La caída de la actividad reabre el debate sobre estímulos y pone presión sobre el programa económico
- La actividad económica registró una fuerte contracción durante julio y profundizó las señales de desaceleración.
- La posibilidad de una recesión técnica volvió a instalarse como uno de los principales riesgos para el tercer trimestre.
- Las consultoras comenzaron a debatir la conveniencia de aplicar medidas de estímulo focalizadas.
- La inversión, el consumo y la construcción aparecen entre los sectores más afectados por el enfriamiento económico.
- El Gobierno mantiene el superávit fiscal pese a una menor dinámica de la recaudación.
- Las dudas sobre el crecimiento también incrementan la presión sobre el programa financiero previsto para 2027.
La economía argentina registró en julio una contracción que reavivó las advertencias sobre un posible escenario recesivo y abrió un nuevo debate entre economistas acerca de la necesidad de aplicar medidas de estímulo para sostener la actividad. A ese cuadro se suman señales poco alentadoras durante agosto y crecientes interrogantes sobre el impacto que un menor crecimiento podría tener en el programa financiero previsto para 2027.
El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) reflejó una caída del 2,9% respecto de junio y una baja del 1,4% en la comparación interanual. El retroceso estuvo impulsado principalmente por el deterioro de sectores clave como la industria manufacturera y la construcción, que registraron descensos del 5% y 4,6%, respectivamente.
Las consultoras privadas coincidieron en que el resultado representa uno de los peores registros de los últimos años, excluyendo el período de la pandemia. En ese contexto, advirtieron que el tercer trimestre quedó bajo la amenaza de una recesión técnica si la actividad no logra recuperarse con fuerza durante agosto y septiembre.
Desde Adcap señalaron que, luego de la contracción registrada en el segundo trimestre, la economía necesitaría un crecimiento mensual cercano al 3% en cada uno de los dos meses siguientes para evitar una segunda caída trimestral consecutiva. La magnitud de ese desafío alimentó la cautela entre los analistas.
El deterioro también llevó a Facimex a revisar sus proyecciones de crecimiento para el año, reduciendo la estimación al 1,5%. A la vez, el índice líder elaborado por la Universidad Torcuato Di Tella ubicó en agosto en 82% la probabilidad de que la economía ingrese en una recesión en los próximos meses.
Frente a ese panorama comenzó a instalarse una discusión sobre la conveniencia de implementar medidas expansivas sin alterar los pilares centrales del programa económico. Para Facimex, la principal preocupación del mercado pasa por el riesgo de que una desaceleración prolongada termine afectando tanto la recaudación como la percepción sobre la continuidad de las políticas oficiales.
La inversión aparece como uno de los puntos más sensibles del diagnóstico. Según distintos informes, acumula cinco trimestres consecutivos de retroceso y representa una proporción reducida del producto, mientras el clima de incertidumbre propio del período electoral podría reforzar una actitud de espera entre las empresas.
LCG describió el escenario como el de una economía que alterna avances y retrocesos sin lograr consolidar una recuperación sostenida. La consultora sostuvo que el consumo continúa condicionado por la pérdida de poder adquisitivo del salario formal y por la menor creación de empleo registrado, factores que limitan la capacidad de reactivación de la demanda interna.
El análisis también señala que el gasto público enfrenta restricciones derivadas de la necesidad de preservar el superávit fiscal, lo que reduce su margen para funcionar como motor de la actividad. En ese contexto, la expectativa oficial sigue concentrada en una mejora de las exportaciones netas, aunque por el momento ese impulso permanece focalizado en pocos sectores con escaso efecto sobre el conjunto de la economía.
Las cuentas fiscales muestran, sin embargo, una realidad más equilibrada. Durante agosto los ingresos del Sector Público Nacional retrocedieron en términos reales, aunque el Gobierno consiguió mantener un superávit primario de $1,99 billones, acumulando un saldo positivo equivalente al 1,1% del PBI en el año. Desde Banco Comafi consideraron que preservar ese colchón fiscal será determinante antes de diciembre, un mes tradicionalmente exigente para las finanzas públicas.
Al mismo tiempo, el deterioro de la actividad comenzó a reflejarse en los mercados financieros. La consultora 1816 observó que los últimos datos económicos se sumaron a la incertidumbre electoral y contribuyeron al aumento del riesgo país y al deterioro del desempeño de la deuda argentina.
Ese contexto también reavivó las dudas sobre el programa financiero previsto para 2027. Según ese análisis, si el acceso al financiamiento externo continúa restringido y no resulta posible concretar nuevas colocaciones de deuda en moneda extranjera, aumentará la presión sobre las reservas del Banco Central, que deberán desempeñar un papel cada vez más relevante para sostener el equilibrio del esquema financiero.