De “sherif” a dialoguista: el giro de Viotti tras el rechazo social
El intendente de Rafaela, Leonardo Viotti, ensaya por estas horas un cambio de tono que no pasa desapercibido. Después de intentar construir una imagen de mano dura —una suerte de “sherif” que nunca terminó de convencer— y cosechar un rechazo generalizado en buena parte de la población, especialmente visible en redes sociales, ahora apuesta a un discurso más moderado, centrado en el diálogo y la contención.
El viraje no parece casual. Las críticas acumuladas en las últimas semanas dejaron en evidencia que aquella postura rígida no solo fracasó en términos de gestión, sino también en lo político. El desgaste fue rápido, y la reacción del Ejecutivo no tardó en llegar: cambiar la narrativa antes de que el costo sea mayor.
En ese contexto se inscribe el operativo destinado a reorganizar la presencia de cuidacoches en la vía pública. Desde el Municipio buscan reposicionar la iniciativa como un modelo “integral”, basado en la planificación por etapas y el diálogo con los involucrados. Una estrategia que contrasta con el tono confrontativo que se había insinuado en un primer momento.
El propio Viotti mantuvo encuentros cara a cara con los denominados “trapitos”, en los que explicó los objetivos oficiales y la necesidad de avanzar hacia un uso más ordenado del espacio público. Pero, a diferencia del discurso inicial, ahora el eje también está puesto en ofrecer alternativas: generar oportunidades laborales más estables y sacar a estas personas de la informalidad.
Desde el Gobierno local aseguran que se trabaja en propuestas concretas para facilitar esa transición, con el argumento de mejorar la convivencia urbana sin dejar de atender la dimensión social del problema. La idea es evitar escenarios de conflicto, como los que se registraron en otras ciudades del país, donde la erradicación de los lavacoches derivó en enfrentamientos y tensión en las calles.
En Rafaela, en cambio, el proceso se presenta como gradual y acompañado. Un intento de corregir el rumbo sin admitir abiertamente el error inicial. La nueva postura, más flexible, busca descomprimir una situación que había comenzado a escalar tanto en la opinión pública como en el plano político.
No es menor que esta experiencia haya despertado el interés de algunos medios nacionales, atentos a un esquema que podría replicarse en otras localidades. Sin embargo, la incógnita sigue abierta: si este enfoque responde a una convicción real o si se trata, simplemente, de un repliegue táctico tras el fracaso de una estrategia que nunca logró respaldo social.
El objetivo declarado es construir un espacio público más ordenado y seguro. Pero en política, muchas veces, lo que cambia no es el objetivo sino la forma de contarlo. Y en este caso, el giro de Viotti parece decir más de sus dificultades que de sus certezas.