La reforma laboral será ley y marca un triunfo político histórico de Javier Milei

La reforma laboral está a horas de convertirse en ley y, más allá de los matices y de las negociaciones parlamentarias, el dato político es contundente: Javier Milei logró lo que muchos presidentes no pudieron. Avanzar sobre uno de los núcleos más rígidos del sistema argentino y romper un tabú que durante décadas nadie se animó a tocar en serio.

El acuerdo alcanzado entre el oficialismo y la oposición dialoguista en el Senado despejó el camino para que mañana, desde las 11, la iniciativa sea aprobada en sesión extraordinaria. No habrá sorpresas. La ley sale. Y sale con un respaldo político que consolida al Presidente como un actor central del cambio estructural que la Argentina viene postergando desde hace demasiado tiempo.

Es cierto que el dictamen original sufrió modificaciones. Hubo retoques en Ganancias, gestos hacia gobernadores, concesiones a sindicatos y cámaras empresarias, y una versión más moderada del fondo de indemnización. Pero eso no altera lo esencial: el corazón de la reforma se mantiene en pie y el mensaje político es inequívoco. Milei impuso la agenda.

La Argentina empieza a discutir en serio un nuevo esquema laboral. Uno que busque generar empleo formal, reducir la litigiosidad absurda y terminar con un sistema que expulsa trabajadores al mercado negro. La reforma no es perfecta, pero es histórica. Porque por primera vez en años se rompe el inmovilismo y se acepta que el mundo del trabajo necesita adaptarse a una realidad económica distinta.

Este es un triunfo del Presidente. No solo por el contenido de la ley, sino por el método. Milei demostró que puede negociar sin abandonar sus objetivos centrales. Que puede ceder en lo accesorio para avanzar en lo estratégico. Y que entiende que gobernar también es construir mayorías, aun en un Congreso que no le es propio.

Los gobernadores obtuvieron recursos. Los sindicatos conservaron estructuras. Las obras sociales mantienen su financiamiento. Pero el Gobierno consiguió lo más importante: que la reforma laboral exista. Que deje de ser una promesa de campaña y se transforme en una política de Estado.

La oposición dialoguista acompañó porque entendió que el país no soporta más parches. Y la sociedad observa un hecho inédito: una reforma profunda que no naufraga en el Senado, que no se archiva, que no queda atrapada en la telaraña corporativa.

Habrá críticas, resistencias y discursos catastrofistas. Es parte del folklore argentino. Pero mañana quedará escrito en el Boletín Oficial que la Argentina dio un paso que parecía imposible. Y ese paso tiene un nombre propio: Javier Milei.

La ley que se votará no es el final del camino, es el comienzo. Marca un punto de inflexión. Señala que el cambio ya no es solo un slogan, sino una decisión política concreta.

La reforma laboral será ley. Será histórica. Y será, sin lugar a dudas, una victoria política del Presidente Milei.