“No hay plan B”: el desesperado pedido para salvar a más de 80 caballos y un hospital único en el conurbano
El tiempo corre y la urgencia se vuelve cada vez más angustiante. En Quilmes, un espacio que durante más de una década rescató, curó y dio una segunda oportunidad a cientos de caballos hoy enfrenta su mayor amenaza: desaparecer.
La organización Caballos de Quilmes atraviesa un momento crítico. El predio donde funciona —con más de 80 animales en recuperación— está en venta y, sin recursos para adquirirlo, todo el trabajo realizado podría perderse.
Detrás del proyecto está Karina Dotto, quien resume la situación con una frase contundente: “No hay plan B”. La ONG nació en 2012, en el contexto de la prohibición de la tracción a sangre en el distrito, con el objetivo de rescatar animales sometidos a condiciones extremas de explotación.
Según explican desde la organización, esta problemática no solo implica maltrato animal, sino también situaciones de precarización laboral, trabajo infantil y riesgos viales. Los caballos, en muchos casos, son obligados a arrastrar cargas excesivas durante horas, mal alimentados y sometidos a violencia constante.
El lugar funciona como un verdadero hospital equino. Cuenta con áreas de terapia intensiva, intermedia y maternidad, donde llegan animales en estado crítico: desnutridos, con lesiones graves, infecciones o incluso heridas abiertas. Muchos apenas pueden mantenerse en pie.
“El hospital es el puente que les permite volver a vivir”, explican desde el equipo, que trabaja de manera ininterrumpida. Veterinarios y voluntarios sostienen guardias permanentes para asistir a los animales, algunos de los cuales requieren atención las 24 horas.
El crecimiento del espacio fue progresivo y a pulmón. Cuando comenzaron, el predio no tenía servicios básicos. Con el tiempo, lograron instalar infraestructura, perforaciones de agua y equipamiento médico, hasta convertirlo en un centro de referencia que incluso funciona como espacio de formación para estudiantes.
Sin embargo, ese esfuerzo hoy está en riesgo. Tras el fallecimiento del propietario del campo, sus herederos decidieron vender el lugar. La ONG lanzó entonces una campaña contrarreloj: reunir el dinero necesario para comprar el predio.
El objetivo es ambicioso pero concreto: que unas 200.000 personas aporten una suma accesible para alcanzar el monto total. La iniciativa cuenta con el impulso de la organización Sintientes y el acompañamiento de la actriz Liz Solari, quien visibilizó la causa.
El trabajo de rescate comienza muchas veces con denuncias de vecinos o intervenciones policiales. A partir de allí, se inicia un proceso judicial que permite retirar al animal y trasladarlo al predio. Pero también llegan caballos abandonados en la vía pública, muchos al borde de la muerte.
“Hay casos en los que debemos sostenerlos durante meses para que puedan volver a pararse”, relatan. El proceso de recuperación es largo, costoso y emocionalmente desgastante.
En estos años, más de 1500 caballos pasaron por el lugar. Para muchos, fue la única oportunidad de sobrevivir. Por eso, la posibilidad de perder el espacio genera una enorme preocupación.
“El campo tiene que quedar para ellos. No hay otra alternativa”, insisten desde la ONG. La continuidad del proyecto depende ahora de una respuesta colectiva que permita sostener un trabajo que, aseguran, suple la ausencia del Estado en esta problemática.
Mientras tanto, el reloj sigue avanzando. Y con él, la incertidumbre sobre el futuro de decenas de animales que encontraron en ese lugar algo más que refugio: una segunda oportunidad.