RAFAELA Por Carlos Zimerman

Inseguridad: Viotti calla, Pullaro no responde y los barrios quedan a merced del delito

Las sonrisas, el elogio fácil y las conveniencias personales deben quedar de lado a la hora de defender los intereses de la ciudad.

Por Carlos Zimerman

La inseguridad en Rafaela dejó de ser un tema más de la agenda para convertirse, sin discusión posible, en la principal preocupación de los vecinos. No lo dicen las encuestas oficiales ni los discursos de ocasión: lo dicen las calles, los barrios y las conversaciones cotidianas. Lo dicen quienes ya no duermen tranquilos, quienes fueron víctimas de robos repetidos y quienes sienten que la ciudad se les está yendo de las manos.

Y mientras el delito avanza, desde la Municipalidad no llegan respuestas concretas. Los reclamos se acumulan, las denuncias se repiten y la sensación de abandono crece. La pregunta es inevitable: ¿dónde está el intendente Leonardo Viotti frente a esta realidad?

Porque hay que decirlo con claridad: el responsable último de la política de seguridad en la provincia es el gobernador Maximiliano Pullaro. Pero es gravísimo que el intendente de Rafaela no se plante, no golpee la mesa y no exija un plan específico para la ciudad. Rafaela hoy parece no existir en el mapa de prioridades del gobierno provincial. Todo pasa por Rosario y Santa Fe, mientras aquí los delitos crecen día tras día, sin solución de continuidad, en absolutamente todos los barrios, sin excepción.

Las sonrisas, el elogio fácil y las conveniencias personales deben quedar de lado a la hora de defender los intereses de la ciudad. 

La paradoja es brutal. Mientras los vecinos piden más patrullaje, más presencia policial y una estrategia seria contra el delito, desde la Municipalidad la principal preocupación parece ser otra: los Juegos Odesur y la imagen de una ciudad “presentable” para visitantes que, probablemente, no sean los que el intendente imagina que vendrán.

Lo que se está haciendo es simple y peligroso: lavarle un poco la cara a la ciudad y esconder la basura debajo de la alfombra. Pintura, maquillaje urbano y marketing. Pero los problemas reales —la inseguridad, el miedo, la falta de respuestas— siguen intactos. Peor aún: se profundizan.

No hay plan visible. No hay gestión firme. No hay decisión política para enfrentar el drama cotidiano de los rafaelinos. Y eso es lo más preocupante. Porque una ciudad no se gobierna con actos protocolares ni con eventos internacionales: se gobierna con capacidad y coraje.

Hoy Rafaela sufre una ausencia evidente de gestión. Y quizá ese sea su mayor problema. Un gobierno municipal que asumió el 10 de diciembre de 2023 y que, hasta ahora, no demuestra ni la decisión ni la energía necesarias para encarar el desafío más urgente: devolverle a los vecinos algo tan básico como la tranquilidad.

La inseguridad no se tapa con carteles ni con discursos. Se enfrenta con políticas concretas, con reclamos firmes al poder provincial y con presencia real del Estado en los barrios. Todo lo demás es relato. Y los vecinos ya no quieren relato: quieren vivir sin miedo.