Inflación: el 2,9% de CABA encendió una alerta, pero todavía no anticipa un salto nacional
- La inflación de CABA aceleró al 2,9% en julio desde el 1,8% registrado en junio.
- Los servicios aumentaron 3,8% y tuvieron una incidencia decisiva en el resultado porteño.
- Hoteles, paquetes turísticos y pasajes aéreos registraron fuertes aumentos durante las vacaciones de invierno.
- Las diferencias entre las canastas de CABA y el índice nacional impiden trasladar automáticamente el 2,9% al IPC del INDEC.
- Alimentos y bebidas, por su elevado peso en la canasta nacional, serán determinantes para el dato de julio.
- Las estimaciones privadas todavía proyectan una inflación nacional cercana al 2%, aunque con mayores riesgos de aceleración.
La inflación de julio en la Ciudad de Buenos Aires volvió a instalar dudas sobre la evolución de los precios y obligó a revisar, al menos parcialmente, las expectativas para el dato nacional. El índice porteño registró una suba de 2,9% mensual, muy por encima del 1,8% de junio, en una aceleración que llamó la atención por su magnitud. Sin embargo, trasladar ese resultado directamente al índice nacional sería apresurado, debido a las diferencias existentes entre ambas canastas y al particular comportamiento que tuvieron durante el receso invernal algunos servicios vinculados con el turismo.
La principal diferencia está en la composición del índice. Mientras los bienes mostraron en CABA un incremento relativamente moderado, del 1,4%, los servicios avanzaron 3,8% y explicaron buena parte de la aceleración. Dentro de ese universo, los precios estacionales aumentaron 10,9%, los regulados lo hicieron 3% y la inflación núcleo alcanzó 2,2%. El dato porteño, por lo tanto, no muestra necesariamente una aceleración generalizada de todos los precios, sino una fuerte incidencia de determinados sectores.
El turismo tuvo un papel decisivo. Hoteles, paquetes turísticos y pasajes aéreos registraron aumentos extraordinarios durante julio, coincidiendo con las vacaciones de invierno. Los servicios de alojamiento subieron 29,1%, los paquetes turísticos 26% y los pasajes aéreos 21,7%. También hubo una fuerte suba de verduras, tubérculos y legumbres, que alcanzó el 9%, mientras que las tarifas eléctricas aumentaron 5,9%.
La particularidad es que estos rubros tienen una incidencia diferente en la medición porteña respecto del índice que utiliza el Instituto Nacional de Estadística y Censos. Por eso, un incremento muy fuerte en determinadas categorías puede provocar un impacto considerable sobre la inflación de la Ciudad sin necesariamente reproducirse con la misma intensidad en el promedio nacional.
Las estimaciones privadas mantienen, por ahora, una previsión cercana al 1,9% para el IPC nacional de julio. El número, de todos modos, dejó de ser observado con la misma tranquilidad que antes de conocerse el dato porteño. El 2,9% de CABA introdujo un sesgo alcista y elevó la atención sobre aquellos componentes que sí tienen una incidencia importante en la canasta nacional.
Entre ellos, alimentos y bebidas no alcohólicas ocupan un lugar central. Se trata de una división que representa cerca de un 30% del IPC nacional, por lo que cualquier movimiento significativo puede modificar sustancialmente el resultado final. En la Ciudad, este rubro avanzó 1,9%, aunque con una fuerte influencia del aumento de los productos frescos.
Las simulaciones privadas muestran hasta qué punto los alimentos pueden definir el número final. Con una suba cercana al 1,3% en el nivel nacional, el índice podría ubicarse aproximadamente entre 1,8% y 2,1%. Si, en cambio, el incremento alcanzara 1,6%, la inflación podría acercarse a la zona del 2,3%. La diferencia parece pequeña en términos porcentuales, pero tiene una importancia considerable para las expectativas económicas.
También habrá que observar qué ocurre con los servicios y los precios regulados. La inflación núcleo, que excluye componentes estacionales y regulados, se ubicó en CABA en 2,2%, un nivel que merece atención porque permite observar con mayor claridad la dinámica persistente de los precios. El comportamiento de esta categoría será relevante para determinar si la aceleración de julio fue fundamentalmente transitoria o si comienza a aparecer una presión más extendida.
El mercado ya empezó a incorporar parte de esa incertidumbre. Los instrumentos ajustados por CER mostraron un mejor desempeño relativo frente a los bonos a tasa fija, mientras las expectativas de inflación implícitas para julio se desplazaron desde niveles cercanos al 1,8% o 1,9% hacia alrededor del 2%, con registros intradiarios incluso superiores.
La cuestión central, entonces, no pasa solamente por saber si la inflación nacional de julio estará por debajo o por encima del 2%. Lo verdaderamente importante será conocer qué componentes explican el resultado. Una inflación cercana al 2% impulsada principalmente por factores estacionales y transitorios tendría una lectura diferente a un registro similar generado por alimentos, servicios y precios regulados.
El dato de CABA constituye, por ahora, una señal de alerta más que una confirmación de un cambio de tendencia. La aceleración es evidente y obliga a observar con mayor cuidado la evolución de los precios, pero las diferencias metodológicas impiden proyectar automáticamente el 2,9% porteño sobre todo el país. El desafío para el Gobierno será evitar que los aumentos transitorios terminen contaminando las expectativas y se transformen en una dinámica más persistente.