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Irán amenaza a la Argentina por la declaración de organización terrorista sobre la Guardia Revolucionaria

  • Irán rechazó la decisión argentina de declarar terrorista a la Guardia Revolucionaria
  • El gobierno argentino fundamentó la medida en los atentados de los años noventa
  • Teherán evitó referirse a la AMIA y a la Embajada de Israel
  • El régimen iraní vinculó la decisión con la influencia de Estados Unidos e Israel
  • La medida refuerza el alineamiento internacional del gobierno argentino
  • Se profundiza la tensión bilateral en un contexto global conflictivo

La relación entre la Argentina e Irán sumó un nuevo capítulo de tensión luego de que el gobierno de Javier Milei decidiera declarar como organización terrorista a la Guardia Revolucionaria Islámica. La medida, adoptada en un contexto internacional atravesado por la escalada militar en Medio Oriente, provocó una inmediata reacción del régimen iraní, que calificó la decisión como “ilegal e injustificada” y advirtió sobre eventuales consecuencias en el plano internacional.

A través de un comunicado difundido por su representación diplomática en la región, Teherán cuestionó duramente la inclusión de esa fuerza en el Registro Público de Personas y Entidades vinculadas a Actos de Terrorismo (RePET). En el texto, el gobierno iraní no solo rechazó la medida, sino que la consideró una “ofensa imperdonable” hacia su pueblo, en una respuesta que mantiene el tono confrontativo habitual de su política exterior.

El pronunciamiento también incluyó una advertencia dirigida al Estado argentino, al señalar que la decisión podría acarrear responsabilidades internacionales. Se trata de un recurso frecuente en la diplomacia iraní, utilizado ante sanciones o disposiciones adoptadas por otros países que afectan a sus estructuras institucionales o militares.

Desde la Casa Rosada, en tanto, la decisión fue fundamentada en antecedentes judiciales y de inteligencia vinculados a los atentados que marcaron la historia reciente del país. En particular, se hizo referencia a los ataques contra la Embajada de Israel en 1992 y la sede de la AMIA en 1994, que dejaron más de un centenar de víctimas fatales. Según la posición sostenida por la Justicia argentina, esos hechos contaron con la participación de altos funcionarios del régimen iraní, una acusación que Teherán ha rechazado de manera sistemática.

El comunicado iraní evitó cualquier mención a estos atentados, manteniendo la línea histórica de negar responsabilidades y omitir referencias directas a las investigaciones judiciales argentinas. En cambio, el texto desplazó el eje hacia una interpretación geopolítica de la decisión, al vincularla con la influencia de Estados Unidos e Israel sobre la política exterior argentina.

En ese sentido, el régimen iraní sostuvo que la medida se inscribe en un contexto de confrontación internacional y la relacionó con la ofensiva militar que esas potencias llevan adelante contra objetivos en su territorio. Esta lectura refuerza la narrativa habitual de Teherán, que interpreta las sanciones y decisiones adversas como parte de una estrategia global de presión impulsada por Occidente.

El comunicado también apeló a argumentos jurídicos, al afirmar que la decisión argentina vulnera principios del derecho internacional y constituye una injerencia en asuntos internos. Esta postura forma parte del repertorio discursivo del régimen, que combina la defensa de la soberanía con la denuncia de intervenciones externas.

En paralelo, Irán reivindicó el rol de la Guardia Revolucionaria, a la que describió como un actor clave en la defensa de su seguridad nacional y en la lucha contra organizaciones extremistas en la región. Esta caracterización contrasta con la visión de varios países occidentales, que han señalado a esa fuerza por su presunta participación en operaciones encubiertas y su vínculo con grupos armados.

La decisión argentina se suma a una serie de medidas adoptadas en los últimos meses, que incluyen la incorporación al RePET de organizaciones como Hezbollah y Hamas. En conjunto, estas acciones reflejan un alineamiento más estrecho con Estados Unidos e Israel en materia de política internacional y seguridad.

Sin embargo, el trasfondo de esta decisión también está profundamente ligado a la historia reciente del país. Las causas judiciales por los atentados de la década del noventa continúan siendo un factor determinante en la relación bilateral con Irán. En ese marco, la inclusión de la Guardia Revolucionaria en el registro oficial no solo tiene efectos operativos, sino que también reafirma la posición del Estado argentino respecto de aquellas investigaciones.

El cruce diplomático deja en evidencia la distancia entre ambas posturas. Mientras la Argentina sostiene su decisión en base a antecedentes judiciales y de inteligencia, Irán responde con una combinación de rechazo, advertencias y argumentos geopolíticos. En un escenario internacional marcado por la conflictividad, el vínculo bilateral parece encaminarse hacia una mayor tensión.