias frente al Ejecutivo libertario.
  • El episodio refleja las disputas abiertas por la conducción y el rumbo futuro del peronismo.

La interna del peronismo sumó en las últimas horas un nuevo capítulo de alta tensión, esta vez protagonizado por el ex jefe del Ejército César Milani y el gobernador de Salta, Gustavo Sáenz. El intercambio, que se desarrolló a través de redes sociales, combinó acusaciones políticas, reproches personales y disputas simbólicas que exceden el plano individual y vuelven a poner en escena el debate sobre la conducción del PJ, la relación con el Gobierno nacional y los límites del alineamiento interno.

El punto de partida fue una crítica pública de Sáenz al aval que el kirchnerismo dio a la intervención del Partido Justicialista de Jujuy y a las sanciones aplicadas a dirigentes que votaron leyes impulsadas por el oficialismo libertario. En ese mensaje, el mandatario salteño denunció una práctica que calificó como autoritaria dentro del partido y defendió a los legisladores sancionados por apartarse de la línea impuesta desde la conducción nacional del PJ.

La reacción de Milani no tardó en llegar. El ex jefe del Ejército cuestionó con dureza la postura del gobernador y lo acusó de confrontar con Cristina Fernández de Kirchner mientras, en paralelo, mantenía una actitud complaciente frente a Javier Milei. En ese marco, lo descalificó con una expresión que funcionó como disparador del conflicto: lo llamó “guapo de papel”, en alusión a lo que interpretó como una valentía discursiva sin correlato político real.

Sáenz respondió elevando el tono. Retrucó el agravio calificando a Milani como “guapo de cuartel” y defendió su posición apelando a la figura histórica de Martín Miguel de Güemes, a quien presentó como símbolo de coraje y autonomía frente al poder central. Esa referencia fue rápidamente rechazada por el ex militar, que le pidió al gobernador “bajarse del pony” y lo acusó de no representar ni remotamente la herencia del caudillo salteño.

El intercambio escaló aún más cuando Milani ironizó sobre la relación de Sáenz con la Casa Rosada, sugiriendo que el mandatario provincial cede ante los pedidos del Gobierno nacional. La crítica apuntó de lleno a uno de los ejes más sensibles del debate actual en el peronismo: hasta dónde acompañar iniciativas del Ejecutivo libertario sin quedar asociado a un esquema de subordinación política.

En ese contexto, la discusión derivó hacia el terreno simbólico. Sáenz había contrastado el “poncho” salteño con el uniforme militar, estableciendo una supuesta superioridad moral del primero como emblema popular. Milani recogió el guante y respondió con un reproche institucional: sostuvo que ese tipo de expresiones no solo lo ofendían a él, sino que implicaban un agravio a las Fuerzas Armadas y a una tradición histórica vinculada también al peronismo, al recordar que Juan Domingo Perón vistió ese mismo uniforme.

Lejos de apaciguarse, el cruce continuó con nuevas réplicas. El gobernador acusó a su interlocutor de tergiversar sus dichos y de recurrir a argumentos de mala fe. Al mismo tiempo, insistió en marcar una diferencia entre el presente democrático y un pasado asociado a jerarquías verticales y prácticas autoritarias, subrayando que su legitimidad proviene del voto popular y de la representación de los intereses provinciales.

Más allá del tono personal, el episodio dejó al descubierto fisuras más profundas. La intervención del PJ jujeño, las sanciones a dirigentes que acompañaron leyes clave del oficialismo y las críticas al liderazgo de Cristina Kirchner funcionan como telón de fondo de una discusión mayor: cómo reordenar el peronismo en un escenario político dominado por Milei y atravesado por gobernadores que buscan preservar márgenes de autonomía.

El cruce entre Milani y Sáenz, amplificado por las redes, no parece ser un hecho aislado sino un síntoma de ese reacomodamiento en curso, donde conviven viejas lealtades, nuevas estrategias y una disputa abierta por el sentido del poder dentro del movimiento.