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Bausili advirtió por las tasas altas y puso el foco en la competencia bancaria

  • Santiago Bausili reconoció que preocupa la elevada diferencia entre las tasas que reciben los ahorristas y las que pagan los tomadores de crédito.
  • La morosidad creciente está contribuyendo a encarecer los préstamos y a ampliar el spread financiero.
  • El presidente del BCRA atribuyó parte del problema a la falta de incentivos para que los bancos aumenten el financiamiento al sector privado.
  • La elevada rentabilidad de los instrumentos del Tesoro aparece como una de las alternativas que compiten con los préstamos a familias y empresas.
  • Bausili señaló que la carga impositiva tiene un peso importante en el costo financiero y planteó que una mayor competencia podría ayudar a reducir las tasas.
  • El Banco Central no prevé reducir los encajes para enfrentar la morosidad, aunque analiza facilitar acuerdos para extender los plazos de las deudas privadas.

El presidente del Banco Central, Santiago Bausili, reconoció que existe una preocupación creciente dentro del sistema financiero por la amplia diferencia entre las tasas que reciben los ahorristas y las que afrontan quienes necesitan financiamiento. En un contexto de inflación descendente, el costo del crédito continúa en niveles elevados y el acceso a los préstamos permanece estancado, una combinación que comienza a convertirse en uno de los principales desafíos para la recuperación de la actividad.

La diferencia entre las tasas pasivas y activas, conocida en el mercado como spread bancario, alcanzó niveles particularmente elevados. Mientras los depósitos a plazo fijo ofrecen rendimientos cercanos al 20%, los préstamos pueden superar ampliamente el 100% cuando se incorpora el costo financiero total. La brecha genera un escenario en el que ahorrar en el sistema financiero ofrece un retorno limitado, mientras endeudarse resulta considerablemente más costoso.

A esta situación se suma el aumento de la morosidad. El crecimiento de las carteras en atraso obliga a las entidades financieras a incrementar las tasas que cobran a los clientes que cumplen regularmente con sus obligaciones, con el objetivo de compensar las pérdidas derivadas de quienes dejan de pagar. De esa manera, el costo de la incobrabilidad termina distribuyéndose indirectamente entre quienes continúan accediendo al crédito.

Los problemas no se concentran únicamente en bancos tradicionales. Algunas entidades de gran tamaño registran niveles de cartera irregular superiores al promedio del sistema para el segmento de familias. Entre los prestamistas no bancarios, como fintech y financieras vinculadas con cadenas comerciales, los índices de mora pueden ser todavía más elevados.

Sin embargo, una morosidad elevada no necesariamente significa que el negocio financiero deje de ser rentable. En determinados modelos, las tasas suficientemente altas permiten compensar una proporción significativa de los préstamos que terminan en atraso. El resultado es una estructura de crédito en la que el costo financiero elevado funciona como protección frente al riesgo de incobrabilidad.

Ese esquema puede ser rentable para las entidades, pero resulta problemático desde el punto de vista de la economía en su conjunto. Un sistema que presta caro porque debe cubrir una morosidad elevada termina restringiendo el acceso al financiamiento y desalienta precisamente a quienes podrían utilizar el crédito para consumir, invertir o ampliar sus actividades productivas.

Los datos recientes reflejan esa dificultad. Mientras el Gobierno destaca la recuperación de determinados indicadores de consumo, el crédito destinado a las familias acumula varios meses de contracción en términos reales. Algo similar ocurre con los préstamos a empresas, que también muestran una evolución negativa. La paradoja es evidente: puede existir una recuperación de determinadas variables de actividad sin que el sistema financiero acompañe mediante una expansión sostenida del financiamiento.

Bausili sostiene que el problema no responde a una falta de liquidez de los bancos. Su diagnóstico apunta a los incentivos. En un escenario de incertidumbre y elevada morosidad, las entidades encuentran alternativas más atractivas en otros instrumentos, especialmente en la deuda del Tesoro. La participación bancaria en las licitaciones de títulos públicos es una muestra de esa preferencia.

El argumento abre una discusión sobre el papel que juega el propio Estado. Para algunos economistas, cuando el Tesoro ofrece rendimientos atractivos por sus instrumentos, termina compitiendo con el sector privado por los fondos disponibles y reduce el incentivo de los bancos para asumir el riesgo de prestar a empresas y familias.

Frente a ese escenario, Bausili puso el foco en la competencia entre entidades y en los componentes que encarecen artificialmente el crédito. Entre ellos destacó particularmente la carga tributaria. Según su visión, los impuestos tienen un peso muy significativo en el costo final que enfrenta quien solicita un préstamo y su reducción podría contribuir a achicar la diferencia entre las tasas activas y pasivas.

La discusión sobre los encajes bancarios, en cambio, parece tener un límite claro. El titular del Banco Central descartó utilizarlos como una herramienta para resolver el problema de las tasas o de la morosidad. Su argumento es que los encajes tienen como función principal preservar la seguridad de los depósitos y no subsidiar determinadas líneas de crédito.

La posición oficial supone un cambio respecto de mecanismos utilizados en otras etapas, cuando el Estado intervenía mediante tasas reguladas, préstamos obligatorios o incentivos financiados indirectamente con emisión monetaria. El actual esquema busca evitar ese tipo de subsidios y dejar que el mercado determine las condiciones del crédito.

Eso no significa que el Banco Central permanezca completamente al margen. Bausili dejó abierta la posibilidad de facilitar acuerdos entre acreedores y deudores para extender los plazos de las obligaciones privadas. La alternativa apunta a aliviar la presión sobre quienes atraviesan dificultades sin comprometer recursos públicos.

El desafío consiste ahora en conseguir que la competencia reduzca efectivamente las tasas y que la morosidad deje de retroalimentar el encarecimiento del crédito. Si la inflación continúa bajando pero los préstamos permanecen prohibitivos, la normalización macroeconómica tendrá una asignatura pendiente: conseguir que la estabilidad llegue también al costo de financiarse.