Barcos “se vuelven chinos” para sobrevivir: la extraña táctica de los buques que cruzan el estrecho de Ormuz
Desde el inicio de la escalada militar entre Estados Unidos, Israel e Irán, el estratégico Estrecho de Ormuz dejó de ser un simple corredor marítimo para transformarse en una zona de alto riesgo donde la identidad de un barco puede marcar la diferencia entre continuar el viaje o convertirse en un blanco.
Ante ese escenario, varios capitanes de buques mercantes comenzaron a aplicar una estrategia inusual: manipular las transmisiones de sus sistemas de posicionamiento para presentarse como embarcaciones chinas, turcas o incluso musulmanas, con la esperanza de evitar posibles ataques de fuerzas iraníes.
Datos recopilados por la plataforma de monitoreo marítimo MarineTraffic, perteneciente a la firma de análisis energético Kpler, indican que desde comienzos de marzo al menos una treintena de barcos alteraron la información que emiten a través del sistema AIS (Automatic Identification System), el dispositivo que permite conocer la identidad, posición y rumbo de las embarcaciones.
En lugar de indicar su destino, algunos buques comenzaron a transmitir mensajes como “tripulación china”, “propietario chino” o “tripulación china a bordo”, en un intento de evitar ser asociados con países o empresas vinculadas con los rivales de Teherán.
Ejemplos de la estrategia
Entre los casos detectados figura el granelero Iron Maiden, registrado bajo bandera de Islas Marshall, que modificó su señal de destino para indicar “CHINA OWNER” mientras atravesaba el estrecho. Una vez que abandonó la zona, el barco volvió a mostrar su información habitual.
Algo similar ocurrió con el buque Sino Ocean, con registro en Liberia, que también cambió temporalmente su identificación. Ambos mantuvieron activos sus transpondedores, lo que permitió rastrear las modificaciones en sus señales.
Otros barcos optaron por presentarse como de propiedad turca, mientras que uno incluso llegó a identificarse como “musulmán” pocas horas después de que comenzaran las hostilidades.
El temor a los ataques
La maniobra responde al clima de tensión que se vive en el estrecho tras las advertencias de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán. Las fuerzas iraníes ya atacaron con drones al petrolero Athe Nova, de bandera de Honduras, al que consideraron vinculado a intereses estadounidenses.
El general iraní Kiumars Heidari advirtió que cualquier buque que no respete los protocolos establecidos por Teherán podría ser interceptado o incluso hundido.
La creciente inseguridad llevó a grandes compañías navieras, como Maersk, a suspender temporalmente operaciones en la zona. Al mismo tiempo, varias aseguradoras marítimas dejaron de ofrecer cobertura por riesgo de guerra, lo que complica aún más el tránsito por la región.
En condiciones normales, cerca de 138 embarcaciones atraviesan el estrecho cada día. Por ese paso marítimo circula aproximadamente el 20% del petróleo que se comercializa en el mundo, lo que lo convierte en uno de los puntos estratégicos más sensibles del comercio global.
El “escudo” chino
La razón por la cual muchos buques intentan presentarse como chinos tiene que ver con el vínculo entre China e Irán. Beijing es el principal comprador de crudo iraní y adquiere alrededor de 1,8 millones de barriles diarios, lo que convierte a ese comercio en una pieza clave para la economía iraní.
En ese contexto, Teherán tiene pocos incentivos para atacar barcos que puedan estar vinculados con su mayor cliente energético.
De hecho, el gobierno chino instó recientemente a todas las partes involucradas en el conflicto a garantizar la seguridad de la navegación en el estrecho, en lo que fue interpretado como un intento de preservar el flujo comercial en la región.
Un antecedente histórico
La situación recuerda a la llamada Guerra de los petroleros durante el conflicto entre Irán y Irak en la década de 1980, cuando los ataques a embarcaciones comerciales en el Golfo Pérsico llevaron a la colocación de minas y a operaciones de escolta naval por parte de Estados Unidos.
Hoy el escenario es distinto: Washington participa directamente en el conflicto, lo que complica la posibilidad de garantizar la seguridad marítima como actor neutral.
Las consecuencias de un cierre prolongado del estrecho podrían ser severas. El viceprimer ministro de Irak, Fuad Hussein, advirtió que una interrupción sostenida del tráfico marítimo podría llevar el precio del petróleo hasta los 300 dólares por barril.
En medio de esa incertidumbre, para muchos barcos que cruzan el estrecho de Ormuz la nacionalidad dejó de ser solo un dato administrativo: ahora puede convertirse en una estrategia de supervivencia.