RAFAELA Carlos Zimerman

Los comerciantes reclaman orden y decisiones: Viotti, ante una demanda que ya no admite dilaciones

Rafaela llegó a un punto límite. Y cuando el límite se cruza, las palabras se transforman en reclamos concretos. Este martes 3 de febrero por la mañana, los comerciantes del centro dieron un paso más y le pidieron, sin eufemismos ni rodeos, soluciones al intendente Leonardo Viotti frente a una problemática que lleva años enquistada y que hoy muestra un deterioro social y comercial inocultable: la presencia descontrolada de lavacoches en la Zona de Estacionamiento Controlado (ZEC).


La reunión, desarrollada entre dirigentes de la Comisión de Comercio y Servicios del Centro Comercial e Industrial de Rafaela y la Región (CCIRR) y funcionarios municipales, tuvo un eje central: el anuncio de la prohibición de la actividad de lavacoches en la ZEC, medida que comenzará a regir una vez que el intendente oficialice en los próximos días la firma del decreto correspondiente. Una decisión que llega tarde para muchos, pero que, al menos, empieza a marcar un rumbo.


Desde el Municipio se habló de un “plan integral y progresivo de ordenamiento del espacio público en el área céntrica”, orientado a recuperar condiciones básicas de orden, convivencia y seguridad en una zona clave de la ciudad. Conceptos correctos, necesarios y largamente reclamados. El problema es que, mientras los planes se anuncian, la realidad sigue golpeando a diario a comerciantes, empleados, vecinos y consumidores.


Los representantes de los Centros Comerciales Abiertos fueron claros y directos: la situación no solo persiste, sino que se agravó. La presencia de lavacoches en áreas comerciales dejó de ser una molestia ocasional para convertirse en un factor permanente de incomodidad, tensión y conflicto. No se trata de una percepción aislada ni de exageraciones sectoriales: es una realidad cotidiana que desalienta la circulación, reduce la permanencia en el centro y afecta de manera directa el consumo.


Cuando el espacio público se desordena, la ciudad se degrada. Y cuando la ciudad se degrada, el comercio sufre. Rafaela proyecta hoy, en pleno corazón comercial, una imagen que no condice con su historia ni con sus aspiraciones. La falta de control impacta de lleno en la percepción de seguridad y en la calidad del entorno urbano, dos variables fundamentales para cualquier ciudad que pretenda consolidarse como polo comercial, de servicios y turístico.


En ese marco, hubo coincidencias. Municipio y sector privado entendieron que el ordenamiento del espacio público no es un capricho ni una postura ideológica: es una condición básica para mejorar la convivencia urbana y sostener el desarrollo económico local. Claro está, sin desconocer la dimensión social del problema, pero sin que esa mirada termine paralizando decisiones que ya no pueden postergarse.


Participaron del encuentro, en representación del sector comercial, referentes de peso y trayectoria: Lorena Von Mühlinen, Matías Snyder, Guillermo Signorini, Carina Spaggiari, Sandra Patrono, Enrique Gentile, Guillermo Gieco, Juan José Vanoni, Mauricio Morgante, Florencia Muriel y Patricia Pliauzen. Por el Municipio estuvieron presentes Juan Manuel Martínez Saliba, Patricia Imoberdorf, Germán Bottero, Iván Viotti y Hugo Morel. En nombre del CCIRR participaron Germán Ciceri, Iván Acosta, Carolina Pérez, Antonela Andornino y Nekane Iturregi Rojo.


Ahora la pelota está del lado del intendente. Los comerciantes ya hablaron, con nombres, con datos y con paciencia agotada. Rafaela necesita orden, decisión política y hechos concretos. Porque cuando el desorden se naturaliza, la ciudad retrocede. Y eso, definitivamente, no es una opción.