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Reforma laboral: un frente sindical endurece su postura y prepara un paro cuando llegue a Diputados

  • Un frente sindical convocó a un paro cuando la reforma laboral llegue a Diputados.
  • Dirigentes gremiales impulsan una estrategia de presión directa sobre el Congreso.
  • El Fresu agrupa sindicatos del ala más combativa del movimiento obrero.
  • Existe contraste entre la postura dura del frente y la estrategia dialoguista de la CGT.
  • Las protestas recientes incluyeron paros sectoriales y movilizaciones regionales.
  • El debate legislativo se perfila atravesado por una fuerte tensión sindical.

La reforma laboral que obtuvo media sanción en el Senado aún no comenzó su recorrido en la Cámara de Diputados, pero ya activó una nueva fase de conflictividad sindical. Un bloque de gremios nucleados en el Frente de Sindicatos Unidos (Fresu) resolvió convocar a un paro con movilización al Congreso el día que el proyecto sea tratado en el recinto. La decisión marca un endurecimiento del clima político y anticipa que el debate legislativo estará atravesado por una fuerte presión callejera.

El anuncio surgió tras una reunión de dirigentes sindicales en la sede de la Unión Obrera Metalúrgica, donde confluyeron gremios del ala más combativa del movimiento obrero. Allí, el secretario general de la Asociación Trabajadores del Estado, Rodolfo Aguiar, planteó la necesidad de profundizar la presión sobre los diputados para frenar o demorar el tratamiento del proyecto. Sus declaraciones incluyeron fuertes críticas al proceso legislativo y advertencias sobre el impacto que, según su visión, tendría la reforma sobre el mundo laboral.

El Fresu reúne a sindicatos que cuestionan tanto el contenido de la iniciativa como la estrategia más dialoguista de otros sectores gremiales. Entre sus referentes aparece Daniel Yofra, titular de la Federación de Aceiteros, quien semanas atrás había anticipado medidas de fuerza de alto impacto, luego relativizadas. También impulsa este espacio Abel Furlán, dirigente metalúrgico que viene señalando la necesidad de una respuesta sindical más firme frente a la agenda reformista del Gobierno.

El plan de lucha que promueve este frente incluye movilizaciones regionales y acciones coordinadas con otros gremios. En los últimos días se realizaron protestas en distintas ciudades, con el objetivo de visibilizar el rechazo a la reforma y presionar a los legisladores. Los organizadores buscan, además, interpelar a los gobernadores, a quienes responsabilizan políticamente por el avance del proyecto en el Congreso.

Este posicionamiento contrasta con la línea adoptada por la Confederación General del Trabajo, que optó por movilizaciones sin paro general. Mientras la central sindical privilegia canales de negociación institucional, los gremios del Fresu descartan acuerdos parciales y expresan desconfianza hacia eventuales instancias judiciales que puedan modificar el alcance de la norma.

La escalada de medidas ya tuvo manifestaciones concretas. Durante una reciente jornada de protesta, distintos sindicatos aplicaron ceses de actividades sectoriales. En el ámbito estatal, ATE impulsó un paro de 24 horas, mientras que gremios industriales y del transporte adoptaron interrupciones parciales que afectaron servicios y logística. El objetivo fue anticipar la capacidad de coordinación del bloque sindical y enviar una señal política al Congreso.

Dentro de este mapa gremial también aparece la posibilidad de articulación con la Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte, un actor con peso estratégico por su capacidad de impacto en la circulación y los servicios. Aunque mantiene vínculos con la CGT, su conducción ha mostrado posiciones críticas que podrían derivar en una mayor convergencia con el sector más duro.

El escenario que se abre combina tensión sindical, debate legislativo y disputa política. Para el oficialismo, la reforma laboral es una pieza central de su programa económico; para este frente gremial, representa un punto de inflexión que justifica la confrontación. A medida que se acerque el tratamiento en Diputados, la presión en las calles promete convertirse en un factor determinante del clima parlamentario.