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Policías exhaustos y salarios de miseria: la otra cara de la seguridad en Santa Fe

La situación de la policía de la provincia de Santa Fe atraviesa un momento crítico que el gobierno provincial se niega a asumir con la seriedad que corresponde. No se trata únicamente de los bajos salarios, que ya de por sí resultan indignos para la función que cumplen, sino de un conjunto de condiciones laborales que empujan a la fuerza a un desgaste físico y psicológico alarmante.

En los últimos días se conocieron testimonios que reflejan con crudeza una realidad silenciosa: efectivos que trabajan cada vez más horas por el mismo ingreso, jornadas interminables, discriminación interna en los pagos y una presión constante que termina impactando no solo en los policías, sino también en la calidad del servicio que recibe la ciudadanía.

María Schürrer, esposa de un policía con 22 años de servicio en la Unidad Regional V, expuso una radiografía precisa de lo que viven miles de familias policiales en diálogo con Gerardo Zanoni en el programa *Reencuentro*, que se emite por GZ Radio FM 100.7. Su esposo, como tantos otros, se ve obligado a sumar horas extras y adicionales nocturnos para poder sostener el ingreso familiar. “Cobra exactamente lo mismo que hace tiempo, mientras trabaja cada vez más”, explicó, dejando en evidencia un sistema que exprime a su propio personal.

Pero el problema no es solo salarial. Schürrer denunció un esquema “extremadamente discriminatorio”, donde algunos efectivos reciben sumas especiales y otros quedan totalmente excluidos. “Hay policías que cobran 500 mil pesos y otros 250 mil, pero solo si están en la calle. Los que trabajan en comisarías, jefaturas, hospitales o tareas administrativas no cobran absolutamente nada”, señaló. Esta desigualdad no hace más que profundizar la fractura interna de la fuerza.

Las condiciones laborales describen una policía al límite: turnos de 24 y hasta 36 horas seguidas, sin descanso adecuado y con una falta crónica de personal. A eso se suma un clima de temor e incertidumbre. “Tienen miedo de actuar porque sienten que después la Justicia los persigue más a ellos que al delincuente”, afirmó Schürrer, marcando otro de los factores que paralizan a quienes deberían sentirse respaldados por el Estado.

El desgaste psicológico es una de las consecuencias más graves de este escenario. Policías con carpetas psiquiátricas, estrés extremo y agotamiento emocional forman parte de la rutina. “Hay efectivos que están muy mal psicológicamente y aun así deben ir a trabajar. Cuando un ciudadano necesita ayuda, lo atiende alguien que también está quebrado por dentro”, advirtió.

La crisis no se limita a la policía: se inscribe en un contexto más amplio de trabajadores estatales que sienten que no existen paritarias reales y que las decisiones se toman de manera unilateral. Docentes, personal de salud y otros sectores comparten el mismo diagnóstico: salarios que no alcanzan y condiciones de trabajo cada vez más precarias.

Este panorama interpela de lleno al gobierno provincial. No se puede exigir resultados en materia de seguridad mientras se mantiene a la fuerza policial con sueldos miserables y condiciones laborales inhumanas. No se puede hablar de profesionalización cuando los efectivos trabajan sin descanso, con miedo y sin respaldo institucional.

La seguridad pública no se construye con discursos ni con parches. Se construye con inversión, con respeto por quienes cumplen una función esencial y con políticas que dignifiquen el trabajo policial. Hoy, en Santa Fe, ocurre exactamente lo contrario: se sobrecarga a la fuerza, se la divide internamente y se la deja sola frente a una realidad cada vez más compleja.

Respaldar a la policía no es una consigna vacía. Es entender que detrás del uniforme hay trabajadores y familias que sostienen un servicio esencial en condiciones cada vez más difíciles. Y es exigirle al gobierno provincial que deje de mirar para otro lado y asigne los recursos necesarios para garantizar salarios dignos y condiciones laborales humanas. Sin eso, no hay seguridad posible.