Plan Bandera en Rosario, silencio en Rafaela
Con bombos, platillos y una puesta en escena cuidadosamente diseñada, el gobernador Maximiliano Pullaro encabezó este martes en Rosario la entrega de 100 camionetas 0 km para el patrullaje de fuerzas federales, en el marco del denominado Plan Bandera. A su lado, la ministra de Seguridad de la Nación, Alejandra Monteoliva, funcionarios provinciales y nacionales, legisladores y jefes de fuerzas celebraron lo que definieron como un hito en la lucha contra el delito y el narcotráfico en Santa Fe.
El mensaje fue claro y repetido: articulación entre Nación y Provincia, decisión política y un supuesto “derrumbe del delito” que, según Pullaro, nadie creía posible ni en Argentina ni en América Latina. Rosario como vidriera del éxito. Rosario como ejemplo. Rosario como epicentro de todos los esfuerzos.
Pero mientras en el Parque Independencia se repartían llaves, discursos y aplausos, hubo un nombre que no apareció en ningún tramo del acto: Rafaela.
La ciudad del oeste provincial, donde el delito se incrementa día a día, donde los robos, entraderas, hechos violentos y la sensación de desprotección se volvieron parte de la rutina, quedó completamente fuera del radar. No hubo mención, no hubo anuncios, no hubo siquiera una referencia lateral. Como si Rafaela no existiera o, peor aún, como si no importara.
Pullaro sostuvo que 2024 y 2025 fueron “los años menos violentos del siglo” en Santa Fe. La afirmación, contundente en el micrófono, contrasta con la realidad cotidiana de muchas ciudades del interior, donde los vecinos no ven derrumbes del delito, sino todo lo contrario. En Rafaela, la inseguridad avanza mientras las soluciones brillan por su ausencia y las respuestas oficiales llegan tarde, mal o nunca.
El gobernador agradeció a la Nación, a Patricia Bullrich, a Javier Milei y a la Legislatura por animarse a debatir leyes “que nadie se animaba” frente a lo que calificó como una corriente garantista. También ponderó el trabajo del Ministerio Público de la Acusación y de fiscales comprometidos. Todo válido. Todo necesario. Pero nuevamente, todo concentrado en Rosario y su área de influencia.
La pregunta es inevitable: ¿el Plan Bandera termina en el peaje de la autopista? ¿La seguridad es una prioridad solo cuando hay cámaras nacionales apuntando? ¿El interior productivo de la provincia debe conformarse con mirar por televisión cómo llegan recursos que nunca cruzan la General Paz… ni la Circunvalación rosarina?
Incluso el debate sobre la baja de la edad de imputabilidad, planteado con dureza por Pullaro, fue formulado desde la lógica del delito organizado rosarino, sin considerar que en ciudades como Rafaela también crecen los hechos protagonizados por jóvenes, en un contexto de ausencia del Estado, consumo problemático y falta de políticas preventivas reales.
Monteoliva habló de “otro rostro” de Rosario, de espacios públicos recuperados y de planificación. Ojalá. Pero en Rafaela, el rostro es el de vecinos cansados, comerciantes que cierran antes, barrios enteros que viven con miedo y una dirigencia que no logra —o no quiere— dar respuestas de fondo.
Las 100 camionetas entregadas son parte de un total de 720 adquiridas por la provincia. La pregunta que nadie respondió es cuántas de esas unidades llegarán al interior y cuándo. Porque mientras los discursos celebran estadísticas, en Rafaela la inseguridad no baja, no se planifica y no se patrulla con relatos.
El Plan Bandera podrá ser un éxito en Rosario. Pero si el gobierno provincial se olvida del resto de Santa Fe, el mensaje es claro: hay ciudadanos de primera y ciudadanos que deben arreglarse solos. Y eso, más temprano que tarde, también pasa factura.