Fuego amigo en el Concejo: el giro de Milagros Zafra que sacude a La Libertad Avanza
En política, hay errores. Y después están los gestos que dejan marca. Lo ocurrido con Milagros Zafra parece inscribirse en este segundo plano.
La joven concejal, que hasta hace poco construía su identidad política enfrentando lo que definía como “la casta”, sorprendió al firmar una declaración de tinte claramente destituyente contra Fabricio Dellasanta. No lo hizo sola: eligió ubicarse codo a codo con concejales kirchneristas y radicales, los mismos sectores a los que, en su discurso reciente, responsabilizaba de buena parte de los vicios del sistema político.
“| Es un giro político difícil de explicar para alguien que se construyó enfrentando a la casta |”
El dato no es menor. Porque en política no solo importan las decisiones, sino también las compañías.
Fabricio Dellasanta, por su parte, ya había dado explicaciones públicas y pedido disculpas, sosteniendo además que sus dichos fueron sacados de contexto. Aun así, el resto de los ediles avanzó con una postura que muchos califican como lisa y llanamente destituyente.
“| Lo del resto de los concejales es grave, pero lo de Zafra es directamente fuego amigo |”
Pero lo de Milagros Zafra —para muchos dentro de su propio espacio— es algo distinto: es una señal interna que genera desconcierto y enojo.
En las filas de La Libertad Avanza en Santa Fe el malestar es inocultable. Dirigentes y militantes no terminan de comprender cómo una figura que emergió con un discurso antisistema hoy aparece alineada con aquellos a quienes señalaba. Según trascendió, la situación escaló al punto de que Romina Diez habría comunicado el episodio directamente a la Casa Rosada.
“| Hay decisiones que no solo afectan a un dirigente, sino a toda la credibilidad de un espacio |”
Las consecuencias políticas todavía están abiertas. Ya hay voces internas que piden sanciones severas, incluso la expulsión. Otros, más cautos, hablan de un error grave pero reversible. Sin embargo, el daño —al menos en términos de coherencia discursiva— parece hecho.
Algunos, en voz baja y otros no tanto, empiezan a trazar paralelismos incómodos con Victoria Villarruel, en el marco de tensiones internas que exponen fracturas dentro del espacio libertario.
Porque si algo incomoda en este episodio no es solo la firma de un documento. Es el contraste. Es la distancia entre lo que se decía ayer y lo que se hace hoy.
En definitiva, el interrogante queda flotando, con inevitable carga irónica: ¿Milagros, safa?