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La reforma laboral de Milei, bajo la lupa internacional y en el centro de la disputa política

  • La reforma laboral de Milei se convirtió en uno de los principales focos de conflicto político y social.
  • El Financial Times destaca la disputa como una de las más intensas desde el inicio del gobierno.
  • El oficialismo argumenta que la flexibilización es clave para reducir la informalidad y crear empleo.
  • La CGT y el peronismo rechazan el proyecto y advierten sobre una pérdida de derechos históricos.
  • La opinión pública apoya cambios generales, pero muestra reparos ante medidas concretas.
  • El desenlace de la reforma será una prueba central para la capacidad política del gobierno.

El proyecto de reforma laboral impulsado por el gobierno de Javier Milei se convirtió en uno de los ejes más conflictivos del inicio de su gestión y despertó una atención que trasciende las fronteras argentinas. Así lo reflejó el Financial Times, que describió la iniciativa como el núcleo de una de las disputas políticas más intensas de los últimos años, con la Confederación General del Trabajo (CGT) y el peronismo encabezando la resistencia frente a un Ejecutivo decidido a modificar reglas históricas del mercado de trabajo.

Desde la mirada del diario británico, la confrontación sintetiza una tensión estructural de la economía argentina: un sistema laboral rígido, con fuerte peso sindical, en un contexto donde cerca de la mitad de los trabajadores se desempeña en la informalidad y el empleo registrado muestra un estancamiento prolongado desde hace más de una década. Para el oficialismo, esa combinación es una de las principales causas de la baja creación de puestos formales; para los gremios y la oposición peronista, el remedio propuesto amenaza con erosionar derechos adquiridos.

El Financial Times recupera declaraciones del propio Milei para explicar el diagnóstico oficial. En un discurso pronunciado en octubre de 2025, el presidente sostuvo que la incertidumbre legal, los altos costos laborales y el temor de las pequeñas y medianas empresas a contratar empujaron a cientos de miles de personas hacia el trabajo en negro. Bajo esa lógica, la reforma busca flexibilizar las condiciones de contratación y reducir la influencia sindical en la negociación de salarios y condiciones laborales.

El rechazo sindical fue inmediato. Dirigentes de la CGT calificaron el proyecto como un texto diseñado a medida de las grandes corporaciones y alertaron sobre un fuerte retroceso en materia de derechos individuales y colectivos. Según el medio británico, los gremios consideran que la iniciativa no ofrece beneficios concretos a los trabajadores y que, por el contrario, debilita garantías históricas que forman parte del entramado social argentino desde mediados del siglo XX.

Entre los puntos más sensibles del proyecto figuran la reducción del alcance del derecho de huelga, la ampliación del período de prueba para nuevos empleados, límites a la discrecionalidad judicial en el cálculo de indemnizaciones y la posibilidad de extender la jornada laboral hasta 12 horas. A ello se suma un cambio de fondo en la lógica de la negociación colectiva: se priorizan los acuerdos a nivel de empresa o región por sobre los convenios nacionales, una modificación que enciende alarmas en el sindicalismo.

Las encuestas citadas por el Financial Times muestran, sin embargo, un escenario social más matizado. Seis de cada diez argentinos reconocen la necesidad de reformar la legislación laboral, aunque el respaldo se diluye cuando se analizan aspectos concretos como la extensión de la jornada o el recorte de indemnizaciones. En ese marco, sectores más duros del sindicalismo impulsan medidas de fuerza, mientras la conducción de la CGT opta, por ahora, por la movilización y la vía judicial.

El diario británico también pone el foco en el trasfondo histórico. Desde los años cuarenta, los sindicatos argentinos acumularon un poder que va mucho más allá de la negociación salarial, con influencia en obras sociales y estructuras propias. Aunque ese poder se vio erosionado por la crisis económica, el desgaste del peronismo y sucesivos escándalos, los gremios conservan una capacidad de presión significativa.

El debate divide incluso al empresariado. Mientras muchas compañías apoyan la flexibilización y la reducción de las indemnizaciones, persisten dudas sobre la negociación individualizada de salarios. Además, reconocen que el empleo difícilmente crezca sin una baja de la carga impositiva y de los aportes patronales, que representan una porción sustancial del costo laboral.

Para Milei, el desenlace de esta pulseada será una prueba política decisiva. Gobiernos no peronistas anteriores fracasaron en intentos similares, frenados por la resistencia gremial. El resultado, advierte el Financial Times, sigue abierto y marcará el rumbo de una de las reformas más ambiciosas de las últimas décadas.