El refugio precario del trabajo independiente en un mercado laboral que se achica
- El empleo registrado privado continúa en caída y no muestra señales de recuperación inmediata.
- El monotributo crece como principal vía de inserción laboral ante la falta de trabajo formal.
- La economía de plataformas absorbe mano de obra, pero con ingresos cada vez más bajos.
- El aumento de repartidores supera ampliamente al crecimiento de la demanda de servicios.
- La venta de motos refleja la consolidación del reparto como salida laboral precaria.
- Se expande el subempleo y el pluriempleo en un contexto de salarios que pierden contra la inflación.
El mercado laboral argentino atraviesa una etapa de reconfiguración silenciosa pero profunda, marcada por la retracción del empleo registrado y la expansión de formas de trabajo independiente que funcionan, más que como una elección, como una vía de supervivencia. En ese escenario, el monotributo y la economía de plataformas aparecen como un refugio frente a la pérdida de puestos formales y al deterioro sostenido del poder adquisitivo.
Los datos oficiales confirman una tendencia persistente. El empleo registrado en el sector privado continúa en descenso y acumula una pérdida significativa de puestos desde fines de 2023. Ni los relevamientos previsionales ni las encuestas laborales anticipadas muestran señales de reversión. Por el contrario, el único segmento con algún grado de formalidad que exhibe crecimiento es el de los trabajadores inscriptos como monotributistas, impulsado casi exclusivamente por el cuentapropismo.
Dentro de ese universo, la economía de plataformas gana protagonismo como alternativa de inserción laboral. El reparto a domicilio y los servicios vinculados al comercio electrónico concentran una porción creciente de trabajadores que, ante la falta de opciones estables, optan por actividades de baja barrera de entrada y alta rotación. El incremento acelerado de repartidores en el último año ilustra con claridad este fenómeno: la oferta de mano de obra creció a un ritmo muy superior al de la demanda.
Ese desfasaje tiene consecuencias directas sobre los ingresos. Con más trabajadores compitiendo por una cantidad relativamente estable de pedidos, las comisiones tienden a comprimirse. La ecuación económica se vuelve cada vez más exigente: para alcanzar un ingreso equivalente a la canasta básica de un hogar tipo, un repartidor debe realizar una cantidad de entregas mensuales difícil de sostener en el tiempo, sin descansos y con una carga física considerable.
La expansión del fenómeno también se refleja en otros indicadores indirectos. Mientras distintos segmentos del sector automotor muestran retrocesos, el patentamiento de motos, especialmente de baja cilindrada, mantiene una dinámica ascendente. El uso de estos vehículos como herramienta de trabajo explica buena parte de ese crecimiento y confirma que el reparto urbano se consolida como salida laboral para miles de personas.
El patrón sectorial del empleo refuerza esta lectura. Las actividades que más trabajadores incorporan —comercio, gastronomía y transporte— coinciden con aquellas donde los modelos de plataformas tienen mayor presencia. En esos sectores, el aumento del empleo se da mayoritariamente bajo formas informales o independientes, que trasladan los riesgos del negocio al trabajador y reducen los costos laborales para las empresas.
En paralelo, el discurso oficial sostiene que la pérdida de empleo en algunos rubros será compensada por la generación de oportunidades en otros, a partir de una mayor apertura y de precios más competitivos para los consumidores. Sin embargo, esa dinámica aún no se refleja en los datos. Incluso actividades consideradas estratégicas o dinámicas muestran balances negativos en términos de puestos de trabajo.
La evolución de los ingresos agrega otra capa de complejidad. Los salarios formales siguen corriendo detrás de la inflación y las demoras en la actualización de convenios colectivos profundizan el deterioro. En ese contexto, el pluriempleo se expande como estrategia defensiva de sectores medios que buscan evitar un descenso abrupto en su nivel de vida.
El resultado es un mercado laboral atravesado por una paradoja: crece la cantidad de personas ocupadas, pero bajo modalidades cada vez más frágiles. La lógica de adaptación individual reemplaza a la previsibilidad colectiva y se impone una competencia intensa por ingresos que no alcanzan. Más que una transición virtuosa, el avance del trabajo independiente parece describir una respuesta de emergencia frente a un sistema que ofrece cada vez menos certezas.