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El agro y el petróleo sostienen el ingreso de divisas en medio de la turbulencia financiera

  • La volatilidad financiera convive con una mejora en los precios internacionales de la soja y el petróleo.
  • La soja alcanzó máximos del año y fortaleció el desempeño del complejo agroexportador.
  • El petróleo Brent superó los 100 dólares por barril impulsado por las tensiones geopolíticas.
  • La demanda china y las condiciones climáticas en Estados Unidos sostienen las cotizaciones agrícolas.
  • El Banco Central registró superávit de cuenta corriente y un elevado saldo comercial durante el año.
  • El agro y la energía consolidan su papel como principales generadores de divisas para la economía argentina.

Las últimas semanas dejaron un escenario de fuerte volatilidad para los activos argentinos, con caídas consecutivas en los bonos soberanos, una racha negativa para el S&P Merval y un riesgo país que volvió a superar los 600 puntos básicos. Sin embargo, mientras el frente financiero atraviesa un período de incertidumbre, otro indicador gana relevancia para la economía: la mejora en los precios internacionales de la soja y del petróleo, los dos principales motores de las exportaciones nacionales y una fuente clave para el ingreso de divisas.

El repunte de estas materias primas permitió fortalecer los términos de intercambio del país y sostuvo un amplio superávit comercial que continúa aportando respaldo al frente externo. La combinación de mayores precios y un buen desempeño exportador consolidó uno de los principales pilares sobre los que descansa el equilibrio cambiario durante este año.

La soja alcanzó valores cercanos a los 490 dólares por tonelada en el Mercado de Chicago, su nivel más alto del año y el mejor registro desde fines de 2023. En lo que va de 2026, el grano acumuló un incremento del 24%, un comportamiento que también se trasladó a sus derivados, como harinas, aceites y pellets, productos en los que Argentina ocupa un lugar destacado dentro del comercio internacional.

El resto del complejo agrícola también mostró una evolución favorable. El trigo avanzó un 37% durante el año hasta ubicarse en torno a los 255 dólares por tonelada, mientras que el maíz registró una mejora del 20%, alcanzando aproximadamente los 209 dólares.

El mercado energético también aportó señales positivas. El petróleo Brent superó los 106 dólares por barril en los contratos con entrega en noviembre y acumuló un incremento del 75,5% en lo que va del año. Buena parte de esa escalada se concentró desde el recrudecimiento de las tensiones entre Estados Unidos, Israel e Irán, un conflicto que volvió a colocar al suministro energético global en el centro de las preocupaciones de los mercados.

Las causas detrás de estas subas responden a una combinación de factores internacionales. En el caso del petróleo, las tensiones geopolíticas incrementaron la incertidumbre sobre la oferta mundial, mientras que eventuales restricciones en la producción o el transporte fortalecieron las expectativas alcistas en los mercados de futuros.

La soja, por su parte, encontró impulso tanto en la evolución del mercado energético como en cuestiones productivas. El encarecimiento del crudo volvió más competitiva su utilización para la elaboración de biocombustibles, mientras que condiciones climáticas menos favorables en Estados Unidos redujeron parte de la oferta disponible. A ese escenario se sumó la fuerte demanda de China, que continúa ejerciendo una presión significativa sobre las cotizaciones internacionales de los granos.

En este contexto, distintos análisis del mercado consideran que los sectores vinculados a la agricultura, la minería, el petróleo y el gas seguirán siendo los principales impulsores del crecimiento económico. Esa expectativa se apoya en un escenario de menor presión impositiva, mejoras en productividad y condiciones externas relativamente favorables, aunque persisten desafíos para actividades intensivas en mano de obra que enfrentan mayores dificultades competitivas.

Los datos del sector externo reflejan ese desempeño. El Banco Central informó un superávit de cuenta corriente de 806 millones de dólares durante agosto, acumulando 4.338 millones en los primeros ocho meses del año. Al mismo tiempo, el superávit comercial registrado por la autoridad monetaria se mantuvo en niveles elevados gracias al crecimiento de las exportaciones y a una menor demanda de importaciones.

Las cifras oficiales del INDEC también muestran la magnitud del resultado. Entre enero y agosto, el intercambio de bienes arrojó un superávit comercial de 18.249 millones de dólares. Dentro de ese resultado sobresalen dos complejos exportadores decisivos: el agro, que liquidó más de 19.000 millones de dólares según la industria aceitera y cerealera, y el sector energético, cuya balanza comercial acumuló un superávit récord de 7.834 millones de dólares.

En un contexto donde los mercados financieros continúan mostrando sensibilidad frente al escenario internacional, la evolución favorable de las materias primas aparece como uno de los principales respaldos para la economía argentina. La fortaleza exportadora del agro y la energía continúa aportando divisas, sostiene el superávit comercial y ofrece un contrapeso frente a la inestabilidad que todavía persiste en los mercados.