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A 50 años del golpe, Pichetto compara el rumbo económico de Milei con el de la última dictadura militar

  • Pichetto vinculó el actual programa económico con el de la dictadura en el marco de los 50 años del golpe
  • El diputado apuntó a similitudes en la desregulación, apertura económica y rol del Estado
  • Señaló consecuencias históricas como desindustrialización, deuda y atraso cambiario
  • El oficialismo rechazó las comparaciones y defendió su plan de reformas
  • El debate se inscribe en un contexto de alta polarización política
  • La memoria histórica vuelve a ser eje de discusión sobre el rumbo económico actual

En el marco de la inminente conmemoración de los 50 años del golpe de Estado de 1976, el diputado nacional Miguel Ángel Pichetto reavivó el debate político al establecer un paralelismo entre el actual programa económico del gobierno de Javier Milei y el modelo aplicado durante la última dictadura militar. Sus declaraciones se inscriben en una discusión más amplia sobre el rumbo económico del país y el uso de referencias históricas como herramienta de confrontación política.

A través de un mensaje difundido en redes sociales, el legislador planteó que “la historia debe servir para entender los procesos que nos trajeron hasta acá”, y advirtió que algunas de las políticas actuales encuentran inspiración en esquemas del pasado. En ese sentido, apuntó directamente a la figura de José Alfredo Martínez de Hoz, ministro de Economía durante el régimen militar, a quien atribuyó la implementación de un modelo basado en la desregulación, la apertura económica y la reducción del rol del Estado.

Pichetto sostuvo que aquel programa económico carecía de una base productiva sólida y derivó en consecuencias que, a su entender, marcaron negativamente el desarrollo del país durante décadas. Entre ellas, mencionó el atraso cambiario, la desindustrialización, el crecimiento de la deuda externa y el predominio de la especulación financiera. Según su análisis, estos elementos presentan “varias similitudes” con el esquema que impulsa actualmente el Ejecutivo nacional.

El diputado también hizo hincapié en lo que definió como una repetición de enfoques conceptuales. Afirmó que tanto en el pasado como en el presente existe una orientación que prioriza la liberalización económica sin contemplar el impacto social, particularmente en términos de empleo y poder adquisitivo. En esa línea, advirtió que insistir en ese camino podría conducir a resultados similares a los ya experimentados por la economía argentina.

Las declaraciones del dirigente de Encuentro Federal se producen en un contexto político cargado de simbolismo, donde la memoria del último golpe militar vuelve a ocupar un lugar central en la agenda pública. En ese marco, la utilización de comparaciones históricas adquiere un peso particular, ya que no solo interpela el presente, sino que también busca resignificar el pasado en función de los debates actuales.

Desde el oficialismo, sin embargo, han rechazado este tipo de analogías. Sostienen que el contexto económico y político es completamente diferente y que las reformas impulsadas por la administración de Milei responden a la necesidad de corregir desequilibrios estructurales acumulados durante años. En esa línea, defienden la desregulación y la apertura como herramientas para promover la inversión, aumentar la competitividad y estabilizar la economía.

Más allá de las posiciones encontradas, lo cierto es que el cruce de interpretaciones refleja la profundidad de la polarización política. Mientras sectores de la oposición recurren a la historia reciente para cuestionar el rumbo del Gobierno, el oficialismo busca desmarcarse de esas comparaciones y consolidar su propio relato en torno a la transformación económica.

En este escenario, el señalamiento de Pichetto no solo reabre viejas discusiones, sino que también plantea interrogantes sobre el futuro inmediato. La relación entre política económica, memoria histórica y construcción de sentido se vuelve así un eje central del debate público, especialmente en fechas cargadas de significado.

A medio siglo del quiebre institucional de 1976, la disputa por la interpretación del pasado y su vínculo con el presente vuelve a instalarse con fuerza en la escena política. Y en ese terreno, las palabras de los dirigentes adquieren un valor que excede lo coyuntural, proyectándose sobre la manera en que la sociedad entiende su propia historia y los desafíos por venir.