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Argentina votó contra una resolución de la ONU sobre la esclavitud y generó críticas por su alineamiento internacional

  • Argentina votó en contra de una resolución de la ONU sobre la esclavitud
  • Solo Estados Unidos e Israel acompañaron esa postura
  • El documento califica a la esclavitud como el crimen más grave de la historia
  • Se plantea la necesidad de reparaciones por parte de los Estados involucrados
  • La decisión generó críticas por su impacto en la política exterior
  • La ONU impulsa educación y memoria para prevenir nuevas formas de discriminación

La decisión de Argentina de votar en contra de una resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas que califica a la trata transatlántica de esclavos como el “crimen de lesa humanidad más grave” reavivó el debate sobre la política exterior del Gobierno y su posicionamiento en el escenario internacional. La iniciativa fue aprobada por una amplia mayoría de 123 países, mientras que solo tres naciones se manifestaron en contra: Argentina, Estados Unidos e Israel.

El resultado de la votación expuso un alineamiento político concreto por parte del Ejecutivo nacional, que se distanció tanto de países de la región como de otras potencias occidentales. De hecho, varios Estados europeos y aliados tradicionales optaron por la abstención, evitando rechazar de manera directa el contenido de la resolución impulsada por una coalición de más de 60 países de África, el Caribe y América Latina.

El texto aprobado por la ONU establece una caracterización histórica de la esclavitud que refuerza su gravedad como fenómeno global. Según el documento, la trata transatlántica constituyó un sistema de explotación que se extendió durante más de cuatro siglos y que se basó en la deshumanización sistemática de millones de personas, tratadas como propiedad hereditaria. La resolución también subraya que este modelo económico y social se estructuró sobre una jerarquía racial que dejó consecuencias persistentes hasta la actualidad.

Uno de los aspectos más sensibles del documento es el reconocimiento de que los crímenes vinculados a la esclavitud no prescriben. En esa línea, se plantea la necesidad de avanzar en mecanismos de reparación histórica por parte de los Estados involucrados, lo que incluye pedidos formales de disculpas y la restitución de bienes culturales a sus países de origen. Este punto fue central en el debate previo a la votación y generó diferencias entre los distintos bloques.

La resolución también pone el foco en el impacto específico que tuvo la esclavitud sobre las mujeres africanas, quienes fueron víctimas de abusos sistemáticos y de prácticas orientadas a incrementar la población esclavizada. Según el documento, estas dinámicas contribuyeron a consolidar estructuras de desigualdad que aún se reflejan en formas de racismo contemporáneo.

Tras conocerse la postura argentina, no tardaron en surgir cuestionamientos desde distintos sectores políticos. Entre las críticas más contundentes se destacó la del ministro de Gobierno de la provincia de Buenos Aires, Carlos Bianco, quien apuntó directamente contra el presidente Javier Milei por la decisión adoptada en el ámbito internacional. El funcionario calificó el voto como un error diplomático y advirtió sobre sus posibles consecuencias en términos de relaciones exteriores.

Uno de los argumentos planteados en ese sentido fue el impacto que esta postura podría tener en el respaldo internacional a la posición argentina sobre la soberanía de las Islas Malvinas. Según esta visión, el distanciamiento de países que históricamente han apoyado reclamos vinculados a la descolonización podría debilitar la estrategia diplomática del país en ese frente.

Desde el oficialismo no hubo, hasta el momento, una explicación detallada de los fundamentos del voto, aunque la decisión se inscribe en una línea de política exterior que prioriza ciertos alineamientos geopolíticos y una mirada crítica sobre organismos multilaterales.

Más allá de las posiciones adoptadas por cada país, la resolución aprobada por la ONU también incluye recomendaciones orientadas al futuro. Entre ellas, se destaca la necesidad de fortalecer la educación sobre la esclavitud y sus consecuencias, con el objetivo de generar conciencia en las nuevas generaciones y prevenir la reproducción de prácticas discriminatorias.

En ese marco, se insta a los Estados a revisar sus marcos normativos y políticas públicas para combatir el racismo estructural. La medida se inscribe dentro del Segundo Decenio Internacional de los Afrodescendientes, una iniciativa que busca promover la memoria histórica y avanzar hacia sociedades más inclusivas.

La votación dejó al descubierto no solo diferencias en torno a la interpretación del pasado, sino también tensiones actuales en la forma en que los países definen sus prioridades y alianzas en el escenario global.