RAFAELA Carlos Zimerman

Castellano reparte culpas, esquiva responsabilidades y ya juega 2027

Luis Castellano volvió a escena. Y no volvió para hacer autocrítica, ni para aportar ideas nuevas, ni para explicar por qué después de doce años al frente del Municipio dejó una ciudad con problemas estructurales sin resolver. Volvió para apuntar con el dedo, repartir responsabilidades ajenas y, de paso, dejar en claro que ya está en campaña rumbo a 2027.


En una entrevista con Minuto Rafaela, el exintendente realizó un durísimo diagnóstico sobre la ciudad. Dijo que Rafaela “está abandonada”, que está “sucia y desordenada”, que falla la recolección de residuos, el mantenimiento de los espacios públicos, la señalización vial, que los barrios están críticos, que no hay políticas sociales activas, que la inseguridad crece, que faltan programas de empleo, educación, cultura y deporte, que las vecinales están debilitadas y que la tasa municipal aumentó de manera abrupta.


Escuchándolo, cualquiera podría pensar que Castellano habla como un analista externo, como alguien que observa la ciudad desde afuera, sin responsabilidad alguna en el estado actual de las cosas. Pero no. Castellano fue intendente durante tres períodos consecutivos. Doce años. Una eternidad en términos de gestión pública. Doce años en los que tuvo poder político, presupuesto, estructura, apoyo provincial y nacional, y tiempo más que suficiente para resolver —o al menos encaminar— muchos de los problemas que hoy describe con tono doctoral.


No voy a ser yo quien salga a defender a Leonardo Viotti. Tengo serias diferencias con su paso por la Municipalidad y, a esta altura, cuesta incluso hablar de “gestión”: todo resulta opaco, desordenado y sin un rumbo claro. Pero una cosa no quita la otra. Que la actual administración tenga falencias no convierte automáticamente a Castellano en una voz autorizada para dar cátedra sobre cómo gobernar Rafaela. Eso es, cuanto menos, ruidoso.


Resulta llamativo que Castellano le exija a Viotti, en poco más de dos años, soluciones que él no logró en doce. Que critique la falta de políticas sociales cuando fue su propia gestión la que dejó crecer la exclusión en los barrios. Que hable de inseguridad y ausencia del Estado cuando durante años el problema se fue agravando sin respuestas de fondo. Que observe hoy una ciudad desordenada cuando ese desorden no nació en diciembre de 2023.


Castellano también confirmó lo evidente: está trabajando en una propuesta política con proyección a 2027. Es decir, no se trata de un diagnóstico desinteresado ni de una preocupación ciudadana espontánea. Es campaña. Campaña anticipada. Y quizá ahí esté el problema principal: Castellano parece no haber interpretado todavía por qué en 2023 perdió la elección frente a Viotti. La sociedad rafaelina dio una señal clara: quería un cambio. Y ese cambio fue, ante todo, un límite a un ciclo político agotado.


Luis Castellano es, sin duda alguna, parte del problema. No de la solución. Tuvo doce años para hacer lo que hoy reclama y, evidentemente, no supo o no quiso hacerlo. Tal vez sería más saludable que diera un paso al costado, llamara a silencio y dejara lugar a nuevas generaciones dentro de su propio espacio político: dirigentes no contaminados, con energía, con ideas frescas y con verdaderas ganas de hacer lo que él no logró en tres mandatos consecutivos.


Rafaela necesita futuro, no retrovisores. Y eso, Castellano, aunque no quiera admitirlo, ya es pasado.