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Milei descarta financiamiento extranjero para la Base Naval Integrada de Tierra del Fuego

  • La Base Naval Integrada de Tierra del Fuego será financiada con recursos propios y no con aportes de Estados extranjeros.
  • El Gobierno ya asignó $114.732 millones en adelantos vinculados principalmente con las obras de infraestructura del proyecto.
  • El costo total estimado de la base parte de unos 300 millones de dólares y podría ascender a entre 400 y 500 millones.
  • La administración de Javier Milei toma como referencia la infraestructura naval existente en Punta Arenas, Chile.
  • El ministro de Defensa, Carlos Presti, deberá explicar los detalles del financiamiento y la ejecución de la obra.
  • El refuerzo de los fondos para Defensa y la SIDE forma parte de una estrategia oficial centrada en la protección del país y la cuestión Malvinas.

El Gobierno de Javier Milei decidió avanzar con la construcción de la Base Naval Integrada de Tierra del Fuego con recursos propios y descartó de manera tajante recurrir a financiamiento extranjero para concretar una obra considerada estratégica para la defensa y la proyección argentina sobre el Atlántico Sur. La definición se produce mientras se aceleran las conversaciones con Estados Unidos en torno al proyecto, aunque desde la administración libertaria remarcan que la eventual colaboración internacional no implicará aportes económicos.

La iniciativa, anunciada formalmente por Milei durante la cadena nacional dedicada a la cuestión Malvinas, retoma un proyecto que había sido presentado durante la gestión de Alberto Fernández. La diferencia que destaca el oficialismo es que ahora pretende pasar de los anuncios a la ejecución concreta, con una primera asignación presupuestaria que ya quedó contemplada en el Decreto de Necesidad y Urgencia 867/26.

Dentro del refuerzo de partidas destinado al área de Defensa se incluyeron $114.732 millones en adelantos a proveedores y contratistas de largo plazo. La mayor parte de ese monto estará vinculada con las obras de la futura base fueguina. Se trata de la primera señal concreta de que el Gobierno comenzó a comprometer fondos para un proyecto cuyo costo total todavía no está cerrado.

Las estimaciones que circulan dentro de la propia administración ubican la inversión en torno de los 300 millones de dólares, aunque algunas proyecciones elevan la cifra hasta los 400 o incluso 500 millones. Esa diferencia refleja que todavía resta definir aspectos centrales de la obra y su alcance definitivo.

El desafío financiero es significativo para una gestión que convirtió el equilibrio fiscal en uno de los ejes centrales de su política económica. Por ese motivo, la Casa Rosada insiste en que la construcción será financiada mediante recursos argentinos y que no habrá erogaciones provenientes de otros Estados.

La decisión también busca despejar las suspicacias que generó la creciente cooperación militar entre Argentina y Estados Unidos. En sectores de la oposición ya aparecieron cuestionamientos que vinculan el futuro emplazamiento con intereses estratégicos norteamericanos. El Gobierno, sin embargo, pretende separar la cooperación en materia de defensa del financiamiento de la infraestructura.

El modelo que genera mayor interés dentro del oficialismo es la base de Punta Arenas, en Chile, por los servicios que presta y su capacidad de apoyo logístico. La intención argentina es desarrollar una instalación que permita mejorar las capacidades navales, fortalecer la presencia en el extremo sur y ampliar la infraestructura disponible para las operaciones vinculadas con el Atlántico Sur.

Después del anuncio presidencial, el ministro de Defensa, Carlos Presti, quedó a cargo de explicar los detalles técnicos y financieros del proyecto. El funcionario, de perfil bajo, deberá responder una de las principales incógnitas que dejó la cadena nacional: cómo se hará frente al costo total de una obra de semejante magnitud sin recurrir a fondos externos.

En paralelo, el DNU también incrementó partidas destinadas a la Secretaría de Inteligencia del Estado en relación con la agenda de Malvinas. Esos recursos tendrán carácter reservado y, según la normativa vigente, su control corresponderá a la Comisión Bicameral de Fiscalización de los Organismos y Actividades de Inteligencia del Congreso.

En el Gobierno sostienen que la base y el refuerzo de las capacidades de inteligencia forman parte de una misma estrategia de seguridad nacional. La cuestión Malvinas funciona, además, como un elemento político de fuerte sensibilidad transversal, por lo que el oficialismo confía en que las nuevas partidas tendrán mayores posibilidades de avanzar en el Congreso.

El proyecto de Tierra del Fuego representa así una apuesta estratégica que combina defensa, soberanía, infraestructura y política exterior. Pero su concreción dependerá de que el Gobierno pueda transformar el anuncio presidencial en un programa de obras sostenible, con recursos propios y sin comprometer el principio de equilibrio fiscal que constituye uno de los principales pilares de la gestión.