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Gabriel Rabinovich y el hallazgo que reescribe el rol de una proteína clave en la lucha contra el cáncer

  • La Galectina-1 fue descubierta en los años noventa y regula la respuesta del sistema inmune.
  • Los tumores utilizan esta proteína para evadir el ataque de los linfocitos T y favorecer su crecimiento.
  • Un equipo argentino desarrolló un anticuerpo neutralizante para bloquear la acción de la Gal-1.
  • La investigación identificó el rol central de las células mieloides supresoras en la inmunosupresión y la angiogénesis.
  • Los niveles de Gal-1 podrían funcionar como biomarcador de mal pronóstico tumoral.
  • El avance se encuentra en etapa experimental y aún no cuenta con pruebas clínicas en humanos.

Después de más de tres décadas de investigación sostenida, una proteína descubierta en la Argentina volvió a colocarse en el centro de la escena científica internacional. Se trata de la Galectina-1 (Gal-1), una molécula estudiada desde principios de los años noventa por el inmunólogo Gabriel Rabinovich, que pasó de ser identificada como un freno natural del sistema inmune a convertirse en un blanco estratégico para nuevas terapias contra el cáncer y enfermedades autoinmunes.

El recorrido científico de la Gal-1 está marcado por una paradoja. En condiciones normales, esta proteína cumple un rol regulador: silencia linfocitos T activados para evitar respuestas inmunes desmedidas. Sin embargo, los tumores aprendieron a utilizar ese mismo mecanismo como una herramienta de supervivencia. Al valerse de la Galectina-1, las células cancerígenas logran desactivar la respuesta defensiva del organismo y crear un entorno favorable para su crecimiento.

El equipo liderado por Rabinovich avanzó en la comprensión de este proceso y dio un paso más: desarrollar un anticuerpo neutralizante capaz de bloquear la acción de la Gal-1. El objetivo es simple en su formulación, pero complejo en su ejecución: liberar al sistema inmune de ese freno artificial y potenciar su capacidad de ataque contra el tumor. Se trata de una estrategia que reconfigura el hallazgo original y propone una intervención directa sobre uno de los engranajes clave del microambiente tumoral.

Las investigaciones más recientes pusieron el foco en las células mieloides supresoras, conocidas como MDSCs. Estas células, producidas en la médula ósea, cumplen funciones defensivas en situaciones normales, pero dentro del tumor se transforman en aliadas del cáncer. El trabajo del grupo argentino mostró cómo, al ingresar al microambiente tumoral, las MDSCs modifican su superficie con azúcares que facilitan la unión con la Galectina-1, activando simultáneamente dos procesos críticos: la inmunosupresión y la angiogénesis.

La angiogénesis —la formación de nuevos vasos sanguíneos— es esencial para que los tumores se nutran y se expandan. Al mismo tiempo, la inhibición de los linfocitos T reduce la capacidad del organismo para reconocer y destruir células malignas. El hallazgo permitió describir con precisión un circuito molecular que conecta ambos fenómenos y ubica a la Gal-1 como una suerte de “capitana” de ese entramado biológico.

Frente a la dificultad de bloquear los azúcares involucrados en la interacción, el equipo optó por ir al centro del sistema: neutralizar directamente la Galectina-1. El anticuerpo desarrollado mostró, en modelos experimentales de cáncer colorrectal y en cultivos de células humanas, la capacidad de debilitar la acción de las MDSCs y limitar los mecanismos que favorecen el crecimiento tumoral. Si bien los resultados son preliminares y aún no existen pruebas en humanos, el avance abre una vía terapéutica inédita.

Además del potencial terapéutico, la investigación aportó una dimensión pronóstica. Los científicos observaron que niveles elevados de Gal-1 en tumores humanos se asocian con una mayor presencia de MDSCs en su forma más agresiva y con una evolución clínica desfavorable. A partir de esta relación, proponen utilizar el vínculo entre Gal-1 y estas células como biomarcador para identificar pacientes con peor pronóstico y orientar tratamientos personalizados.

El trabajo es fruto de una articulación entre investigación básica, desarrollo tecnológico y transferencia al sector productivo. La creación de una empresa biotecnológica de base científica permitió canalizar patentes, proteger la propiedad intelectual y proyectar el salto desde el laboratorio hacia la clínica. Para Rabinovich, ese recorrido confirma una idea central: sin inversión sostenida en ciencia básica, los avances aplicados serían imposibles.

Aunque el camino hacia la aprobación clínica es largo y está lleno de desafíos científicos y financieros, la Galectina-1 vuelve a mostrar que, incluso en sus facetas más oscuras, la biología puede ofrecer oportunidades inesperadas para transformar la medicina.