Kicillof reivindicó la expropiación de YPF tras el fallo en Estados Unidos y cruzó a Milei
- El fallo en Estados Unidos evitó un pago superior a 16.000 millones de dólares
- Kicillof defendió la expropiación como una decisión estratégica
- El gobernador reivindicó el rol de Cristina Kirchner en la medida
- Milei criticó con dureza la política económica de aquel período
- El cruce expone visiones opuestas sobre la intervención del Estado
- La nacionalización de YPF vuelve al centro del debate político
El fallo de la Justicia de Estados Unidos a favor de la Argentina en la causa por la nacionalización de YPF reactivó el debate político sobre una de las decisiones económicas más trascendentes de las últimas décadas. En ese contexto, el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, defendió con firmeza la medida adoptada en 2012, cuando se desempeñaba como ministro de Economía durante la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner.
La resolución judicial implicó un alivio significativo para el país, que logró evitar el pago de más de 16.000 millones de dólares en el marco de un prolongado litigio con fondos de inversión internacionales. La decisión del tribunal estadounidense desestimó planteos previos que comprometían seriamente las finanzas públicas, en un expediente que llevaba años de disputa y que había generado incertidumbre en los mercados.
Tras conocerse la noticia, Kicillof se expresó públicamente y ratificó la validez de la expropiación. Lejos de mostrar reparos, sostuvo que se trató de una determinación clave para el desarrollo energético nacional. Según planteó, la controversia judicial había sido impulsada por intereses especulativos que buscaban cuestionar la soberanía económica del país y obtener beneficios extraordinarios.
El mandatario provincial remarcó que la recuperación del control estatal sobre la compañía respondió a una estrategia de largo plazo orientada a fortalecer la producción, proteger los recursos naturales y promover la inversión. En ese sentido, reivindicó el rol del Estado en sectores considerados estratégicos y destacó que la medida sentó las bases para un modelo de crecimiento con eje en la industria y la energía.
Las declaraciones de Kicillof también incluyeron un reconocimiento explícito a la conducción política de Cristina Fernández de Kirchner, a quien atribuyó la decisión de avanzar con la nacionalización en un contexto complejo. A su entender, aquella iniciativa definió un rumbo que combinó intervención estatal, articulación con el sector privado y desarrollo federal.
El fallo judicial, sin embargo, no solo generó reacciones de respaldo. El presidente Javier Milei cuestionó duramente al gobernador bonaerense y lo responsabilizó por los riesgos que enfrentó el país durante el proceso judicial. En sus declaraciones, el jefe de Estado utilizó términos críticos para referirse a la gestión económica de aquel período y sostuvo que su administración debió intervenir para resolver las consecuencias.
Frente a esas acusaciones, Kicillof respondió con un tono confrontativo. Señaló que los argumentos utilizados por el Gobierno nacional coincidieron con la defensa histórica del Estado argentino en los tribunales internacionales, lo que, a su criterio, desmiente las críticas formuladas en el plano político. Además, rechazó la idea de que la expropiación haya generado un perjuicio estructural y calificó como una “operación” las interpretaciones que la presentaban como un error técnico.
El cruce entre ambos dirigentes expone no solo diferencias sobre el pasado, sino también visiones contrapuestas respecto del rol del Estado en la economía. Mientras el oficialismo promueve una reducción de la intervención pública, el gobernador bonaerense insiste en la necesidad de sostener herramientas que permitan orientar el desarrollo en sectores clave.
Con el litigio judicial resuelto a favor del país, el debate sobre la nacionalización de YPF vuelve a ocupar un lugar central en la agenda política. Más allá del desenlace favorable en los tribunales, la discusión sobre sus efectos económicos y su significado estratégico continúa abierta, en un escenario atravesado por tensiones ideológicas y desafíos estructurales.